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NOTAS

20 de agosto de 2021

LA PROGRESIVIDAD DE LOS DERECHOS – PRINCIPIO CONSTITUCIONAL y LA REDUCCION DE JORNADA LABORAL EN ARGENTINA

Oscar Cuartango, abogado UNLP – Conductor de Grupo Descartes - ex Ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires.
Mario Mobilio – abogado UBA, especialista en derecho laboral y administrativo - Relator de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires

Intensas jornadas de labor y propuestas vienen desarrollándose en el seno de nuestro centro de estudios laborales, el cual reúne un cuerpo de prestigiosos especialistas en la materia y que en el marco de la Fundación para la Dignificación del Hombre en el Trabajo (FUNDITRA) a través de foros y participaciones en diversos ámbitos académicos se propone una actualización en materia laboral en el sentido de la justicia social que abrazamos. 

Se entiende al hombre y mujer trabajadores como centro de la realidad y relaciones del trabajo en los clásicos modelos por todos conocidos como así también en los nuevos vínculos que la tecnología propone, la cual altera y conmueve el amplio espectro que compone el mundo del pensamiento en esta materia, el cual se encuentra en no pocas oportunidades con deliberadas intenciones precarizantes y flexibilizadoras, postura que rechazamos se imponga hacia el futuro y en nuestro sentido y convicción, debe enmarcarse con la visión socio céntrica que entendemos debe primar en este ámbito.

Ahora bien, tanto los procesos tecnológicos como el componente y carga horaria de prestación laboral entre otros factores asociados, son temas inseparables en un contexto global que es atendido por la Organización Internacional del Trabajo, que en consonancia con nuestra actuación y sincronía se advierte un gran impacto en la sociedad y en especial en el mundo del trabajo como otros fenómenos que hacen al proceso global referido por el propio Papado como la Cuarta Revolución Industrial.

En este proceso de transformación y revisión de paradigmas, hace un tiempo ya que viene mostrando claros ejemplos Europa y allanan los caminos a la discusión en América Latina de cara al análisis de producción y trabajo en busca de una alianza virtuosa que contenga por una parte la dignificación del hombre/mujer trabajadores en términos generales, en la modernidad y en un mundo donde el trabajo como concepto se verá afectado por su escasez, fruto de las nuevas tecnologías y de igual modo, transversal, equilibre las necesidades de la producción, salud e higiene en el trabajo, medio ambiente y las mayores demandas de puestos de trabajo asociados en donde la robótica y la inteligencia artificial vendrán a ocupar un espacio que antes era ocupado por el hombre.

Es así que como una corriente irrefrenable, la reducción de la jornada laboral como la semanal a cuatro días se impone a nivel global y en nuestra Argentina desde diversos sectores políticos y gremiales han ingresado proyectos con miras a reducir en un 20% la carga laboral de prestación sin alterar las condiciones preexistentes ni las futuras en materia salarial.

Esta corriente, a la cual adherimos – de reducción de la jornada laboral-, considera indispensable limitar la jornada, para mejorar la calidad de vida del dependiente dentro y fuera del trabajo, protegiendo así su vida, su integridad física y su salud. Contempla para ellos, tres aspectos: uno ético, otro social y un tercero económico. 

Al hablar del aspecto ético, nos referimos al respeto por la dignidad del dependiente, estableciéndose límites, pausas y también distintos tipos de jornadas según los modos de prestación laboral.

El aspecto social logra que el empleado tenga en el clásico modelo el tiempo suficiente para compartir con sus semejantes y su familia, respetando 8 horas de trabajo, 8 de esparcimiento y 8 de descanso, sin perjuicio que dicha reducción sea mayor por especificidad de la actividad. El tercer aspecto, que es el económico, tiene como fundamento la posibilidad de que el dependiente, laborando la cantidad de horas normales, pueda ser consumidor de los mismos bienes y servicios que él produce, o de los producidos por sus semejantes.

Como siempre sostenemos, el derecho comparado como fuente, más allá de las doctrinales que se vienen desarrollando, resultan auspiciosas y por ende positivas luego de los resultados que se advierten en Islandia en una semana laboral de cuatro días, experiencia desarrollada entre 2015 y 2019 sobre una población de referencia.

En este sentido la Cámara de Diputados de Chile avanza fuertemente y declaró admisible el proyecto de ley que busca reducir la jornada laboral a cuatro días y extender los días de descanso a tres con una fórmula que fue definida por los parlamentarios como 4x3 que persigue reducir la jornada laboral a 40 horas semanales en un principio, para bajar a las 38 horas al quinto año de su implementación con una clara visión de modernizar su legislación laboral como traducción a las mejores condiciones y la calidad de vida, no es menor trabajo, sino organización que en términos comparados así se ha comprobado.

Otro ejemplo reciente es Colombia, menos ambicioso pero con una gradual y progresiva reducción de dos horas de la jornada actual, desde 2023 y hasta 2026, hasta llegar a las 42 horas que prevé el texto que lo impulsa, en el cual expresa lo inalterable del salario y sus cargas como así también valga la redundancia terminológica las inalterables obligaciones de los trabajadores, instituyendo un acuerdo entre las partes de la relación laboral a los fines de implementar esta normativa y que en nuestro entendimiento y práctica doméstica vendría a ser el instituto de la negociación colectiva.

