Jesús propuso a la gente otra parábola:
“El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: ‘Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?’.
El les respondió: ‘Esto lo ha hecho algún enemigo’. Los peones replicaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’.
‘
No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'”.
Amén
Hoy es fiesta de San Pantaleón, médico mártir cuya sangre se vuelve líquida
El 27 de julio es fiesta de San Pantaleón, un médico mártir nacido a fines del siglo III en Nicomedia (en la actual Turquía). Lo que se conoce de él está en un antiguo manuscrito del siglo IV que se encuentra en el Museo Británico.
Era hijo de madre cristiana, pero se dejó llevar por la vida del mundo pagano y rechazó la fe. Pantaleón llegó a ser un prestigioso médico.
Un buen cristiano de nombre Hermolaos lo animó a que conociera “la curación proveniente de lo más alto” y lo llevó a la Iglesia. De esta manera, poco a poco se entregó al servicio de Cristo atendiendo a sus pacientes en Nombre del Señor.
Por aquel entonces se desató la persecución de Diocleciano en Nicomedia, Pantaleón regaló todo lo que tenía a los necesitados y algunos médicos envidiosos lo delataron a las autoridades. Fue arrestado junto a Hermolaos y otros cristianos.
El emperador quería salvarlo en secreto y le dijo que renunciara a su religión, pero Pantaleón se negó y con la ayuda de Dios curó milagrosamente a un paralítico para demostrar la verdad de la fe.
De esta manera, el santo que una vez negó sus creencias, fue condenado a ser decapitado junto a sus compañeros. Partió a la Casa del Padre un 27 de julio a inicios del siglo IV, a la edad de 29 años.
Se dice que trataron de matarlo de seis formas diferentes: con fuego, plomo fundido, ahogándolo, tirándolo a las fieras, torturándolo en una rueda y atravesándole una espada. Pero con la ayuda del Señor resultó ileso. Cuando fue decapitado, el árbol, donde ocurrió el martirio, floreció al instante.
Algunas reliquias de su sangre se conservan en Constantinopla (Turquía), Ravello (Italia) y el Real Monasterio de la Encarnación en Madrid (España) que es custodiado por las religiosas Agustinas Recoletas.
En esta ciudad española, su sangre permanece en estado sólido casi todo el año y se produce el milagro de la licuefacción (se vuelve líquida) cerca de la fiesta litúrgica del Santo. Fecha en la cual, las religiosas abren las puertas al público para que aprecien el hecho.















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