Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: “¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?”.
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza?
¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen”. En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”.
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: “¿También ustedes quieren irse?”.
Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.
Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios”.
Amén
Hoy la Iglesia celebra a San Francisco de Gerónimo, misionero jesuita
San Francisco de Gerónimo fue un misionero de la Compañía de Jesús (jesuita) al que llamaban “el apóstol de Nápoles”, es famoso por ser predicador y por su incansable trabajo en favor de la conversión de los pecadores, así como por su amor por los pobres, enfermos y oprimidos.
Este santo nació el 17 de diciembre de 1642 en Grottaglie, una ciudad del sur de Italia. A los 16 años entró al colegio de Teranto, donde permaneció bajo el cuidado de la Compañía de Jesús.
En aquel lugar estudió humanidades y filosofía, y tuvo tanto éxito, que un obispo lo envió a Nápoles para que asistiera a conferencias en Teología Canónica en el famoso colegio, Gesu Vecchio, que por aquel entonces rivalizaba con las más grandes universidades en Europa.
Entró en el noviciado de los jesuitas el 1 de julio de 1670. Al final de su primer año de prueba, fue enviado como misionero a fin de tomar sus primeras lecciones en el arte de la prédica, en un lugar cercano al municipio italiano de Otranto.
Después de 4 años de predicación en pequeños pueblos y de culminar sus estudios de teología, sus superiores lo nombraron predicador de la iglesia del Gesú Nuovo en Nápoles.
Sus sermones elocuentes, breves y enérgicos llegaron a conmover las consciencias culpables de quienes lo escuchaban y por medio de ello se llevaron a cabo milagrosas conversiones.
En algunas ocasiones pasó por no menos de 50 aldeas en un día, predicando en las calles, en las plazas públicas y en las iglesias. También se dice que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año.
También visitaba las prisiones, hospitales y no vacilaba en seguir a los pecadores hasta los antros del vicio, donde algunas veces fue brutalmente maltratado.
San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de los jesuitas de Nápoles. Fue beatificado en 1758 por Benedicto XIV y canonizado en 1839 por Gregorio XVI.















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