por Pedro Aguer
Antes:
Barro en el corral, tinglados inadecuados a la funcionalidad, ordeñe manual, ternero al pie, contaminación por doquier.
Tracción a sangre en el laboreo de la tierra y en el transporte de carga como familiar.
Alimentación deficiente, pastoreo sin mayores cuidados, poca importancia a la pradera y casi nada al alimento balanceado, bajos promedios de rendimiento, tareas rutinarias, realizadas sin los principios de la higiene.
Ganado de genética doméstica, manejo de la reproducción con servicios directos.
Si bien hubo una influencia interesante en los tambos más progresistas de las escuelas Alberdi, Las Delicias, del tambo del Sanatorio Adventista de Plata, del Instituto Roque Sáenz Peña de Viale, de la Agrotécnica Justo José de Urquiza de Villaguay, de la Cabaña Zootécnica de Villa Urquiza, del tambo de la Cárcel de Paraná, del Centro de Inseminación Artificial de Campo Berduc, y asesoramiento del INTA, el avance era lento.
Estas instituciones contribuían con mejoramiento en la mestización de los planteles, y directa o indirectamente brindaban mucha información a los productores, facilitándoles la adquisición de buenos reproductores, especialmente de la raza holandesa, que era la preferida por su adaptación y rendimiento en litros de leche.
Trabajaba toda la familia en el tambo. Ya sea en la atención directa del mismo o en las demás tareas anexas.
El tambo por lo general era integrante pero no en exclusividad de la explotación de la granja, de la chacra o de la estancia.
El trabajo sacrificado al extremo, sin días feriados para poder descansar, pues las vacas dan leche los domingos y fiestas de guardar. Pero no dan leche si no comen como es debido. Y el productor se debe ocupar de sacar la leche y de alimentar la vaca.
Así las cosas el tambo sería desechado en procura de actividades más lucrativas, y de menos sacrificio. Hasta que los tamberos de Paraná y alrededores, como de otros departamentos, tomaron la decisión de constituirse en cooperativa. Nació COTAPA, no por arte de magia, sino por un trabajo de concientización en torno a una necesidad sentida. Alrededor de 200 tamberos tomaron la iniciativa y se hicieron asesorar. Con gran entusiasmo crearon su empresa, con el apoyo del Estado, al principio constitucional, y después de facto.
Hubo entonces voluntad y convicción en los asociados y comprensión de las autoridades. Había que producir un cambio, que fuese revolucionario, y así llegó la oportunidad, de convencer a los repartidores que ellos seguirían trabajando pero ofreciendo a la sociedad un producto óptimo.
Poco a poco se substituyó la tracción a sangre por vehículos adaptados a los requerimientos de la higiene.
Los tamberos entregarían a la industria la totalidad de la leche producida, en vez de dársela a los terneros o a otros animales, o hasta tirarla en épocas de abundancia, porque el repartidor sólo retiraba la que estaba destinada a sus clientes, cuantificada previamente.
La empresa solidaria empezó a funcionar con las dificultades propias de todo comienzo en el que se involucran de manera colectiva las conciencias; pero la participación del conjunto, que es lo que más enseña, tarde o temprano empieza a dar sus frutos.
Después:
Desde la puesta en marcha de la planta industrializadora del producto (en calle Almafuerte) hasta detalles de carácter social, COTAPA fue ejemplar.
Se realizó la pasteurización. Paraná iba a consumir de aquí en adelante leche sana.
Luego vino, con el excedente de litros que no irían al consumo en forma directa, la fabricación de queso, manteca, dulce de leche, yogur, crema, etc.
Con el tiempo para aprovechar el suero se creó una porqueriza y se elaboraron productos derivados (chacinados), alcanzando estos una clientela enorme, cautiva por la calidad de los mismos.
Se multiplicaron las bocas de expendio con productos de COTAPA, en Paraná, en el interior de la Provincia y en otras provincias. Concurrir a su boca de expendio se hizo costumbre en quienes conocían la mercadería de la cooperativa.
COTAPA exportó.
COTAPA tuvo un autoservicio y proveía a sus asociados los insumos para la explotación de sus empresas rurales.
La proveeduría era la vía de contacto para la integración con otras cooperativas que producían yerba, azúcar, harina, arroz, maquinarias, etc.
Se facilitó la inseminación artificial de manera progresiva, llegando los productores a realizarla ellos mismos gracias a cursos de capacitación y pudiendo poseer termos para la conservación de pajuelas, en sus casas.
Para que los productores no tuviesen que lidiar con los terneros la cooperativa instaló una “guachera” y para que no tuviesen hembras ociosas en el tambo, ocupando lugar, hasta los tres años de edad, se formó una organización para el mantenimiento de las vaquillas, que regresarían, próximas a parir o ya paridas.
Faltó la experiencia de un tambo cooperativo, reuniendo a varios productores en una única unidad de explotación. Creándose varias cooperativas similares donde la situación lo exigiese. Quizás ello hubiese contribuido a la sustentabilidad de la empresa.
Hubo asesoramiento para la alimentación, para la sanidad, departamento veterinario, y siempre cursos de capacitación a los tamberos y a sus hijos.
Se constituyó una Mutual con atención médica y odontológica para la familia del tambero para los empleados, que quisieran adherir, y existía una armonía social interesante entre los productores, fleteros y empleados…
Todo esto estaba funcionando con excepción del tambo cooperativo.
Será oportuno, creo, agregar que en un determinado momento COTAPA alcanzó un nivel y un prestigio envidiables, como empresa solidaria y por la calidad indiscutible de todo cuanto comercializaba.
Todo esto y mucho más que no se puede describir, porque habría que conocer a los productores que la crearon, a los asesores que ayudaron y a las familias que gracias a COTAPA, cambiaron su estilo de vida en el campo, para entenderlo; todo esto dejó de funcionar porque el sistema económico imperante consigue a quienes se encargan de hacer que estas cosas sucedan.
La creación de COTAPA, la cooperativa tambera de Paraná, no fue producto de la generación espontánea, por cierto; pero su fracaso tampoco. Faltó también educar cooperativamente a los asociados, instándolos a interesarse por la administración de la empresa. “Para democratizar el poder hay que socializar el saber” (José María Arizmendiarrieta).
Pedro Aguer















PEDRO…comparto totalmente en un todo lo expresado. Motivo,por que fui participe activo, como el primer contador de la cooperativa en su proceso de expansion industrial.Quiero destacar un impulsor en esa etapa, el Sr.Anibal Annichini, cosejeros como A. Virgilio, Anibal Aguer, A. Folonier ,Cipriano Lell entre otros. Que no solamente tenian identificado perfectamente, el concepto del cooperativismo, sino que ademas fueron empresarios que tenian vision de futuro en benefio del productor tambero.