UN BREVE REPASO POR LA HISTORIA
Los primeros viñedos se iniciaron en Entre Ríos en el siglo XIX: en Colonia San José y Concordia en la década de 1860, y en 1870 en Victoria y Federación.
En 1890, en el departamento de Colón ya existían 600 hectáreas de viñedo en plena actividad, y 5 años más tarde superaron las 900 has. La cepa cultivada era de origen americano, Vitis Labrusca variedad Filadelfia.
Durante el período 1885-1935, fue el departamento de Concordia quien se consolidó como el más importante en producción vitivinícola, por el gran desarrollo que alcanzó la industria en ese lugar, con una variedad de Vitis Vinífera de origen francés llamada Lorda (actualmente Tannat).
Durante 1890 la cantidad de cepas cultivadas en Entre Ríos era superior a la cultivada en la región de Mendoza y San Juan, principales productores en la actualidad, y hasta 1916 la actividad creció en un 700%. Brassesco y Ezpeleta (2013) afirman que al comienzo del siglo XX, Entre Ríos se posicionaba como una región de relevante producción, alcanzando un importante lugar como productora tanto de vinos como de fruta, a nivel nacional. A pesar del buen presagio por el cual transitaba dicha producción, con aproximadamente 5000 ha de vides implantadas y un vino de calidad competitiva en el mercado, una política desfavorable provocó el derrumbe de la vitivinicultura entrerriana (Brassesco y Ezpeleta, 2013).
En 1934 se sancionó la Ley N° 12.137 de Regulación Vitivinícola, la cual se llevó a cabo durante el mandato presidencial de Agustín Pedro Justo (1932-1938), y surgió como respuesta de las fuertes crisis que el sector venía padeciendo desde años precedentes, por superproducción y subconsumo.
La creación de la Junta Reguladora de Vinos, fue una de las políticas más destacadas del estado intervencionista aplicada a la industria vitivinícola, junto a la unificación de impuestos sobre el vino bajo un mismo tributo a ser percibido por dicho estado (Ospital, M.S.; Cerdá, J.M; 2016). Según Brassesco y Ezpeleta (2013), el fin de tal organismo fue desanimar la actividad en Entre Ríos (así como en el resto de las provincias argentinas), para fomentar la producción de vinos de la región de Cuyo, que en aquella época según Guevara (1949) transitaba su tercera crisis productiva.
Sesenta años se tardó en derogar las políticas aplicadas (1934-1993) y 12 años después de la derogación (1993-2005), la provincia ha comenzado nuevamente a encaminarse sostenidamente en los viñedos. El desarrollo de esta actividad se concretó con la constitución de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER), entidad que nuclea a bodegas y viñedos provinciales y que se dedica a trabajar para el sector: investiga, releva, informa, difunde, organiza eventos y coordina actividades (Secretaría de Comunicación del Gobierno de Entre Ríos, 2018).

ACTUALIDAD
Hace un tiempo, la actividad vitivinícola de Entre Ríos comenzó a ser noticia en diversos portales productivos por su sostenido crecimiento que, según Passadore 1* (2019), surge de manera incipiente entre los años 2005 y 2006, teniendo en cuenta la interrupción de la producción en la provincia durante seis décadas, que ha generado la pérdida del “saber hacer”. Para Zapata 2* (2019), dicha pérdida lleva tiempo recuperarla, sin embargo, asegura que el futuro de la actividad es promisorio si se lleva a cabo una producción asesorada y supervisada adecuadamente.
El Observatorio Vitivinícola Argentino, demuestra el avance que ha tenido la actividad en la provincia según el siguiente cuadro:

