Dios en la Tierra

Oración para celebrar en familia la Epifanía del Señor

05 Enero. Feria del Tiempo de Navidad . El santoral recuerda a Santa Ana Schäffer y a San Juan Nepomuceno Neumann.

En el marco de la Fiesta de la Epifanía del Señor que se celebra el 6 de enero en Roma y muchas diócesis del mundo, aquí una oración para rezar en familia, comunidad, grupo o de manera personal.

Todos alrededor del pesebre o nacimiento dicen: “En el Nombre del Padre y del Hijo Y del espíritu Santo. Amén”.

Himno

Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aquí parad, que aquí está
quien luz a los cielos da:
Dios es el puerto más cierto,
y si habéis hallado puerto
no busquéis estrellas ya.

No busquéis la estrella ahora:
que su luz ha oscurecido
este Sol recién nacido
en esta Virgen Aurora.

Ya no hallaréis luz en ellas,
el Niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.

Aquellas lágrimas bellas
la estrella oscurecen ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas. Amén.

Lectura Bíblica: Mt. 2, 1-12

“Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo».

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.

En Belén de Judea, –le respondieron–, porque así está escrito por el Profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel”».

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino”.

Si se desea, en este momento tres miembros de la familia colocan las imágenes de los reyes magos en el pesebre junto al Niño Jesús.

Reflexión de San Juan Pablo II

“En esta fiesta de la Epifanía del Señor, el evangelio de san Mateo habla de una misteriosa estrella, que guió a los Magos primero hasta Jerusalén y después hasta Belén, donde adoraron al Niño Jesús (cf. Mt 2, 2. 7. 9. 10).

La estrella que conduce a los Magos hacia Cristo evoca la rica simbología de la luz, muy presente en la Navidad. Dios es luz, y el Verbo hecho hombre es “luz del mundo” (Jn 8, 12), luz que guía el camino de las gentes”.

Oración

Señor Jesús: que a imitación de los Magos de Oriente
vayamos también nosotros frecuentemente
a adorarte en tu Casa que es el Templo
y no vayamos jamás con las manos vacías.

Que te llevemos el oro de nuestras ofrendas,
el incienso de nuestra oración fervorosa,
y la mirra de los sacrificios que hacemos para permanecer fieles a Ti,
y que te encontremos siempre junto a tu Madre Santísima María,
a quien queremos honrar y venerar siempre
como Madre Tuya y Madre nuestra.
Amén.

Se pueden añadir también algunas peticiones y para concluir se reza un Padrenuestro, un Avemaría y tres veces el Gloria.

Todos concluyen diciendo: “En el Nombre del Padre y del Hijo Y del espíritu Santo. Amén”.

Hoy es fiesta de San Juan Neumann, Obispo de Filadelfia en Estados Unidos

“No me he arrepentido jamás de haberme dedicado a la Misión en América”, escribió San Juan Neumann, misionero redentorista, cuarto Obispo de Filadelfia, Estados Unidos, y fundador del primer sistema de educación católica de ese país. Su fiesta se celebra el 5 de enero de cada año.

Neumann nació en Bohemia, actual República Checa, en 1811. Acudió a la escuela en Budweis y allí ingresó al seminario en 1831. Cuando ya había completado su preparación para ser ordenado sacerdote, el obispo local tomó la decisión de suspender las ordenaciones en su jurisdicción.

Juan, entonces, escribió a algunos obispos de otras diócesis, pero ninguno lo quiso aceptar. A pesar de ello, el Santo no se desanimó, aprendió algo de inglés trabajando en una fábrica y se puso en contacto con obispos de Estados Unidos.

El arzobispo de Nueva York aceptó recibirlo y ordenarlo. De forma que Juan dejó a su familia y amigos para embarcarse en la aventura de anunciar a Cristo en una tierra lejana. En ese momento, Juan se integraría al limitado grupo de 36 presbíteros que debían asistir a los casi 200 mil católicos residentes en Estados Unidos.

Al recién ordenado P. Neumann se le encomendó la administración de una parroquia. La primera dificultad pastoral que enfrentó tuvo que ver con el vasto territorio que la parroquia abarcaba: esta se extendía desde Ontario (Canadá) hasta Pensilvania (EE.UU).

Dado que las necesidades eran inmensas, el P. Neumann se la pasó la mayor parte del tiempo visitando poblados, atravesando territorios inhóspitos, caminando entre altas montañas con el objetivo de cuidar a su grey, poder asistir a los enfermos, dar catequesis, administrar sacramentos, celebrar la Eucaristía. Era habitual verlo predicar, cuando no había una iglesia, en cabañas abandonadas y en las afueras de las tabernas. Muchísimas veces tuvo que celebrar misa en lugares improvisados, como un comedor o una cocina.

Con el tiempo y las dificultades, descubrió la necesidad de apoyarse en una comunidad religiosa y solicitó su ingreso en la Congregación del Santísimo Redentor (redentoristas). Así, tomó los votos en Baltimore en 1842.

Como apóstol, Neumann destacó por su piedad y amabilidad; además de su versatilidad para entender y acompañar a sus feligreses, la mayoría de ellos inmigrantes europeos. Como Neumann conocía hasta seis idiomas, no le fue difícil dirigirse a los católicos que no hablaban el inglés con suficiencia.

En 1847, fue nombrado Visitador de los redentoristas en Estados Unidos. Al término de su servicio, estos quedaron listos para formar una “provincia o inspectoría religiosa” autónoma, lo que se concretó en 1850.

El. P. Neumann fue ordenado Obispo de Filadelfia dos años más tarde. Desde esa ciudad organizó el sistema diocesano de escuelas católicas, convirtiéndose en el gran impulsor de la educación católica en el país. Asimismo, fundó a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco, dedicadas a la enseñanza en las escuelas y fue el promotor de la construcción de más de 80 templos en el país.

San Juan Neumman fue un hombre sencillo, de corta estatura, y, aunque nunca tuvo una salud robusta, realizó una gran actividad pastoral y literaria. Escribió muchos artículos en revistas y periódicos, publicó dos catecismos y una historia de la Biblia para escolares.

El 5 de enero de 1860, con tan solo 48 años de edad, el Señor lo llamó a su presencia. Mons. Neumman sufrió un colapso y se desplomó en la calle. Fue beatificado en 1963 por el Papa San Pablo VI y canonizado en 1977 por el mismo Pontífice.

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