El día sábado 30 de noviembre, alrededor de las 02:00 hs, se produjo una intensa tormenta en Entre Ríos, el temporal estuvo acompañado de vientos muy fuertes, granizo y abundante caída de agua en cortos períodos de tiempo.
En la figura tomada del Radar Meteorológico del INTA se pueden visualizar la intensidad y reflectividad de la tormenta en los departamentos Paraná, Victoria, Diamante y Uruguay.

El Sistema de Información Agrícola de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (SIBER) dijo este jueves que “todavía” se está evaluando el impacto en la superficie y nivel de daño de los cultivos de maíz, trigo, soja y pasturas.
Más allá del impacto económico y productivo , en diálogo con los productores afectados, surgen la emociones que generan un evento de semejante envergadura que deja como consecuencia graves pérdidas.
Ejemplo de perseverancia
Martín Weiss es un jóven productor de la zona de Colonia Merou, donde una de las más severas mangas de granizo aniquiló lo que encontró a su paso. Según detalló a Mundo Rural “la piedra me afectó unas 70 hectáreas de maíz y otras 70 de praderas que tenía para el tambo. Mi campo está en Colonia Merou a 3 km de ruta nº 12. Lamentablemente no tenía seguro. Tengo 33 años y nunca había visto algo igual”, y agrega “sentí bronca y tristeza al principio pero ahora ya estoy con ganas de sembrar el maíz de nuevo ya que de segunda estamos a tiempo”.
Martín nos comentó que se quedó sin praderas para alimentar las vacas del tambo, además el granizo dañó el tractor y los silos bolsa.
Sin nada de la noche a la mañana
En el caso de Pablo Regner, productor agropecuario que trabaja junto a su familia, también se vieron muy afectados por el granizo del sábado, según nos contó perdieron el 100% del trigo y el maíz, “no nos quedó nada” , lamentó, “yo tengo 30 años y no recuerdo una cosa así, pero mis padres me cuentan que hace unos 20 años hubo un evento peor porque fue una granizada acompañada de fuertes vientos como un tornado, y en esa oportunidad arrasó con todo”
Pablo reflexiona sabiamente “el campo es así, aunque es una amargura muy grande” y agrega, “el viernes a la noche estábamos trillando trigo con 36 quintales, y a la mañana siguiente literalmente no quedaba nada, aunque lo teníamos asegurado no era por el rinde que veníamos teniendo, es feo”.
Fuerte golpe a la sensibilidad
Walter Schneider, con 42 año, también es productor de Colonia Merou, nos cuenta muy consternado que las pérdidas fueron enormes, “perdí toda la alfalfa, eran 30 hectáreas, también el trigo y el maíz”. Walter nos comenta que nunca había visto algo así, sus padres que tienen 70 años, y mi mamá recuerda que a los 16 años vió algo similar”.
Para Walter la sensación es de “mucha impotencia, me gusta mucho andar a caballo, pero estos días no quiero ni salir al campo, el panorama es realmente desolador, muchos teros muertos, los silos bolsa perforados, los maíces trillados por el granizo, la vacas lastimadas pobrecitas, el alfa se va secando, la plantación de zapallos arrasada”.
Según el productor la producción de leche bajó , “demasiado pasaron los pobres animales a la intemperie, al otro día se les veía el lomo lastimado, ahora sin alfalfa, a puro palo seco, se nota en el bajo rendimiento”.
Este es un pedacito muy pequeño de la realidad a la que deben enfrentarse todos días quienes producen los alimentos que consumimos, batallan con un abanico de plagas que atacan los cultivos, viven con más intensidad los cambios climáticos adversos, la inestabilidad climática genera claramente efectos moderados a graves, como en este caso, sobre la producción. Por eso es importante destacar cuánto arriesga un agricultor, cuánto pone en juego con cada cultivo, cuán importante es su labor en cada comida que consumimos, cuál es su rol en las vidas cotidianas de las ciudades, cuáles desafíos tienen hoy y finalmente, cuánto realmente es reconocido el trabajo y esfuerzo de los agricultores. Preguntas que tienen respuesta y no deben quedar en la retórica.

































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