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NOTAS

3 de febrero de 2021

El pollo somos nosotros

Por Javier Isasa

Hace un par de días quedé con un amigo, informático,  para encontrarme  temprano en un bar del centro de la ciudad.

Me senté, pedí un cortado y me dispuse  a esperar, cuando a pocos metros  se desarrollaba la escena que me inspiró a escribir  este artículo.

Frente de mí, a un par de mesas de distancia,  había un matrimonio con sus  dos  hijos desayunando. Mientras los nenes jugaban con la mermelada pasándosela uno al otro contra el pelo, sacudían la mesa, gritaban y se reían, todo al mismo tiempo,  los padres se mantenían impávidos mirando su celular. Ninguno de los dos se hablaba. Uno de los nenes se bajó de la silla, se paró y agarró  con su mano enchastrada   la cartera de la mujer que colgaba del respaldo y tiró varias veces de ella mientras la silla y su madre se sacudían,  ninguno de los dos dejó de mirar su celular por un momento ni tampoco se percataron de nada.

Estaba delante de una muestra acabada de lo que entiendo que es la obsesión por las pantallas.

Pero de dónde viene esto? Por qué, cuándo y cómo ocurrió?

Una persona en promedio desbloquea su celular  ochenta veces al día.  Esto supone unas cinco veces  por hora, pero si tenemos en cuenta que estamos despiertos dieciséis horas, lo estaríamos haciendo una vez cada doce minutos.

Creo, más allá, de la estadística, que es esto  el resultado de algo pensado. Que el efecto que causa la tecnología en nosotros no es casualidad sino que es  el resultado de años de estudio y desarrollo de una estrategia de algunos pocos.

Cuando hace unos doce  años visité Ciudad del Saber, en Panamá, tuve la oportunidad de participar en un coloquio de ideas y recorrer  los laboratorios de investigación y desarrollo de  las empresas de tecnología más importantes del mundo y lo que más me llamo la atención fue cuando en sus organigramas leía: Laboratorio de  Tecnología Persuasiva.

Juro que ese momento no entendía ni sabía cuál era la función de los Labs… ahora sí.

Lo lograron.

Leyendo una revista del “mundo millonario” leía un reportaje al presidente  de Netflix.

El periodista le preguntaba  su opinión  respecto a las diferentes plataformas que competían con su empresa. El Sr. Reed H.  fue contundente al responder  “yo no compito contra otras plataformas, yo compito contra la almohada”.

Una definición que resulta de una estrategia de diseño, propia de una persona que ha estudiado, sabe y entiende cómo persuadir  y manipular el comportamiento de la mente humana.  

Una nueva  App, FB, Twitter, Telegram, Tik Tok o cualquier modelo de plataforma, nos hackea,  aprovechándose de las vulnerabilidades de la mente humana.  A través  del estudio acabado e interminable   del comportamiento del hombre y su  psicología más las respuestas que nos pone de manifiesto el estudio de la neurociencia, hacen al ser humano previsible y por ende inofensivo.

¿Acaso nos les parece raro, que empresas que valen billones de dólares, nos presten sus servicios gratis?

Guillermo Fogliata, amigo, ciudadano del mundo y jugador profesional de póker, me enseñó: “cuando te sentas en la mesa y no sabes quién es el pollo, es porque el pollo sos vos”.

Clarísimo.

En un principio el selecto club de los cinco, compuesto por  Google, Microsoft, Facebook, Apple y Amazon se financiaba en un alto porcentaje con publicidad,  pop ups, banners o flyers, pero  no tardaron mucho tiempo en completar sus esquemas de financiación  sumando nuestro tiempo, nuestra atención  y nuestros datos a sus activos.

O sea, “el pollo somos nosotros”.

Estas empresas han creado una especie de feudalismo de datos, donde prevén, accionan y moldean muchas de nuestras decisiones a partir de complejos algoritmos. Basta con poner en cualquier  buscador zapatillas Nike, para que a partir de ese momento caiga sobre nosotros una lluvia de avisos, con modelos,  precios y ofertas de todo tipo de zapatillas de la marca buscada….y saben cómo termina no?

