Dios en la Tierra

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de San Juan Diego, el vidente de la Virgen de Guadalupe

09 Diciembre. Miércoles de la segunda semana de Adviento. El santoral recuerda a San Juan Diego Cuauhtlatoatzi y al Beato Ricardo de los Ríos.

Libro de Isaías 40,25-31.

Dice el Santo:
“¿A quién me van a asemejar, para que yo me iguale a él?” .
Levanten los ojos a lo alto y miren: ¿quién creó todos estos seres? El que hace salir a su ejército uno por uno y los llama a todos por su nombre: ¡su vigor es tan grande, tan firme su fuerza, que no falta ni uno solo!
¿Por qué dices Jacob, y lo repites tú, Israel: “Al Señor se le oculta mi camino y mi derecho pasa desapercibido a mi Dios?”
¿No lo sabes acaso? ¿Nunca lo has escuchado? El Señor es un Dios eterno, él crea los confines de la tierra; no se fatiga ni se agota, su inteligencia es inescrutable.
El fortalece al que está fatigado y acrecienta la fuerza del que no tiene vigor.
Los jóvenes se fatigan y se agotan, los muchachos tropiezan y caen.
Pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, despliegan alas como las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan.

Salmo 103(102),1-2.3-4.8.10.

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Evangelio según San Mateo 11,28-30.
Jesús tomó la palabra y dijo:
“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.”

Amén

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de San Juan Diego, el vidente de la Virgen de Guadalupe

“¡Amado Juan Diego, ‘el águila que habla’! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que ella nos reciba en lo íntimo de su corazón”; con estas palabras, pronunciadas en la homilía de la misa de canonización de San Juan Diego, el Papa San Juan Pablo II le pedía al vidente de la Virgen de Guadalupe que nos muestre el camino de la piedad a nuestra madre María, y que la amemos como él la amó.

De acuerdo a la tradición, San Juan Diego nació en 1474, en Cuautitlán, entonces reino de Texcoco (hoy territorio mexicano), una región habitada por las etnias chichimecas. Su nombre era Cuauhtlatoatzin, que significa “Águila que habla” o “El que habla con un águila”.

Siendo adulto y con una familia a cuestas, empezó a sentirse atraído por las enseñanzas de los sacerdotes franciscanos, llegados a territorio mexicano en 1524. Juan Diego recibió el bautismo junto con su esposa, María Lucía. Posteriormente se casarían cristianamente, aunque el matrimonio no duraría mucho debido a la intempestiva muerte de María Lucía.

El 9 de diciembre de 1531, estando Juan Diego de camino por el monte del Tepeyac, se le apareció la Virgen María. La “Señora”, quien se presentó como “la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios”, se dirigió a él y le encomendó que se presente ante el Obispo Capitalino, el franciscano Fray Juan de Zumárraga, para pedirle en nombre de ella que se construya una Iglesia en aquel lugar.

Juan Diego aceptó llevarle la petición de la Señora al Obispo, pero este no le creyó y se negó al pedido. La Virgen se le apareció de nuevo a Juan Diego y le pidió que insistiera. Al día siguiente, Juan Diego volvió a encontrarse con el Prelado, quien, escéptico, lo interrogó sobre la doctrina cristiana y le pidió pruebas del prodigio que relataba.

El martes 12 de diciembre, la Virgen se presentó nuevamente a Juan Diego y lo consoló, invitándole a subir a la cima de la colina del Tepeyac para que recogiera flores y se las trajera. A pesar de lo agreste del lugar y de que era invierno, San Juan Diego accedió al pedido de la Virgen. Cuando llegó a la cima encontró un brote de flores muy hermosas y las colocó envueltas en su “tilma” (el manto típico con el que se revestían los indios). La Virgen luego le pidió que se las llevara al Obispo.

Estando frente al Prelado, el Santo abrió su “tilma” y dejó caer las flores, dejando expuesta sobre el tejido la imagen de nuestra “Señora”, la Virgen de Guadalupe. Desde ese momento, aquella prodigiosa imagen se convertiría en el corazón espiritual de la Iglesia en México y en una de las mayores devociones marianas del mundo. La Virgen de Guadalupe habría de cambiar el rumbo de la Evangelización de los pueblos americanos y sellaría para siempre la unión entre la cultura hispánica y los pueblos originarios de América.

