Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: “Señor, queremos ver a Jesús”.
Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús.
El les respondió: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.
Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.
Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: ‘Padre, líbrame de esta hora’? ¡Si para eso he llegado a esta hora!
¡Padre, glorifica tu Nombre!”. Entonces se oyó una voz del cielo: “Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar”.
La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: “Le ha hablado un ángel”.
Jesús respondió: “Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes.
Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.
Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.
Amén t ¡ adelante !
Hoy se conmemora a San Cirilo de Jerusalén, Obispo y Doctor de la Iglesia

San Cirilo fue Obispo de Jerusalén (siglo IV) y Doctor de la Iglesia. Es recordado por la tradición por haber estado presente en el gran Concilio de Constantinopla (segundo Concilio Ecuménico) y ser fiel defensor de la doctrina católica en contra de la herejía arrianista.
En este concilio se le llamó “valiente luchador para defender a la Iglesia de los herejes que niegan las verdades de nuestra religión”.
El santo nació cerca de Jerusalén en el año 315. Según la tradición fue ordenado sacerdote por el Obispo de Jerusalén San Máximo, quien le encomendó la tarea de instruir a los Catecúmenos: tarea que realizó por muchos años.
En el 348 Cirilo se convirtió en el nuevo obispo de Jerusalén por un periodo de 35 años, de los cuales 16 permaneció desterrado debido a sus escritos y discursos catequéticos que contienen parte de las enseñanzas y ritos de la Iglesia de mediados del siglo IV.
Estos textos denominados “Catequesis” le merecieron siglos más tarde el título de Doctor de la Iglesia por el Papa León XIII. Son 18 sermones pronunciados en Jerusalén acerca de la penitencia, pecado, bautismo y Credo para instruir a los recién bautizados en la fe. Además dan detalles de la Eucaristía, insistiendo en que Cristo está presente en la Santa Hostia.
También describe interesantemente acerca del descubrimiento de la cruz y de la roca que cerraba el Santo Sepulcro.
Cuando regresó después de 11 años de su último destierro encontró a Jerusalén llena de discordias y divisiones, por ello decidió traer nuevamente al camino del Evangelio a su pueblo, el cual había caído diversas herejías.
Se cree que San Cirilo falleció en Jerusalén en el 386. En 1882 el Sumo Pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 18 de marzo.















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