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25 de enero de 2018

El estado de la seguridad alimentaria

En el mundo se producen alimentos más que suficientes para todos, sin embargo, 815 millones de personas padecen hambre

Uno de los mayores desafíos que enfrentamos es cómo asegurar que una población mundial creciente -que se prevé que ascienda a unos 10 mil millones para 2050- tenga suficientes alimentos para satisfacer sus necesidades nutricionales. Para alimentar a otros 2 mil millones de personas en 2050, la producción de alimentos tendrá que aumentar en un 50% a nivel mundial. La seguridad alimentaria es una condición compleja que requiere un enfoque holístico de todas las formas de malnutrición, la productividad y los ingresos de los pequeños productores de alimentos, la resiliencia de los sistemas de producción de alimentos y el uso sostenible de la biodiversidad y los recursos genéticos.

La visión transformadora de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible insta a todos los países y partes interesadas a trabajar conjuntamente con el objetivo de erradicar el hambre y prevenir cualquier forma de malnutrición para 2030. Esta aspiración solo puede cumplirse si la agricultura y los sistemas alimentarios se vuelven sostenibles, de modo que los suministros de alimentos sean estables y todas las personas tengan acceso a una nutrición y una sanidad adecuadas. El inicio de la Agenda 2030 coincidió con la puesta en marcha del Decenio de las Naciones Unidas de Acción sobre la Nutrición (2016-2025), un acontecimiento que impulsa estos compromisos, al proporcionar un marco de acción cohesionado y con unos plazos determinados. La edición de este año de El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo marca el inicio de una nueva era en el seguimiento de los progresos relacionados con la consecución de un mundo sin hambre ni malnutrición, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En concreto, en el presente informe se hace un seguimiento de los avances logrados en la erradicación del hambre (meta 2.1 de los ODS) y la malnutrición en todas sus formas (meta 2.2). En el documento se incluye también un análisis temático de la forma en que la seguridad alimentaria y la nutrición se relacionan con los avances en la consecución de otras metas de los ODS. Ampliar la cobertura temática para incluir la nutrición ha supuesto que en la edición de este año el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) se incorporen a la colaboración que la FAO, el FIDA y el PMA vienen manteniendo desde hace años para elaborar este informe anual. Esperamos que la ampliación de la colaboración resulte en una comprensión más detallada y completa de lo que será necesario hacer para terminar con el hambre y todas las formas de malnutrición, y en medidas más integradas para lograr este objetivo fundamental.

Los desafíos a los que nos enfrentamos son considerables. Como se expresa en la Parte 1 del informe, una de las conclusiones más preocupantes es que, después de registrar un descenso prolongado, las estimaciones más recientes indican que en 2016 el hambre aumentó en el mundo y actualmente afecta a 815 millones de personas. Además, aunque sigue estando muy por debajo de los niveles observados hace una década, el porcentaje estimado de la población mundial que padece hambre también aumentó en 2016. En algunas zonas del mundo, este reciente aumento ha alcanzado un nivel extremo, con la declaración de hambruna en ciertas áreas de Sudán del Sur a comienzos de 2017 y las alertas de alto riesgo de hambruna en otros lugares (noreste de Nigeria, Somalia y Yemen). En 2016, la situación de la seguridad alimentaria empeoró gravemente en varias zonas del África subsahariana, Asia sudoriental y Asia occidental. El deterioro se hizo más evidente en situaciones de conflicto, en particular en zonas donde los efectos de los conflictos sobre la seguridad alimentaria se vieron agravados por sequías o inundaciones relacionadas en parte con el fenómeno de El Niño. No obstante, el empeoramiento de las condiciones de la seguridad alimentaria también se ha observado en entornos más pací- ficos, especialmente en lugares donde la desaceleración económica ha aminorado las reservas de divisas y los ingresos fiscales, afectando negativamente a la disponibilidad de alimentos –debido a una menor capacidad de importación– y al acceso a la alimentación, por la reducción del espacio fiscal para proteger a las familias pobres del aumento de los precios nacionales de los alimentos. La tendencia al alza de la subalimentación no se ha visto reflejada todavía en las tasas de desnutrición infantil crónica, que continúan bajando. No obstante, en el mundo siguen viviendo 155 millones de niños que padecen retraso del crecimiento. Los niveles de desnutrición crónica siguen siendo inaceptablemente elevados en algunas regiones y, en el caso de que se mantengan las tendencias actuales, no se alcanzará la meta de los ODS de reducir el retraso del crecimiento infantil para 2030. La desnutrición aguda sigue amenazando la vida de casi 52 millones de niños (el 8% de los niños menores de cinco años), mientras que los índices de sobrepeso y obesidad aumentan en la mayoría de las regiones, en el caso de los niños, y en todo el mundo en el caso de los adultos, lo cual pone de manifiesto que las múltiples cargas de la malnutrición constituyen un motivo de gran preocupación. La incapacidad para reducir el hambre en el mundo está estrechamente relacionada con el aumento de los conflictos y la violencia. En la Parte 2 del informe se intenta facilitar una comprensión más clara de este nexo entre las situaciones de conflicto y la seguridad alimentaria y la nutrición, y demostrar las razones por las cuales las iniciativas para combatir el hambre deben ir de la mano de las que están encaminadas a mantener la paz.

Durante el último decenio, los conflictos han aumentado de forma alarmante y se han vuelto más complejos y difíciles de solucionar. Algunos de los porcentajes más elevados de niños que padecen inseguridad alimentaria y malnutrición están en países afectados por conflictos, una situación que todavía resulta más alarmante en países caracterizados por conflictos prolongados y la fragilidad de sus instituciones. Las señales de alarma se han activado y no podemos ignorarlas: será imposible erradicar el hambre y todas las formas de malnutrición para 2030 a menos que abordemos todos los factores que socavan la seguridad alimentaria y la nutrición. Garantizar sociedades pacíficas e inclusivas (ODS 16) es una condición necesaria para este fin. Estamos más decididos y comprometidos que nunca a intensificar la adopción de medidas dirigidas a cumplir con las ambiciones de la Agenda 2030, y lograr un mundo en el que no se padezca hambre, malnutrición ni pobreza. Erradicar el hambre y todas las formas de malnutrición es un objetivo ambicioso, pero creemos firmemente que es un logro alcanzable si intensificamos nuestros esfuerzos comunes y trabajamos para abordar las causas subyacentes a la inseguridad alimentaria, que afecta a tantas personas, poniendo en peligro sus vidas, su futuro y el porvenir de sus sociedades. Resulta evidente que los conflictos constituyen un importante desafío para cumplir este objetivo y deben aplicarse estrategias multisectoriales de asistencia humanitaria, ayuda al desarrollo y mantenimiento de la paz que aborden las necesidades inmediatas al tiempo que se realicen las inversiones adecuadas destinadas a fomentar la resiliencia a fin de lograr paz, seguridad alimentaria y nutrición duraderas para todos.

Fuente . FAO

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