Con la autorización del Obispo, el templo consagrado a la Virgen de Guadalupe se empezó a construir en el Tepeyac, y San Juan Diego sería el primer custodio del santuario. El Santo, por su lado, construyó una humilde casita para vivir al costado de la Iglesia. Allí permaneció hasta el final de sus días, dedicado al servicio de la “Señora del Cielo”. San Juan Diego limpiaba la capilla y acogía a los peregrinos que visitaban el lugar.

Incontables bendiciones enriquecen la historia de la Virgen de Guadalupe. En ella, San Juan Diego ocupa un lugar primordial: fue un hombre sencillo, indio, laico y devoto de la Madre de Dios. Es una historia que invita a renovar el esfuerzo evangelizador en América y en el resto del mundo. Por Juan Diego, María le regaló a todos sus hijos una prueba más, fehaciente, de su cercanía con todos los pueblos.

San Juan Diego murió en 1548. Hoy, como en aquellos días, sigue siendo pertinente decir, cuando encontramos a un buen hijo: “Que Dios te haga como Juan Diego”.

San Juan Pablo II beatificó a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1990 y lo canonizó en el año 2002. Su fiesta se celebra cada 9 de diciembre.

El Papa concede indulgencia plenaria a quienes celebren desde casa a Virgen de Guadalupe

El Papa Francisco aceptó conceder la indulgencia plenaria a los fieles que participen en las celebraciones virtuales desde casa con ocasión de la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe.

El anuncio lo hizo el Arzobispo Primado de México, Cardenal Carlos Aguiar Retes, al concluir la celebración de la Misa el domingo 6 de diciembre en la Basílica de Guadalupe.

El Cardenal Aguiar Retes dijo que “la situación de la pandemia nos obligó por el bien de la vida de todos de mantener cerrado el complejo guadalupano del 10 al 13 de diciembre, y por tanto las celebraciones a Nuestra Madre, en lugar de venir aquí a su casa, ella quiere ir a casa de ustedes”.

“Para motivar esa presencia de la Virgen en sus casas, cuando sigan las Misas de medianoche, del inicio del 12 o la de las Rosas, la del mediodía a las 12, le he pedido al Santo Padre, el Papa Francisco, que nos concediera para motivación, aliento y esperanza, de todos ustedes y de todos los devotos de Nuestra Señora, que reciban allí en su casa la indulgencia plenaria”.

Con esa indulgencia plenaria, indicó, “pueden ustedes unirse en favor de sus hermanos miembros de la familia difuntos de nuestros antepasados”.

“Como un consuelo, el Papa lo ha concedido”, destacó.

“En esta semana, en estos días próximos, haremos llegar en distintas formas de comunicación las condiciones que habitualmente se tienen para la indulgencia plenaria y que ustedes las alcancen”, añadió.

Aunque originalmente la Basílica de Guadalupe tenía previsto acoger a los peregrinos que llegaran a contemplar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, sin la celebración de Misas el 11 y 12 de diciembre, el 23 de noviembre se anunció que el santuario mariano permanecerá completamente cerrado del 10 al 13 de diciembre para evitar contagios de coronavirus COVID-19.

La Basílica anunció además una serie de actividades virtuales a las que pueden sumarse los devotos a través de su sitio web oficial.

La Misa de medianoche será transmitida a través del canal de YouTube de la Basílica de Guadalupe el 11 de diciembre desde las 11:00 p.m. (hora de Ciudad de México). La Misa de las Rosas se transmitirá el 12 de diciembre desde el mediodía.

En un comunicado publicado este 7 de diciembre, el Cardenal Aguiar Retes precisó las condiciones para obtener la indulgencia plenaria:

Es necesario, dijo, “preparar un lugar de oración a la Santísima Virgen de Guadalupe en su propio hogar”. Además, señaló, los fieles necesitan “participar a través de los medios de comunicación, siguiendo, como si lo hicieran de forma presencial, es decir, con devoción y con exclusiva atención- a una de las Misas que se celebrarán en la Basílica de Guadalupe”.

Finalmente, indicó, se debe cumplir “con las condiciones habituales para lucrar las indulgencias: 1. Orar por las intenciones del Santo Padre. 2. Estar en gracia de Dios habiéndose confesado. 3. Asistir a Misa completa. 4. Comulgar. Las últimas tres condiciones se pueden realizar en cuanto las condiciones sanitarias lo permitan”.

 

 

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