Lunes 25 de Octubre de 2021

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HISTORIA

28 de julio de 2021

Pueblos en movimiento -Parte I

La presente compilación está estructurada en torno a dos problemáticas de renovada vigencia en el conjunto de las ciencias sociales: las migraciones las identidades, analizadas desde diversas perspectivas, pero circunscriptas al mundo rural

El interés por el tema de las migraciones internacionales ha tendido a acrecentarse y a desvanecerse en distintos momentos históricos, luego década realineamiento geopolítico. En la actualidad, los procesos de movilidad humana a través de las fronteras estatales constituyen un motivo de Preocupación no solo para el estudio académico, sino que también son definidos como un problema de política estatal, cohesión nacional y conciencia racial.

No en vano se ha señalado que la segunda mitad del siglo XX  Puede definirse como la «edad de la migración».

Así, los Estados nacionales con- temporáneos y distintas organizaciones internacionales se han preocupado crecientemente por los aparentemente interminables «flujos de inmigrantes» que atraviesan sus fronteras y generan ansiedades debido a la persistencia de los lazos con sus tierras de origen y a la dificultad de su gobernabilidad. No existe hoy cuestión política, social, económica o cultural que escape al problema de la inmigración, por lo que es fundamental tener una visión clara, tanto de los aspectos fácticos, como de los teóricos que se articulan en este proceso. Sin ello es imposible trazar políticas adecuadas y generar proyectos de integración a mediano y largo plazo. La investigación científica aparece entonces como aquella actividad, capaz de proveer de ideas conceptos y conocimientos empíricos útiles para enfrentar en forma adecuada el reto planteado por el proceso inmigratorio masivo. La complejidad y diversidad que caracterizan a los movimientos migratorios, la variedad de sus determinantes y la multiplicidad de sus consecuencias, impactos e implicancias resultan cada vez más difíciles de aprehender cabalmente desde perspectivas disciplinares particulares. De ahí que, por afectar a múltiples facetas del comportamiento humano y a diversas esferas de la vida social, las migraciones constituyen un objeto de estudio eminentemente interdisciplinar. La noción de migración varía si la consideramos desde el plano político, sociológico o politológico, lo cual se debe a los diferentes enfoques del fenómeno o a los diferentes grados de interés que el mismo despierta. En el contexto político, el concepto de migración se utiliza generalmente para describir el llamado éxodo voluntario, que se distingue del denominado éxodo involuntario o huída motivado por la persecución política, guerras o desastres ecológicos.3 Pero desde el punto de vista de las ciencias sociales, se ha impuesto que esta diferenciación conceptual carece de sentidos claros de distinción, aunque sí juega un papel central en las disposiciones legales y en las medidas políticas relativas a la inmigración, o sea en los intentos de canalización y control de la migración y en la política de integración. Mientras que «migración» es el concepto general para describir movimientos migratorios, el concepto de «inmigración» describe la entrada y el reasentamiento de extranjeros en un Estado nacional. Sin embargo en los países de Europa occidental las definiciones legales de inmigración son muy variadas. Todas las disposiciones legales coinciden en que la inmigración presupone un cambio de domicilio, pero interpretan de diferente manera a partir de cuándo se opera dicho cambio. En general se entiende por inmigración, la entrada a un país meta con la intención de quedarse por un cierto período de tiempo, pero la extensión de dicho período también varía, entre tres (Bélgica o España), seis (Países Bajos) o doce meses (Gran Bretaña). En algunos países recién se habla de inmigración cuando se ha otorgado un permiso de residencia. La ONU apeló a que se buscara una definición única para el concepto de inmigración, pero aunque sus Estados miembros acusaron el pedido, no lo incluyeron ni en sus disposiciones de ingreso al país, ni en sus registros estadísticos. Es así que desde el año 1960, la ONU considera que hay inmigrantes y reasentamiento cuando el cambio de domicilio ha ocurrido hace más de cinco años. Cuatro dimensiones explican el fenómeno migratorio:

 

1. la dimensión temporal;

2. la distancia geográfica y la movilidad espacial;

3. las razones, motivos y metas, es decir factores de empuje y atracción;

4. el volumen de los movimientos migratorios.

