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NOTAS

19 de marzo de 2021

SEGURIDAD SOCIAL CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

Por Maria Eugenia Cuartango y Graciela Rolhaiser

La Seguridad Social es un universo que no se limita al sistema de jubilaciones y pensiones, sino que es mucho más, se trata de la conjunción de 5 subsistemas gracias a los cuales podemos tener garantizada la Seguridad Social desde antes de nacer y hasta después de nuestra muerte.

Es importante destacar esto ya que hay una errada idea en nuestra sociedad de que la Seguridad Social se limita al sistema de jubilaciones y pensiones y a partir de esa idea se cuestionan y demonizan las `prestaciones sociales que están dirigidas al resto del universo de/los beneficiarios/as. ¿Cuántas veces escuchamos decir se gastan la plata de los jubilados? O frases por el estilo…

El dinero de la seguridad social no esta compuesto exclusivamente por los aportes de los/las trabajadores/as para el sistema jubilatorio, sino que las leyes que regulan cada una de las prestaciones de la seguridad social establecen cuáles son las fuentes de financiamiento de cada una de ellas.

Los 5 subsistemas que componen el sistema de seguridad social en nuestro país son: El subsistema de asignaciones familiares, el subsistema del seguro de desempleo, el subsistema de riesgos del trabajo, el subsistema de salud y el subsistema de jubilaciones y pensiones.

Desde sus orígenes surge ligada a los derechos de los/las trabajadores/as y por lo tanto reproduce las desigualdades que se hayan presentado en el ámbito laboral.

Analizando el universo de beneficiarios/as de cada una de las prestaciones podemos identificar claramente las dificultades que han tenido las mujeres para insertarse y desarrollarse laboralmente. Si hacemos un breve recorrido por las prestaciones que se abonan en cada uno de los subsistemas de nuestra seguridad social podemos ver esta situación con claridad.

Los principales generadores del pago de asignaciones familiares (sistema contributivo) son hombres, ya que son quienes logran más frecuentemente tener inserción en el mercado laboral formal.

Como contrapartida de esto, La Asignación Universal (no contributiva) suele estar en cabeza de las mujeres que, por estar condicionadas por el mandato social de ser quienes se ocupan de las tareas de cuidado se enfrentan a mayores dificultades para insertarse en el mercado formal o realizan tareas como trabajadoras de casas de familia, ámbito en el cual se ha avanzado mucho en materia de reconocimiento de derechos laborales, pero que queda un largo camino por recorrer porque aún persiste un alto porcentaje de informalidad.

En relación a las asignaciones familiares y universales, con la puesta en vigencia de la Asignación universal en el año 2009 se produjeron varios cambios de gran importancia, el primero y que esta vinculado con el motivo generador de la prestación, es el reconocimiento del derecho de los/as niños/as a tener garantizado un ingreso mínimo para cubrir sus necesidades, complementado con el beneficio que para la niñez representa la obligatoriedad de cumplir con los controles de salud y vacunación así como escolaridad de los/las niños y niñas como condición para percibirla. Pero también un cambio muy significativo para las madres de las y los niñas/os ya que al poner en cabeza de las madres el cobro de la prestación, salvo en los casos donde se acredite fehacientemente que los y las menores están a cargo del padre u otro familiar, las mujeres comenzaron a tener mayor participación en la toma de decisiones familiares, e incluso les permitió independizarse dejando de estar sometidas a situaciones de maltrato y violencia.

De la mano de esto también se hizo visible la necesidad de facilitar el cobro de las asignaciones familiares por parte de las madres sin necesidad de recurrir a la vía judicial, creándose un tramite abreviado donde toda mujer que se presente a solicitar el cobro de las asignaciones familiares correspondientes a sus hijos o hijas, lo logra con un simple trámite administrativo salvo que exista acreditación por parte del padre u otro adulto de estar a cargo del o la menor en cuestión. La importancia de esto radica en que las asignaciones familiares eran percibidas por el adulto generador (es decir el que se encontraba inserto en el mercado formal) por lo cual en su mayoría eran percibidas por los hombres, que las consideraban parte de su ingreso, dificultándose la posibilidad de decidir respecto del destino de las mismas para las mujeres, y en los casos donde no había convivencia entre los miembros del grupo familiar, las mujeres veían la misma dificultad para el cobro de las asignaciones familiares correspondientes a sus hijos e hijas que para la percepción de las cuotas alimentarias.

