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21 de enero de 2021

Impeachment al Senado y un país en vilo

Donald Trump se enfrenta a un proceso atípico en la historia de los Estados Unidos y el apoyo de su partido resultará de vital importancia.
Por: Lic. Manuel Ignacio Carreras. Analista Político.

Donald Trump se enfrenta a un proceso atípico en la historia de los Estados Unidos y el apoyo de su partido resultará de vital importancia.

No es la primera vez que Donald Trump afronta un proceso de impeachment, fue sometido a uno hace poco más de un año, con la diferencia que en esta ocasión el respaldo recibido por sus colegas republicanos puede no ser total. El proceso en el Senado se llevará a cabo con el mandato de Trump terminado, sin embargo la finalidad demócrata es poder inhabilitarlo para ejercer cualquier tipo de cargo público y así evitar una candidatura para el año 2024.

Para lograr el objetivo del Partido Demócrata, se requiere un total de sesenta y siete votos afirmativos en el Senado, consiguiendo la mayoría especial de dos tercios necesaria. Si bien es esperable que los congresistas del Partido Republicano apoyen a su presidente, no sería extraño encontrar alguno que se incline por aprobar el impeachment. Hace poco tiempo, diez miembros republicanos decidieron votar a favor del proceso de destitución en la Cámara de Representantes: Liz Cheney (Wyoming), John Katko (Nueva York), Adam Kinzinger (Illinois), Anthony Gonzalez (Ohio), Fred Upton (Michigan), Peter Meijer (Michigan), Jaime Herrera Beutler (Washington), Dan Newhouse (Washington), Tom Rice (Carolina del Sur) y David Valadao (California).

Solamente dos veces en la historia de los Estados Unidos se llevó a cabo un proceso de destitución a un presidente que no sea Trump, uno en el siglo XIX y otro en el siglo XX. Existió un tercer caso, que fue Richard Nixon, pero el proceso no se llevó adelante debido a su renuncia. El republicano fue acusado de abuso de poder, obstrucción de la justicia y quebrantamiento de las normas constitucionales.

El primer caso es el de Andrew Johnson en 1868 luego de violar la Ley de Tenencia del Cargo, por querer remover a un funcionario (el Secretario de Guerra, Stanton) sin la aprobación del Senado. Su proceso fue aprobado por la Cámara de Representantes con facilidad pero con el detalle que a diferencia del caso de Trump, ningún miembro de su partido (el Partido Demócrata) votó a favor del impeachment en la cámara baja. Incluso dos congresistas republicanos votaron en contra de la destitución de Johnson en la votación en la Cámara de Representantes.

Una vez aprobada por más del cincuenta por ciento de los miembros, le sucedió la votación en el Senado, en donde finalmente Johnson fue absuelto por un voto, ya que no se consiguieron los treinta y seis votos necesarios para decretar la resolución y con un resultado final de treinta y cinco a favor y diecinueve en contra, el demócrata se salvó de ser removido. En esa votación, Johnson evitó su destitución gracias a los votos republicanos, de los cuales diez de ellos no sostuvieron la iniciativa.

La defensa de Johnson se apoyaba en que la designación de Stanton no pertenecía a su administración sino a la administración del presidente que había sido electo, Abraham Lincoln. Debido a la muerte del republicano, Johnson había asumido el cargo por ser el vicepresidente, por lo tanto no se debería aplicar una interpretación de violación de la Ley de Tenencia del Cargo.

El segundo y último antecedente de un proceso de impeachment llevado a cabo fue a Bill Clinton en el año 1998. Los motivos de la acusación fueron perjurio, abuso de poder y obstrucción de la justicia, denuncias que se radicaron en el escándalo sexual en contra de Clinton por medio de Paula Jones.

En este caso, la Cámara de Representantes votó de manera diferida según los cuatro artículos que se presentaron ante el ente legislativo. Los artículos estaban compuestos por acusaciones de perjurio, obstrucción de la justicia, abuso de poder y perjurio en el caso Jones. Casi todos los congresistas del Partido Demócrata se pronunciaron en contra, salvo cinco miembros que votaron a favor en tres de las cuatro acusaciones en contra de Clinton: Gene Taylor (Misisipi), Charles Stenholm (Texas), Paul McHale (Pensilvania), Virgil Goode (Virginia) y Ralph Hall (Texas). Solamente uno de ellos, Gene Taylor, también votó a favor sobre la obstrucción de la justicia, acusación que ninguno de los otros cuatro apoyó. Por el bando republicano, Clinton contó con el respaldo de varios miembros del Congreso en los cuatro artículos: cinco se opusieron al primer artículo (perjurio), veintiocho al segundo (perjurio en el caso Jones), doce al tercero (obstrucción de la justicia) y ochenta y uno al cuarto (abuso de poder). La votación finalizó con una clara mayoría, superior al cincuenta por ciento en la cámara baja.

Una vez aprobado en la Cámara de Representantes, el asunto se llevó al Senado, en donde la suerte de Clinton fue distinta. En dicha instancia, ningún demócrata se inclinó por condenar al presidente y además, diez republicanos votaron en contra del primer artículo (perjurio) y de esos diez, cinco en contra del segundo artículo (abuso de poder): John Chafee (Rhode Island), Susan Collins (Maine), Slade Gorton (Washington), Jim Jeffords (Vermont), Richard Shelby (Alabama), Olympia Snowe (Maine), Ted Stevens (Alaska), Fred Thompson (Tennessee), John Warner (Virginia) y Arlen Specter (Pensilvania). Con un resultado abultado a su favor, Clinton no sufrió pasar a la infamia por ser el primer presidente en ser destituido de su cargo.

Tanto en el caso de Johnson como en el de Clinton, ambos tuvieron el respaldo del Partido Demócrata, los votos negativos de absolutamente todos los demócratas en ambas votaciones en el Senado les permitieron continuar en el cargo. Solo el tiempo dirá si Donald Trump contará con la misma clase de sustento por parte del Partido Republicano en el Senado, ya que necesita que treinta y cuatro republicanos declinen la moción.

Por: Lic. Manuel Ignacio Carreras. Analista Político.

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