Si acertaron, compramos un par de zapatillas Nike y de esta manera cumplimos con otros de los dogmas basales de la comunicación, “Lo que aparece en los medios se funde muy rápidamente con el concepto de verdad y aceptación” y de esta manera pertenecemos y estallamos de autoestima. Y así, con nuestras zapatillas nuevas nos exponemos en las redes a los ojos de los demás.

Las redes sociales se componen  de millones y millones de fotos que tienen como único pretexto saciar nuestra autoestima y saciar la fascinación de los demás por espiar, convirtiendo a  los likes y los me gusta, en la moneda con que se paga la reputación y el éxito a la vez que nos enterramos en las arenas movedizas del narcisismo.

Para entender mejor esto, las redes sociales tienen su pretexto de existencia a partir de nuestra carga de datos.

Por otro lado, para las “Big Five” la sola idea de extraer, analizar y monitorear datos está quedando algo atrás (eso lo dejamos para los Estados, se rumorea en Silicom Valley). Estas empresas estarán  logrando un golpe mortal a la humanidad y lo darán en muy poco tiempo. Y este es que la máquina decida.

Profundicemos.

Por ejemplo, los siete productos más importantes de Google, hoy son Gmail, Android, Maps, Google Play, Drive y Chrome, donde solamente éstos, tienen más de mil millones de usuarios por mes. Si un gran porcentaje del mundo está usando estos productos alimentándolos con datos reales, Google tiene en tiempo real, una acabada idea de que piensa,  que necesita y que está haciendo una gran porción del planeta.

Con los millones de datos que graban por segundo, están cambiando su mirada, dejando atrás el “Mobile first” (móvil primero) para llegar al “IA first” (inteligencia artificial primero).

Hace un par de años el concepto de Mobile firts, significaba que había que asegurarse que la tecnología acompañe a la persona donde quiera que vaya, o en otras palabras: “movilidad primero”. Este concepto ya fue cumplido, la gran mayoría  de las personas poseen un teléfono móvil en su bolsillo y las que no lo han podido obtener aún, la compra de un celular, está entre los primeros lugares de artículos a adquirir.

Esto hace que ahora,  la premisa a cumplir sea IA firts y  tiene que ver con la idea de exigir a sus algoritmos y programas que apunten a pensar en opciones y acciones.

Una gran apuesta de Google, en la actualidad es la voz.

Cada año los programas que actúan para entender las órdenes de la voz humana mejoran un cincuenta por ciento. O sea, no falta poco para que también el teclado empiece a tener que reconvertirse, pero este no el punto. El punto central tiene que ver que cuando un dispositivo analice los patrones de una orden por voz, el dispositivo también devolverá la respuesta con una voz acorde a esos patrones, entonces creará y desarrollará empatía. 

Si a esto le sumamos que nuestro dispositivo, por ejemplo, tiene el  registro de las comidas pedimos, de que equipos somos simpatizantes, qué deportes practicamos, qué colores nos atraen, qué música escuchamos, dónde trabajamos y cuál es recorrido que hacemos, dónde vacacionamos, cuál es nuestro salario, cuánto gastamos y en qué.

Veo al hombre parado justo al borde de las fronteras de la necesidad de dominar “algo” y estimo que “el fin del principio” nos muestra la incapacidad del hombre de dominar sus propias creaciones y esto no hará otra cosa que profundizar la tiranía del hombre con el hombre y en un  aparente postulado de desarrollo resucita  una vieja categoría: por un lado el dos por ciento que tiene poder de decisión y por otro el noventa y ocho que no.

Esta categorización, precaria por cierto, genera tanto una nueva casta de poder, como una nueva casta de resistencia, para que el en el medio quede la humanidad extasiada, inquieta y temblorosa esperando que  “alguien haga y deshaga por ella.

 

 

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