En relación al fondo de desempleo el análisis de la composición de sus beneficiarios corrobora la dura realidad que vivimos las mujeres en cuanto a la segregación y precariedad laboral, al tratarse de un beneficio que pertenece al universo de prestaciones contributivas, solo acceden a las personas que se encuentren trabajando en el mercado formal, y aparte de ese requisito también incluye que ese trabajo sea en relación de dependencia, que se haya realizado en el ámbito privado, que tenga una determinada cantidad de cotizaciones al sistema (aportes) para poder acceder y también ello será determinante del monto que le corresponderá percibir.

Todo esto hace que sea mayor el universo de beneficiarios hombres ya que las mujeres tenemos mayores dificultades para insertarnos laboralmente en general, pero además, solemos tener más cantidad de interrupciones (ya sea para dedicarnos a las tareas de cuidado de menores, adultos mayores y enfermos, como por la mayor inestabilidad que presentan los trabajos a los que podemos acceder), por lo que se dificulta lograr la cantidad de cotizaciones mínimas para acceder al beneficio, a ello hay que agregarle que las licencias por embarazo y nacimiento no cotizan al sistema porque son consideradas asignaciones familiares, el periodo de excedencia por ser una licencia sin goce de sueldo tampoco cotiza aportes al sistema, y también es importante destacar que las trabajadoras de casa de familia no pueden acceder a la prestación, ya que es un régimen hibrido que hace un mix entre el trabajo en relación de dependencia y el régimen de trabajo independiente y a los efectos del fondo de desempleo y cobro de asignaciones familiares quedan excluidas (las trabajadoras de casas de familia no perciben asignaciones familiares sino asignación universal aun cuando se encuentren trabajando en blanco); esta mayor incidencia de mujeres desempeñándose laboralmente en ámbitos vinculados con las tareas de cuidado (actividades feminizadas) como la docencia, cuidado de menores, personas enfermas o de edad avanzada resulta un motivo más de exclusión en la percepción del fondo de desempleo ya que son actividades que se llevan a cabo mayormente en relación de dependencia con el Estado y no están incluidas en el cobro de esta prestación por considerarse que el estado brinda estabilidad perfecta.

En el subsistema de riesgos de trabajo también se da esta marcada diferencia entre la población incluida, la mayoría son de sexo masculino y esto esta dado porque es mucho mayor la incidencia de la informalidad laborar en las mujeres que en los hombres.

El subsistema de salud esta compuesto por el sistema publico y el sistema de obras sociales (para quienes trabajan en relación de dependencia), el sistema privado (pago), y en ellos vemos que hay mayor concurrencia de mujeres al sistema publico que al privado, por otro lado de las mujeres que gozan de cobertura de obra social hay un porcentaje muy significativo que acceden a ella por estar a cargo de sus parejas, y la tercer cuestión que va de la mano y corrobora lo que ya venimos mencionando en relación a la sobrecarga de tareas de cuidado en las mujeres es que los menores que son asistidos tanto en el sistema público como el privado o el de obras sociales es que en su gran mayoría van acompañados por sus madres.

Por último, el universo de mujeres que se encuentran en edad de ser incluidas en el sistema de jubilaciones y pensiones no escapa a la realidad que venimos viendo en el resto de las prestaciones de la seguridad social, son mujeres  principales perceptoras de pensiones no contributivas, cuya cuantía por lo general cubre solo las necesidades básicas, y de pensiones derivadas de los derechos adquiridos por su cónyuge o pareja, esto no solo se da porque la expectativa de vida entre géneros presenta algunas diferencias y además porque durante mucho tiempo culturalmente estábamos mandaos como sociedad a establecer parejas que mantuvieran el formato de mayor edad del hombre respecto de la mujer con lo cual se genera la situación de un fallecimiento anterior del hombre en la pareja antes que la mujer, sino que además, de los hombres que llegan al estado de viudez muchos no logran pensionarse porque es requisito necesario que el o la causante del beneficio pensionario hubiera tenido derecho a acceder al algún beneficio y es el caso de las mujeres la falta de cumplimiento de requisito jubilatorio es mayor.

En relación a esto fueron de gran importancia para mitigar la brecha jubilatoria las moratorias previsionales, en mi opinión mal llamadas “jubilaciones de ama de casa”, mal llamadas porque no solo beneficiaron a amas de casa, tampoco fueron exclusivamente mujeres las beneficiarias, muchos hombres también accedieron a su beneficio jubilatorio a través de ellas, ya que fueron concebidas para que aquellas personas que se vieron perjudicadas en algún o varios momentos a lo largo de su vida activa viéndose impedidos de acceder a su beneficio jubilatorio una vez cumplida la edad requerida para ello a falta de los aportes necesarios.