 

En el primer caso, lo que cuenta es el cambio de residencia por un prolongado período de tiempo, ya que lo importante para la determinación de la condición de migrante es el cambio del lugar donde se vive la mayor parte del tiempo. La distancia geográfica y la movilidad espacial aluden a los éxodos que atraviesan grandes distancias, fronteras nacionales y continentes, a la migración hacia fuera (out migration)  y la migración hacia dentro (in migration). La movilidad espacial comprende tanto la migración dentro de un país, como dentro de un espacio económico transnacional y la migración internacional en sentido geográfico. Se trata en definitiva de un cambio de residencia para el cual se traspasan fronteras políticas. Así como la dimensión temporal no es factible de ser cuantificada, tampoco puede serlo esta dimensión espacial. Entre los motivos de las migraciones se incluyen los factores de empuje en el país de origen y los de atracción en el país de destino.

Sin embargo, estos factores de empuje y atracción no alcanzarían para explicar los movimientos migratorios y su dirección o meta. La decisión de migrar y la meta de la migración solo pueden explicarse en base a la existencia de espacios sociales transnacionales y de redes migratorias también transnacionales que permiten superar grandes distancias geográficas, incluso fronteras nacionales y continentales y crear espacios sociales y redes interactivas dentro de las cuales hay comunicación e intercambio de información.10 Por otra parte, estas redes sirven para movilizar recursos, como dinero y contactos de acogida en el país de destino. Se estaría en presencia de un nivel mesoscópico, es decir el eslabón, entre las decisiones individuales (nivel microscópico) y las estructuras políticas, económicas y culturales a escala internacional (nivel macroscópico). En cuanto a la última dimensión, el volumen de la migración dependerá de si la misma o las decisiones de migrar se cristalizan dentro de relaciones sociales colectivas. Al igual que las dimensiones temporal y geográficoespacial, esta tampoco puede cuantificarse en el sentido de que no pueden determinarse magnitudes para poder medir la migración. Una de las clasificaciones de grupos migratorios más usadas establece dos categorías básicas: las de élite y las populares o masivas, distinción válida pero que simplifica en parte la gran heterogeneidad interna que caracteriza a esos movimientos.

Atendiendo a las variadas facetas que encierra el fenómeno migratorio, se ha complejizado esta clasificación y hoy se distinguen a grandes rasgos seis formas de migración, cuyas diferencias en cuanto a motivos y metas no son nítidas y permite superposiciones en estas categorías:

Migración laboral con posterior inmigración de familiares. Ø Migración colonial y poscolonial.

Migración étnica.

Huida y expulsión.

Migración elitista. Ø Otros tipos.12 En la actualidad las migraciones de élite se vinculan con las empresas multinacionales, con el ámbito científico o artístico.

Muchos latinoamericanos de la clase media, calificados y con ganas de mejorar su situación económica, se han marchado de sus países, escapando de los efectos sociales del modelo neoliberal. Es importante acotar las características de ese migrante: sectores medios, formados en universidades o en centros tecnológicos en naciones con limitadas posibilidades de insertarlos efectivamente en el mercado laboral local. Son hombres y mujeres de un estrato que las empresas de investigación gustan denominar ABC+. Muchos definen este proceso como una «fuga de cerebros»: la emigración de individuos altamente calificados de países en vías de desarrollo hacia las naciones industrializadas (países con modelos de desarrollo efectivo), que es entendida universalmente como una pérdida de capital humano para el país emisor. Por otra parte, especialistas del vasto campo de las humanidades y las ciencias sociales consideran a la identidad como una de las más sobresalientes expresiones de la cultura contemporánea. No obstante, el interés por las identidades es tan antiguo como el diálogo y la confrontación entre culturas, reconociéndosele una historia académica y científica que ya supera el medio siglo, desde los trabajos de Eric Erikson. En la actualidad, pueden encontrase autores que consideran que en un mundo globalizado y posmoderno, las identidades y los debates en su torno no resultan procedentes pues están en una fase terminal, así como para muchos otros, resultan muy necesarios y pertinentes. Según las encuestas internacionales, para la mayoría de las personas, la identidad es un sentimiento importante, en particular en un mundo globalizado en el que flujos de poder, de dinero y comunicación hacen depender las vidas humanas de acontecimientos incontrolados y decisiones opacas. La pertenencia a ese algo identitario proporciona sentido y cobijo a la vez, crea una práctica cómplice, un lenguaje común, un continente propio desde el que se puede vivir con más tranquilidad el mundo de ajenidades.18 Desde la antropología se señala que la «memoria», como componente del sentimiento de continuidad de una persona o grupo, en la construcción y reconstrucción de sí a lo largo del tiempo, es fundamental en la conformación de cualquier identidad  «Memoria» e «identidad» se compenetran. Indisociables, se refuerzan mutuamente. El juego dialéctico de estos dos elementos muestra que el discurso identitario se teje a partir de la memoria a la que selecciona y organiza para que le sirva de basamento. La tradición y el pasado son tallados así a la medida de las necesidades del sujeto, sea este individual o colectivo. El mnemotropismo de muchas sociedades modernas se origina en «la crisis de las certezas presentes», de los grandes relatos emancipadores y de la idea de progreso indefinido, en el desdibujamiento de grandes paradigmas de referencia y la dilución de las identidades. De ahí entonces que, en estos tiempos posmodernos, la experiencia del imaginario espacial con esa afirmación del espacio propio deviene promesa de conciencia y de subjetividad. Asimismo, la exploración en la memoria es considerada como una respuesta a esos padecimientos e inseguridades, que permitiría «apoyar en un pasado reconocible un devenir incierto».20 Dicho de otra forma: en un clima de incertidumbre como el que nos acompaña, el locus garantiza hacia adentro y protege hacia fuera, y las «representaciones» del pasado contribuyen a construir certezas. De ahí que identidad, memoria y patrimonio aparecen como tres palabras claves de la conciencia contemporánea. Los científicos sociales han pensado las identidades de muy diversas maneras, especialmente como necesidad:

