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NOTAS

26 de octubre de 2022

DESCOLONIZAR ES EL CAMINO DE LA LIBERACIÓN

Por: JORGE RACHID
PRIMERO LA PATRIA

El título induce a pensar en profundidad los términos que contiene, ya que la interpretación de los mismos no siempre responde a imaginarios comunes, llevando a una  enunciación sin contenidos que los respalden, en consonancia con caminos a recorrer en pos de su concreción.
Liberación en el concepto arraigado de hoy responde a un proceso utópico, de bordes indefinidos, expresados más como consigna, anhelo, objetivo, que como modelo a conseguir con compromiso pleno y planificación estratégica, que no aparece en la dinámica política. 
Pero podemos tomar como referencia a la historia de la Independencia de los pueblos americanos, que pudieron con luchas y sacrificios, conseguir su liberación del coloniaje político de las metrópolis, pero no lograron consolidar un proceso de construcción propio, frente a la contraofensiva del imperio anglosajón, que aún con la situación política descolonizada, pudo controlar sus economías, religiones, produciendo penetraciones culturales pétreas que persisten hasta hoy, concretando un proceso de dependencia hasta institucional, en alianza con los sectores oligárquicos de cada país, ya habiendo fragmentado, balcanizando Latinoamérica en una cirugía estratégica colonial.
Esa consolidación desde los siglos XlX y XX del primero anglosajón y luego predominantemente norteamericano, significó la estructuración de mecanismos de dominación de carácter institucional con amparos constitucionales dependientes, que los hacían definitivos en el ejercicio del poder real. Nuestra Argentina consolidó su dependencia en la Constitución de 1853 llamada de la organización nacional, que rige en su estructura primaria hasta el día de hoy, habiendo sido sólo puesta fuera de juego, jaqueada como modelo desde el peronismo con el constitucionalismo social de la Constitución Nacional de 1949, derogada por decreto dictatorial.
Es que el marco formal democrático permite el juego de las elecciones pero impide, en el ejercicio del poder real, la modificación estructural, estratégica de la dependencia, afianzando el control de los mecanismos de lucha de las fuerzas populares, supuestamente anticapitalistas o antiimperialistas, en caminos prefijados por el enemigo colonizador. 
Cuando la lucha se desarrolla en el ámbito institucional del coloniaje, los resultados son Gobiernos pálidos aunque avancen en aquello que el sistema permite, como ampliación de derechos de las minorías, banderas sectoriales, reivindicaciones de género, pero que nunca ponen en duda al sistema en sí mismo, que es cuando sobreviene la reacción opresora del enemigo.
Entonces se vuelven a replantear los términos izquierdas y derechas, de la vieja experiencia parlamentaria francesa, como una verdad persistente que ya fue abordada por el peronismo y los movimientos nacionales de Latinoamérica, muchos de ellos con comienzos de raíz marxistas, que en el proceso de lucha fueron incorporando los ejes, que provenientes de los pueblos, sus identidades culturales, sus memorias compartidas, en una suerte de fusión de razas y mezcla de subjetividades, fueron dando vida a nuevas identidades nacionales de patria Grande y que con honestidad intelectual plena, fueron aceptando los protagonistas de la historia del siglo XlX y XX, creando un nuevo marco teórico latinoamericano.
Es que no alcanza con ser antiimperialista o anticapitalista para derrotar al sistema si es que la lucha se da desde posiciones colonizadas del pensamiento y la acción. La ruptura es una ecuación que se escribe con letras nuevas, que permitan terminar con la opresión extorsiva, que no se limita a lo económico, cuando los términos del endeudamiento externo, desde los inicios de los procesos nacionales, fueron siempre destinados a acotar los márgenes soberanos de los estados-nación, no es menos cierto que las penetraciones culturales eurocéntricas como ejes civilizatorios, frente a la llamada barbarie criolla, fueron cultivando una relación opresor oprimido naturalizada con el tiempo, de manera tal que toda ruptura de ese orden, es catalogado de terrorista, disruptivo, populista en el lenguaje cotidiano del coloniaje.
Estamos hablando entonces de un proceso de larga data que cuando fue cuestionado estructuralmente, fue sometido a sangre y fuego por atreverse a construir el pensamiento descolonizador, un pensamiento propio americano, mestizo, moreno, profundo que hundía sus raíces de la propia identidad de los pueblos. Pasó en Latinoamérica en los múltiples procesos de intervencionismo de las FFAA de EEUU en 33 oportunidades en esos dos siglos, la anexión de dos terceras partes de México, la separación de Panamá de Colombia y la operación conjunta con los ingleses en nuestras Malvinas, hoy base de la OTAN, entre otras.
Si esa es la respuesta del poder real imperial, es porque teme la construcción de la Patria Grande que nunca debió dejar de ser, porque se verían afectados sus intereses estratégicos junto a los de sus aliados europeos que operan sobre nuestra región como dominantes, escondidos detrás de la Modernidad como nueva forma de sujeción de los pueblos. Siempre hubo globalización en la historia de la Humanidad y siempre se expandieron las nuevas buenas tanto religiosas como culturales o científicas con velocidad. No es ésa globalización la opresión, sino la imposición de una Modernidad que fija patrones de conducta y comportamientos sociales y políticos funcionales a los intereses del poder. Eso sí es colonización.
Entonces observamos que un proceso decolonial no es simplemente una cuestión de la llamada vulgarmente batalla cultural, que permite el debate de ideas, la libertad de cátedra, las publicaciones que cuestionan, sino que descolonizar es cambiar desde la matriz curricular del relato histórico, rescatar, resignificando nuestro pasado, modificando los contenidos de la enseñanza sistemática, dejar de  producir profesionales para el enemigo en las universidades nacionales, recuperar el rol del estado en todas las herramientas estratégicas como sucede en los estados modernos, desplegando soberanía nacional en la Argentina Bicontinental que quiere ser arrebatada, evitar la disgregación nacional en marcha para fragmentar un país como el nuestro, eje de la recuperación de la unidad latinoamericana en un proceso de liberación.
Por estas razones es que estamos frente a un intento golpista destituyente, porque el enemigo necesita una Argentina de rodillas y un pueblo sometido, frente a los nuevos escenarios mundiales, que van a merecer nuevas respuestas que seguramente afectan los intereses dominadores en estas pampas, ya que de producirse sacudirían el andamiaje colonial que ha sido estructurado desde hace décadas en nuestros países y que los pueblos están rechazando, como observamos en la región. Frenar al golpe es comenzar el camino decolonial de la liberación.
Estamos ante una oportunidad histórica porque “nunca la noche es tan oscura como cuando está por amanecer” y en ese sentido la crisis mundial pos pandémica, sumada a la guerra mundial en desarrollo permite afirmar que la hora de los pueblos está asomando, al cambiar el eje del mundo que vira hacia el multipolarismo dejando esa visión atlántica colonizadora de cinco siglos, yendo hacia el Oriente e incorporando nuevas formas de relaciones de poder en la política internacional.
En este tiempo los pueblos serán como siempre los protagonistas de la historia, nunca fue fácil terminar con los procesos de colonización tan pétreos como los que estamos sufriendo, pero cuando la divisa es alta, cuando el compromiso es férreo y la voluntad plena, la lucha por la liberación nacional siempre es un camino de libertad, no individual como pretende apropiarse el enemigo de la palabra, sino una libertad compartida socialmente en la lucha y en el afecto solidario, humanizando la política, democratizando el poder y sacudiendo el yugo de la dependencia.

 

Por: JORGE RACHID
PRIMERO LA PATRIA
www.lapatriaestaprimero.org

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