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NOTAS

24 de marzo de 2021

Acerca de la falsa idea de la industria “prebendaria

Por: Damián Regalini, Dirigente Gremial Empresario.

Los lobystas de los bancos y de los sectores primarizados, los representantes de intereses extranjeros y los liberales de nuestro país han sembrado una falsa idea sobre la industria local que puede resumirse con la siguiente frase: “la industria argentina es prebendaria y solo existe porque recibe subsidios”.

Esta idea no solo es falsa, sino que la realidad demuestra todo lo contrario. En efecto, los industriales competimos contra fabricantes en el extranjero, cuyas fabricas reciben muchisimos más beneficios por parte de sus Estados que los que existen en Argentina para la industria. Por eso, a ese falso argumento que desprestigia a la industria nunca lo acompañan datos empíricos que le den sustento.

Las economías más poderosas subsidian fuertemente a sus industriales sin hacer mucho alarde de eso, ya que a ningún emrpesario le gusta compartir sus “logros” con nadie y a ningún gobierno le interesa entrar en conflictos comerciales con la OMC. Esas ayudas, generalmente, resultan "invisibles" para la OMC que regula y pone su foco sobre los aranceles al comercio. Por lo tanto, aún compitiendo con ventajas y con ayudas de sus gobiernos, los industriales extranjeros se dan el lujo de hablar de libre competencia. Medidas fitosanitarias, medidas para-arancelarias, salvaguardas, precios mínimos, ayuda para pagar salarios, créditos a tasa cero e incentivos monetarios a las exportaciones son solo algunos ejemplos de este tipo de ayudas. Argentina tiene muy pocas de esas herramientas en funcionamiento, debido a que éstas son instrumentadas por Estados bien administrados y con años de trabajo para el fortalecimiento de la industria local y de la generación de puestos de trabajo.

A la hora de hablar de los niveles de competitividad de las industrias o del nivel de “apertura” de las economías no hay que limitarse al analisis del flujo de importaciones y exportaciones, ni al promedio arancelario del comercio exterior de un país. La observación certera sobre la intervención del Estado en las economías locales debe ser profunda y detallada. Es imposible hablar de apertura o de libre competencia sin hacer foco en las múltiples ayudas que reciben los productores de las grandes naciones del mundo de modo “invisible”. Y este punto, no es ni más ni menos que uno de los principales agujeros que tiene la OMC a la hora de arbitrar el comercio internacional con objetividad. La gran crisis de esta entidad multilateral tiene mucho que ver con su imposiblidad de dar cuenta de las medidas “invisibles” que intervienen en el comercio. Las barreras para-arancelarias y los subsidios suelen ser más determinantes que los aranceles y no existe un indicador claro que dé cuenta de ellas.

Cualquier observador detallado y certero de las políticas comerciales que rigen en todas las economías del mundo puede advertir, sin lugar a dudas, que lo que aquí se presenta como una industria "prebendaria" es en realidad una industria nacional que trabaja sin política industrial a largo plazo, con muchas dificultades y con una competitividad sistémica muy pobre.  

Algunos datos elegidos al azar ilustran esta realidad: en Australia a la hora de importar vinos hay que pagar una licencia anual de U$ 50.000 que encarece el negocio de los importadores; el gobierno de Colombia le cobra a los importadores de productos téxtiles, aparte del arancel aduanero, U$ 5 por cada kilogramo de ropa que ingresa al país; y por último, Estados Unidos, el país que se presenta como el ideal de la libre competencia, es la nación con más barreras no arancelarias al comercio (más de 4.500 medidas), mientras que Argentina figura en el puesto 46º en ese ranking.

En el terreno de los subsidios hay que decir que, según datos del diario New York Times, en Estados Unidos el 20% del valor agregado de su industria proviene de subsidios estatales; el gobierno de Bangladesh, por su parte, invierte U$ 500.000.000 al año en subsidios para la energia de su industria textil, mientras que Alemania destina EU 13.500.000.000 por año para ayudar a su sector manufacturero. 

Resulta fundamental que en nuestro país circule buena y abundante información sobre la realidad de las políticas comerciales en el mundo. Los enemigos de la Industria Argentina hacen daño a nuestro sector con sus slogans carentes de sustento empírico. La gente debe conocer los datos para no estar desprevenida y tener un marco de información que contraste el constante argumento anti-industrial de los lobystas que hacen negocios con el subdesarrollo de nuestra Patria.

 

Por: Damián Regalini, Dirigente Gremial Empresario. 
 

 

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