Vista de esta manera la Moratoria previsional no es otra cosa que un acto de justicia social para con aquellas personas que independientemente de sexo, se vieron impedidas de realizar actividades formales que les generaran los aportes requeridos por la ley para acceder al beneficio jubilatorio, que como derecho humano todos debemos tener garantizado. Decir “jubilación de ama de casa” conlleva connotaciones negativas, eso generó la falsa concepción de que aquellas personas que accedieron a la jubilación de esta manera fueron solo mujeres, también se generó la falsa idea de que las mujeres que accedieron nunca trabajaron, porque socialmente existen prejuicios al respecto y no se termina de aceptar que las tareas de cuidado no remunerado son trabajo, y en realidad “mucho trabajo” que no tienen horario, que no tiene finalización de jornada, que no son pagar y lo peor es que no son reconocidas.

La jubilación con moratoria, que ante la falta de actualización durante el gobierno de Macri quedó casi inaplicable en la actualidad y que el Gobierno Nacional ya adelanto que se encuentra trabajando en un proyecto de nueva moratoria previsional contribuyó a garantizar los niveles de cobertura en personas que tienen la edad jubilatoria, además brindo la independencia económica a mujeres que durante toda su vida activa eran dependientes y en muchos casos sometida económicamente por sus parejas brindándoles la dignidad de tener garantizado un ingreso en su etapa de retiro de la actividad, máxime cuando son las mujeres las que colaboran con el cuidado de los nietos y nietas en favorecer la inserción laboral de sus hijas e hijos.

Entre los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres para lograr acceder al beneficio jubilatorio podemos contar las inferiores tasas de participación en la fuerza laboral y mayores tasas de desempleo, una mayor presencia en la economía informal y mayor inestabilidad laboral, la mayor cantidad de interrupciones laborales dadas por la dedicación a tareas de cuidado, la brecha salarial respecto del hombre.

Con el advenimiento de la pandemia de COVID 19 se puso de manifiesto la gran importancia de poder contar con un sistema de seguridad social amplio, variado, universal y fuerte que permitió poner en marcha rápidamente la asistencia económica necesaria para paliar los efectos negativos que sobre la economía genera. Podemos opinar sobre el tipo de prestación o la suficiencia en la cuantía de las mismas, nadie tiene dudas que nada es suficiente frente a una crisis mundial inédita como la que nos toca vivir, pero enfrentarla sin la asistencia económica a los mas golpeados hubiera sido mucho más difícil.

Por otro lado contar un sistema de salud (que forma parte de uno de los pilares de la seguridad social) nos permitió que aislamiento mediante para demorar el avance del virus pudiéramos fortalecer un sistema de salud y hospitalario desfinanciado y menospreciado por el gobierno anterior que hasta lo redujo de rango pasando de Ministerio a Secretaría, permitiendo de esa manera que un año después de iniciada esta pandemia, podamos decir que no colapso y nos permita estar llevando adelante el plan de vacunación mas ambiciosos que se haya llevado adelante en nuestro país.

Entre las no pocas medidas llevadas a cabo por el gobierno nacional para mitigar los efectos económicos de la pandemia es importante destacar el pago del IFE, donde una vez mas la realidad nos pone de manifiesto que la pobreza, la informalidad laboral, la exclusión tiene cara de mujer, y eso se hace evidente ya que según los datos de la Anses, el organismo de la seguridad social que permitió materializar rápida y eficazmente los pagos gracias a la magnitud de su base de datos (la mas grande de Sudamérica), la mayor parte de las personas que percibieron el IFE fueron mujeres.

Esto muestra la importancia de la seguridad social para cumplir con las recomendaciones de los organismos internacionales en la materia que recomiendan a los países garantizar pisos de cobertura para sus habitantes, teniendo la capacidad de adaptarse a las necesidades de cada momento, donde la globalización incrementó significativamente la velocidad de estos cambios, esto sumado a las fatalidades de índole natural (terremotos, inundaciones, etc., que se ven incrementadas por el cambio climático) al igual que las de salud como la que nos toca vivir en este momento.

Finalmente es fundamental destacar la importancia de la Seguridad Social como una de las más eficaces herramientas para la distribución de la riqueza.

 

 

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