En la realidad socio económica de nuestro país, con una desocupación de 2 dígitos, la limitación del máximo de la jornada laboral -vía legal- surge, aparentemente, como una de las formas de combatir el desempleo, deviene desde una primera mirada, sumamente atractiva, ya que la reducción de la carga horaria, podría en una simplificación aritmética, hacer pensar que pasará indefectiblemente, por la contratación de nuevos empleados y bajar, por ende, el desempleo.  A su vez, -el aumento de empleo, desencadenará un aumento del consumo, dinamizará la economía, mejorará los salarios y su poder adquisitivo, generando una mejor redistribución de la riqueza.

Sin embargo, no podemos obviar los efectos de la mayor productividad derivada de las experiencias pilotos, para descartar que la creación de nuevos empleos sea directamente proporcional a la reducción de la jornada.

La reducción de jornada laboral, conlleva adicionalmente otras consecuencias conflictivas a resolver como el control y/o eliminación de horas extraordinarias, aumento de vacaciones y permisos retribuidos, y un estricto control en materia de fiscalización laboral (por parte del Estado y/o de las asociaciones sindicales). 

Asimismo, la mayoría de los desempleados y especialmente los desempleados de larga duración con escasas calificaciones profesionales, enfrentan problemas particulares que les impiden ocupar los nuevos puestos de trabajo.

Claramente, para que dichas personas se reinserten en el mercado de trabajo, se necesitarán indefectiblemente políticas adicionales (activas) que estén focalizadas a grupos endebles específicos orientadas hacia el lado de la oferta de trabajo, además de reducciones compulsivas de la jornada. Esto último no contribuiría, por sí solo, a reducir el desempleo existente.

Otra disyuntiva a resolver son los costos laborales que el empleador debería enfrentar ante la reducción de jornada laboral y contratación de nuevos empleados.

El riesgo es evidente: una eventual prohibición de dación de horas extras, podría producir el efecto contrario al deseado, al generar un mercado de trabajo en negro. En este punto, es esencial la intervención del Estado con incentivos y controles para el logro del fin perseguido.

Sin lugar a dudas que las resistencias se harán notar en un contexto de pujas de poder en donde la visión no debe sujetarse al presente reciente sino que los procesos, en especial post pandémicos, aceleran de modo exponencial las previsiones marcadas por los diversos espacios de pensamiento al punto de anticiparse a las implementaciones de trabajo remoto o teletrabajo como así también anticiparse a la escasez de empleo ante expuestas y la renta básica universal que en otro orden de cosas viene asociada a este cambio de paradigmas en relación al empleo. 

Tanto la mayor productividad, como la formalización del empleo y su creación son una necesidad en la región y la Argentina no se encuentra exenta, sin perjuicio de la mejor calidad de vida de los habitantes y disminución de los riesgos laborales son la piedra fundamental en lo que respecta al futuro, en un sistema que se pretende inclusivo y transversal desde el punto de vista de la dignidad del hombre, por cuanto bienvenidos los debates en este sentido, en este marco de iniciativas parlamentarias del Congreso de la Nación persiguen una reducción de horas y días semanales como punto de referencia en un país en desarrollo, el cual debe a través de las políticas de la generación de empleo ante expuestas, alcanzar esos extremos, en los cuales se ansía lograr estándares de producción y reducción de stress laboral.

Dichos objetivos encontrarán su punto de inflexión en el marco de políticas regionales de estimulación de la economía y atracción de capitales tal como se advierte en el gobierno argentino con una agenda pro-productiva, sin perjuicio de que la realidad actual y primaria consiste en lograr un equilibrio en la balanza de esas cargas entre producción y trabajo, brindando contención a los nuevos desafíos de la economía en términos de comercio, servicios e industria, cuyos indicadores a priori positivos en el contexto global.

Los desafíos se centrarán en anticipar los efectos de la modernidad y perseguir la adaptación a los paradigmas del trabajo entre la persona humana, la tecnología y los algoritmos en una diversidad transformadora que imperiosamente requerirá de capacitación, nuevas habilidades, estos, son los retos actuales hacia el futuro.

A efectos de dotar de mayor legitimidad los cambios, resultaría importante el logro del consenso de grupos naturalmente antagónicos, como empresarios y sindicatos, convocados bajo la acción coordinadora del gobierno, para el logro de objetivos comunes. Este "acuerdo" implicaría ventajas y desventajas para cada una de las partes, que deberán ser soportadas si lo que se busca es la recuperación del empleo como un objetivo prioritario.

En este camino resulta imperioso que el Estado a través de sus poderes genere una convivencia entre las empresas y los empleados acorde a los nuevos tiempos y esta silenciosa Revolución del Siglo XXI.


Oscar Cuartango, abogado UNLP – Conductor de Grupo Descartes - ex Ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires.

Mario Mobilio – abogado UBA, especialista en derecho laboral y administrativo - Relator de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires

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