 

Necesidad de un fuerte sentido de identificación grupal.

Necesidad de raíces e identidad.

Necesidad de mantenimiento existencial y de integración universal.

Necesidad de un sentido de pertenencia y de autoconcepto positivo.

Necesidad de conocernos a nosotros mismos y de ser reconocidos.

Necesidades básicas de autodeterminación, protección y dignidad.

Necesidad de identificarnos a nosotros mismos y de argumentar narrativamente estas identificaciones y su continuidad.

Necesidad, individual y social, de continuidad entre el pasado, el presente y el futuro.

Necesidad de procesos de construcción de sentidos.

 

Pero, no importa cómo se le llame ni qué aspectos se enfaticen – la autoimagen, la búsqueda de sentido, el auto respeto, la libertad, la autocategorización, la pertenencia, la reflexividad o la narración – parece ser que las personas siguen necesitando de la sensación de relativa estabilidad que proporciona la identidad individual. También del sentimiento y percepción de pertenencia a diversos grupos humanos que se ven a sí mismos con cierta continuidad y armonía, dadas por cualidades, representaciones y significados construidos en conjunto y compartidos. Las identidades son de distinto origen: familiares, étnicas, religiosas, nacionales, locales, políticas, culturales, entre otras. Manuel Castells plantea con razón que es claro que las identidades se construyen a través de la interacción de la experiencia, de la práctica compartida, de la biología, del desarrollo histórico, del territorio, del entorno material, del lenguaje y de las relaciones de poder. Cuanto más materialmente arraigada se encuentra una identidad, más fuerza tiene en la decisión de sentirse parte de esa identidad. Este es el caso de las identidades nacionales en relación directa con la cuestión migratoria. El cambio en las inclusiones grupales y en los sentimientos de pertenencia es posible e implica, para cada persona, no una asimilación pasiva de los valores y normas que le «enseña» la escuela y la sociedad, sino una activa incorporación y construcción, con el apoyo de interacciones, resignificaciones discursivas de la historia personal y uso de los procesos de memoria y reflexividad. Algunos autores prefieren, en beneficio del carácter activo del sujeto, hablar de «actos de identificación», intencionales, direccionales y situados en escenarios particulares, en los cuales las personas, lejos de ser «recolectoras de su pasado» son narradoras que moldean y reconstruyen constantemente el mismo, integrándolo al presente y proyectándolo al futuro, en beneficio del sentido de continuidad. Cuando se habla de la identidad de un sujeto individual o colectivo se hace referencia a procesos que permiten asumir que ese sujeto, en determinado momento y contexto, es y tiene conciencia de ser él mismo, y que esa conciencia de sí se expresa (con mayor o menor elaboración) en su capacidad para diferenciarse de otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer narrativamente su continuidad a través de transformaciones y cambios

 

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