Desde hace más de 12 años, cada enero, equipos de INTA recorren la región pampeana monitoreando el estado poblacional y de las comunidades de las aves con el objetivo de contar con una alerta temprana de problemas ambientales y generar información para desarrollar agroecosistemas mas sostenibles. A partir de las mortandades masivas de aguiluchos langosteros ocurridas en los años 1996-1997 como consecuencia del uso inadecuado de plaguicidas en cultivos y pasturas, surgió la necesidad de contar con información precisa sobre el estado de las poblaciones de aves silvestres y su tendencia en el tiempo. Fue así que en el año 2001 el INTA implementó un Programa de Monitoreo de Poblaciones de Aves en gran parte de las regiones Pampeana y del Espinal.
Desde hace más de 10 años, durante la primera quincena de enero de cada año, 5 equipos de observadores de aves recorren gran parte de las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y Buenos Aires, registrando la presencia y abundancia de aves, así como la cobertura del suelo.
El área de estudio comprende 255.000 km2 de las ecorregiones de la Pampa y el Espinal. Esta es la principal zona agrícola en Argentina con la mayor extensión de cultivos anuales (trigo, soja, girasol, sorgo y maíz, y pasturas cultivadas la cual se encuentra altamente modificada debido a la expansión e intensificación agrícola, y las consecuentes pérdida de hábitat para biodiversidad y mayor intensidad de uso de agroquímicos.
Resultados parciales y recomendaciones asociadas
Sonia Canavelli de INTA Paraná, aseguró “este programa permitió determinar tendencias temporales de la densidad poblacional de aves, algunas de las cuales son muy comunes en los sistemas agropecuarios y pueden generar daño en producciones de cultivos extensivos, como la paloma mediana y la cotorra”.
Los reclamos de los productores por los daños ocasionados por estas especies en cultivos extensivos, como girasol y soja, se incrementaron en los últimos años. “El programa de monitoreo mostró aumentos en las poblaciones de estas especies, particularmente en algunas regiones, y permitió vincular estos aumentos con variaciones en el uso de la tierra y en el clima, contribuyendo a interpretar los problemas surgidos y orientar acciones de manejo para disminuir los mismos”. Noelia Calamari de INTA Paraná comenta que a partir de los datos que han recogido “se pueden observar tendencias en especies insectívoras y que potencialmente podrían brindar servicios de control de insectos plaga, como la tijereta y tordo pecho colorado. La tendencia poblacional de esta última especie, estaría en disminución en zonas agrícola-ganadera”.
Los resultados y recomendaciones que surgen de este monitoreo son muy variadas. “En estos 12 años se encontró que la tendencia en la presencia del chinchero chico, y de la lechucita vizcachera es decreciente”, tal como afirma Jaime Bernardos de INTA Anguil.
Andrea Goijman de INTA Castelar agrega “nuestros resultados llaman la atención sobre la necesidad de adoptar medidas de conservación de varias especies, que son poco frecuentes o que aparentemente están experimentando declinaciones. Por ejemplo, el capuchino garganta café, la perdíz colorada o el aguilucho langostero, las primeras dos parecerían estar declinando. Otras especies problemáticas como la torcaza común o la cotorra son muy frecuentes y se encuentran en aumento. Por otro lado, algunas especies insectívoras han demostrado la importancia de conservar parches pequeños de vegetación, como banquinas vegetadas, que proveen hábitat dentro del paisaje agrícola. Entre estas especies podemos mencionar algunas como el chotoy, el pijuí cola parda, el chororó o la calandria. Finalmente, aunque los gremios de aves insectívoras están bien representados en el paisaje agrícola, algunas especies que se alimentan en el suelo serían las más perjudicadas por una alta cobertura de soja, como por ejemplo las cachirlas, el leñatero, cacholote, y otras como el batitú y el tero”.
Laura Solari, investigadora del Instituto de Recursos Biológicos (IRB) del INTA Castelar, comenta que “se han realizado análisis relacionando la composición y configuración del paisaje agrícola con la riqueza de aves. Dichos estudios expresan que para las aves es importante la cercanía a vegetación arbórea nativa, recomendando la presencia de este tipo de vegetación a una distancia que no supere los 800 metros y así favorecer la presencia de aves silvestres en los agroecosistemas”.
La especialista, cuenta que en la provincia de Entre Ríos “se realizó un análisis donde la extensión de bordes arbóreo-arbustivos y de parches de monte, así como la diversidad de ambientes naturales o semi-naturales resultaron ser los elementos del paisaje de mayor importancia para la riqueza de aves insectívoras. Se detectaron umbrales de respuesta, donde conservar un 20% de monte nativo o un 7% de bordes arbóreo-arbustivos aumenta sustancialmente la riqueza de aves insectívoras, especies que podrían contribuir en el control de plagas”.
Para María Elena Zaccagnini, ex coordinadora del Área Biodiversidad del IRB, “este programa de monitoreo es una fuente de información científica de escala regional para evaluar los efectos de los cambios tecnológicos que se están incorporando en la agricultura moderna de Argentina”.















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