Dios en la Tierra

Hoy el santoral recuerda al Beato Enrique Susso

28 Marzo. Lunes de la 4ª semana de Cuaresma. El santoral recuerda al Beato Enrique Susso. Evangelio de hoy.

Libro de Isaías 65,17-21.

Así habla el Señor:
Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria,
sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo.
Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos.
Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito.
Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.

Salmo 30(29),2.4.5-6.11-12a.13b.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.

«Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!

Evangelio según San Juan 4,43-54.

Jesús partió hacia Galilea.
El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún.
Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”.
El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”.
“Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía.
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Hoy se celebra al Beato Enrique Susso, quien nos recuerda la importancia de conocer nuestra fe

Hoy, 28 de marzo, la Iglesia recuerda al Beato P. Enrique Susso (a veces, Susón), místico, predicador, sabio director espiritual y ejemplo de fortaleza espiritual a lo largo de su vida. Es conocido, entre otras razones, por haber sido un eminente discípulo de Eckhart de Hochheim, el “Maestro Eckhart”, dominico alemán iniciador de la corriente denominada “misticismo especulativo” o “escuela mística renana” (debido a que esta surgió a orillas del río Rin, Renania, Alemania).

La importancia del estudio para la vida espiritual

El Beato Enrique Susso -forma castellanizada de ‘Heinrich Seuse’- fue presbítero de la Orden de Predicadores (dominicos), tal y como lo fue Eckhart, su maestro. Suso fue el autor de un brillante tratado sobre la sabiduría de Dios, “El pequeño libro de la Eterna Sabiduría”, y, motivado por la predicación, desarrolló un conjunto de reflexiones sobre temas místicos, entre los que destacan los textos dedicados al Nombre de Jesús.

El beato nació en Suabia (Alemania) en 1296. A los 13 años fue admitido como religioso en el convento de los padres dominicos en Constanza. Solo tres años más tarde, Enrique ya estaba convencido de que Dios lo llamaba a consagrar el resto de su vida a la oración y al estudio.

De 1324 a 1327 fue enviado a estudiar filosofía y teología al Studium Generale Dominico de Colonia, lugar donde conoció a Eckhart. Lamentablemente, el maestro sería condenado -hoy sabemos que injustamente- por los censores eclesiásticos, tras considerarse heréticas algunas de sus tesis. La rehabilitación del teólogo renano llegaría recién siglos más tarde, en 1992, gracias a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La Verdad y la Eterna Sabiduría

Tras la muerte de su maestro en 1328, producida un año antes de recibir la condena, Enrique se dedicó a la redacción de “El pequeño libro de la verdad”, obra considerada como una defensa del Maestro Eckhart. En dicho texto el beato sostiene que las tesis de su maestro fueron “maltratadas a veces por personas, ignorantes aunque espirituales, que las han malinterpretado”.

Su segunda obra, “El pequeño libro de la Eterna Sabiduría”, fue escrita hacia 1330. En el texto, Suso parte de sus meditaciones contemplando el crucifijo para ilustrar el proceso de “conformación” del alma con la pasión de Cristo y la compasión de María. Dicho proceso implica que el alma vaya tomando ‘la forma de Cristo’, algo que debe realizarse a través de un ‘diálogo’ entre la “Eterna Sabiduría” (Dios) y el “servidor” (o siervo), es decir, la persona.

Ambas publicaciones -de gran impacto en aquel momento en Países Bajos, Francia, Italia e Inglaterra- generaron incomprensión dentro de la Orden de Predicadores y terminaron siendo denunciadas también. A Suso se le pidió rendir cuentas ante el Capítulo General de los dominicos, no obstante, después sería exculpado, tras ratificarse su ortodoxia.

Estudio y oración para anunciar mejor al Señor

Entre 1335 y 1337, Enrique cambió el estilo de vida conventual y ascético por los viajes y la predicación. Dejó atrás la vida académica para convertirse en director espiritual, especialmente de monjas y beguinas.

Sus últimos años los pasó en Ulm, donde continuó en la dirección de las almas, mientras revisaba sus escritos. Falleció el 25 de enero de 1366.

Mística

De acuerdo a la tradición el beato tuvo visiones místicas, entre las que se cuenta más de una aparición de la Santísima Virgen María. En una de esas ocasiones Enrique le preguntó qué medios debería emplear para alcanzar más fácilmente la santidad y la salvación, y Ella le respondió lo siguiente: “Negarse a sí mismo; no apegarse a las criaturas; recibir todo lo que sucede, como venido de la mano de Dios, y ser infinitamente paciente y amable con todos, aún con los que son ásperos e injustos en su modo de tratarlo a uno”.

Enrique Susso fue declarado Beato por el Papa Gregorio XVI en el año 1831. Entre los muchos seguidores de sus enseñanzas, podemos encontrar nombres ilustres como Tomás de Kempis y San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia.

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