Dios en la Tierra

Hoy es la fiesta de San Sabas de Capadocia

05 Diciembre. Sábado de la primera semana de Adviento.

Libro de Isaías 30,19-21.23-36.

Así habla el Señor:
Sí, pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: él se apiadará de ti al oír tu clamor; apenas te escuche, te responderá.
Cuando el Señor les haya dado el pan de la angustia y el agua de la aflicción, aquel que te instruye no se ocultará más, sino que verás a tu maestro con tus propios ojos.
Tus oídos escucharán detrás de ti una palabra: “Este es el camino, síganlo, aunque se hayan desviado a la derecha o a la izquierda”.
El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en el suelo, y el pan que produzca el terreno será rico y sustancioso. Aquel día, tu ganado pacerá en extensas praderas.
Los bueyes y los asnos que trabajen el suelo comerán forraje bien sazonado, aventado con el bieldo y la horquilla.
En todo monte elevado y en toda colina alta, habrá arroyos y corrientes de agua, el día de la gran masacre, cuando se derrumben las torres.
Entonces, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces más intensa -como la luz de siete días- el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de los golpes que le infligió.
¡Miren que el nombre del Señor viene de lejos! Arde su ira y es densa la humareda; sus labios desbordan de indignación y su lengua es como fuego devorador.
Su aliento es como un torrente desbordado, que sube hasta el cuello, para zarandear a las naciones con la criba destructora y poner el freno del extravío en las quijadas de los pueblos.
Entonces, ustedes cantarán como en la noche sagrada de la fiesta, y habrá alegría en los corazones, como cuando se avanza al son de la flauta para ir a la montaña del Señor, hacia la Roca de Israel.
El Señor hará oír su voz majestuosa y mostrará su brazo que se descarga en el ardor de su ira, en la llama de un fuego devorador, en el huracán, la tormenta y el granizo.
Asiria temblará ante la voz del Señor, que golpeará con el bastón;
y cada vez que pase la vara vengadora que el Señor descargará contra ella, irá acompañada de tamboriles y cítaras, en los combates que el Señor entablará con ella, blandiendo su brazo.
Porque la hoguera está preparada hace tiempo, está dispuesta también para el rey: se ha hecho una pira profunda y ancha, con fuego y leña en abundancia, y el soplo del Señor la encenderá como un torrente de azufre.

Salmo 147(146),1-6.

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén
y congrega a los dispersos de Israel.

Sana a los que están afligidos
y les venda las heridas.
Él cuenta el número de las estrellas
y llama a cada una por su nombre.

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida.
El Señor eleva a los oprimidos
y humilla a los malvados hasta el polvo.

Evangelio según San Mateo 9,35-38.10,1.5a.6-8.

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.”
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones:
“Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.”

Amén

Hoy es la fiesta de San Sabas de Capadocia, abad

San Sabas de Capadocia fue célebre monje de la antigüedad, discípulo de San Eutimio el Grande. La mayor parte de su vida la vivió en Palestina, a mediados del siglo V, dedicándose a la oración, la meditación, la dirección espiritual y -como era muy común entre los monjes- al trabajo manual.

Sabas nació en Cesarea de Capadocia (actual Turquía), en el año 439, en tiempos del Imperio bizantino. Como su padre pertenecía al ejército del Imperio, fue convocado a salir en campaña y tuvo que dejar a Sabas al cuidado de sus familiares. Estos, lamentablemente, aprovechando la ausencia del padre, lo repudiaron, por lo que Sabas terminó siendo acogido en un monasterio con solo ocho años. Allí permaneció hasta que decidió partir a Jerusalén con la intención de aprender el modo de vida de los eremitas de aquella región.

A los 20 años se convirtió en discípulo de San Eutimio -monje del desierto- y a los 30 ya vivía como un anacoreta, llevando una vida ascética, dedicado a la oración en completa soledad. Se dice que pasó cuatro años en el desierto sin hablar con nadie. Manteniendo el estilo de vida eremita, repartía su tiempo de oración con el trabajo manual, confeccionando canastos que vendía para repartir lo ganado entre los más pobres.

Su fama de santidad se extendió por la región y muchos monjes empezaron a visitarlo buscando dirección espiritual. Así, Sabas, con la venia del Patriarca de Jerusalén, se convirtió en maestro de los monjes de la famosa Gran Laura de Mar Sabas, monasterio incrustado en la ladera de una montaña rocosa, cerca a Belén, en los alrededores del Mar Muerto. Entre sus discípulos se cuentan cinco santos: San Juan Damasceno, San Afrodisio, San Teófanes de Nicea, San Cosme de Majuma y San Teodoro de Edesa. El Patriarca de Jerusalén lo ordenó sacerdote y lo puso a cargo de todos los monjes de Tierra Santa.

Hasta en tres ocasiones fue enviado a Constantinopla, residencia del emperador, para obtener su protección contra los perseguidores de cristianos.

San Sabas murió el 5 de diciembre del año 532, a los 94 años de edad.

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