Desde 2005 hacia atrás sin datos
Coincide con lo dicho por Passadore (2019), el hecho de que desde el año 2005 para atrás no hay datos de vitivinicultura en Entre Ríos.
En la actualidad, existen en Entre Ríos aproximadamente 50 productores y 3 bodegas habilitadas: Borde Río en Victoria, Los Aromitos en Diamante y Vulliez Sermet en Colón (Meier 3 , 2019). Las principales variedades implantadas son Tannat en primer lugar, le siguen Marselan, Malbec y Merlot. Muy por debajo también se pueden encontrar Chardonnay, Syrah, Cabernet Sauvignon y Viognier (Instituto Nacional de Vitivinicultura, 2019).
La producción se lleva a cabo en 68 hectáreas del total de la provincia. Concordia y Colón concentran la mayor superficie de viñedos: más del 70 % de la superficie se concentra en estos dos departamentos, con 33,8 y 15,8 hectáreas implantadas respectivamente. El resto de la producción se distribuye entre Diamante, Gualeguaychú, Paraná, Uruguay, Victoria, Villaguay, La Paz y Nogoyá sumando el 30% restante (Secretaría de Comunicación del Gobierno de Entre Ríos, 2018).
El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) relevó los quintales (qq) cosechados por departamento y por variedad en lo que va del año 2019: Entre Ríos alcanza un total de 1652 qq., de los cuales Concordia y Diamante encabezan la lista de los departamentos con 1156 y 329 qq respectivamente. Hay una brecha importante entre ambos, sin embargo la diferencia se achica con el tercer lugar, Colón, con 160 qq. Muy por debajo le siguen Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, donde los viñedos son relativamente nuevos.
Para el año 2018, los qq cosechados en toda la provincia fueron de 1038 qq., por lo tanto se evidencia un crecimiento de un año respecto al otro.
Excluyendo del análisis a las principales provincias productoras (San Juan y Mendoza), y tomando al resto del país, conformado por Buenos Aires, La Pampa, La Rioja, Neuquén, Río Negro, Salta, San Luis, Tucumán, Catamarca, Chubut, Córdoba y Jujuy, Entre Ríos ocupa el 9° lugar, con el 0,14 %. Del total de la superficie cultivada en Argentina en 2018 (153.025 Ha.), Entre Ríos representa el 0,041 % aproximadamente, según datos extraídos del Observatorio Nacional de Vitivinicultura.
El promedio de producción provincial, ronda entre 4000 y 9000 Kg. de uva por hectárea, dependiendo de las condiciones climáticas y las prácticas de cultivo de cada productor .
La conversión de kilos de uva a litros de vino, se calcula: 1 Kg de uva = 650 cc litros de vino, aproximadamente (Brassesco, R; Ezpeleta, V: 2013).
El destino final de la producción de los viñedos entrerrianos es la elaboración de vinos de calidad y varietales o bivarietales. Se obtiene un vino poco alcohólico y frutado (Passadore, 2019.), cuyo principal destino es el abastecimiento del mercado regional (Secretaría de Comunicación del Gobierno de Entre Ríos, 2018).
El 0,005% del vino que se comercializa en el mercado interno proviene de Entre Ríos, este porcentaje se traduce en 378 hectolitros, de los cuales 10 son espumosos, 282 varietal y 87 sin mención varietal. Respecto al año 2017, Entre Ríos aumentó en un 5,8% la participación en el mercado interno, ya que en 2017 comercializó 357 hectolitros (Instituto Nacional de Vitivinicultura, 2018).
Ventajas y dificultades
En este sentido, la actividad presenta una dificultad: la baja escala de producción, que restringe la competencia con vinos elaborados en otros lugares, debido a la relación precio/calidad lograda. Además, la falta de bodegas y el hecho de que se debe volver a instalar la idea de que se pueden hacer buenos vinos en la zona (Meier, 2019) generan un retardo en el desarrollo de la actividad. Por lo tanto, se considera importante impulsar las ventajas que presentan: el vínculo con el turismo y con la historia de la vid en la provincia.
El “productor hobby”
Con relación a las ventajas mencionadas, se presentan dos tipos de productores vitivinícolas en Entre Ríos. Por un lado, Meier (2019) describe al productor que se desenvuelve en una superficie entre 1 a 8 hectáreas, cuyo objetivo es la diversificación productiva con fines netamente comerciales. Gran parte de estos productores, desarrollan la actividad por tradición familiar. Zapata y Passadore (2019) hacen referencia al tipo de productor que invierte en la actividad porque le resulta gratificante implantar y cuidar plantas que pueden durar muchos años, es decir, un “hobby”.
Los productores hobby no se enmarcan en el escenario típico de producción agropecuaria. Pertenecen a una clase social media-alta, la mayor proporción de sus ingresos provienen de actividades no agropecuarias, poseen en propiedad superficies pequeñas con aptitud agrícola cerca de centro de urbanos y se dedican a tiempo parcial a las actividades de la explotación (Ras et al., 2011). Son personas o familias que tienen otra actividad principal, es decir que es una actividad complementaria. Este tipo de productor, característico de la actividad vitivinícola actual, está asociado al desarrollo de sus viñedos vinculado al turismo.
Si bien el productor hobby por lo general trabaja a una escala menor (máximo 5 ha.), en este caso, ambos tienen en común la mano de obra familiar: “muchos se están capacitando, y lo hacen como un proyecto adicional. Lo más importante es que por lo general se involucra a toda la familia en su desarrollo” (Zapata, 2019).
Un ejemplo de productor hobby se encuentra en Urdinarrain, sobre Ruta Provincial N° 20. Su dueño relata que a raíz de un proyecto turístico para la zona, emprendió la realización de un viñedo formado por una hectárea de tierra, donde dividió media hectárea para la variedad Merlot (tinto) y media hectárea para la variedad Chardonnay (blanco).
En total tiene implantadas 3500 cepas, traídas de Mendoza, injertadas sobre pie de origen americano, cuya característica es de buena adaptación para los suelos entrerrianos. Además tiene 50 plantas de la variedad “Red Globe”, destinada a la producción de vino de mesa, aunque asegura que será de consumo propio, dado que el objetivo principal no será la comercialización de vino en las góndolas, sino poder producir un vino regional o de denominación de origen, para atraer el turismo. Admite que la vitivinicultura en la provincia viene creciendo de la mano del enoturismo (o turismo enológico). No sólo el objetivo de la actividad es la producción de la fruta o la variedad en vinos, sino la construcción de un proyecto que atraiga al turista y que recorra el viñedo, disfrutando de almuerzos en el campo, cata de vinos y distintos tipos de espectáculos.
Si bien se reconoce que la actividad turística es importante para el desarrollo de la vitivinicultura, Zapata (2019) reconoce otra dificultad que retrasa el buen desempeño de la actividad: la deficiencia que hay entre dicha producción y su vínculo con universidades y la generación de profesionales relacionados al sector. La falta de especialistas en la región, no solo repercute en los costos productivos, sino que además no se genera un nexo sólido entre las distintas áreas para potenciar a la vitivinicultura y generar así, la innovación necesaria para que dicha producción logre instalarse definitivamente.

Entre Ríos cuenta con recursos naturales que posibilitan la producción: clima, suelo, adaptación del cultivo, productores dispuestos a llevar adelante la actividad. Sin embargo, aún falta generar el apoyo institucional por parte del estado y de universidades, la generación de recursos humanos especializados, para motivar la vitivinicultura de la
provincia. Una consecuencia de lo mencionado recientemente es la ausencia de información acerca de la actividad en la provincia.
En el año 2018, Álvaro Gabás, secretario de Producción del Gobierno de Entre Ríos, expresaba que: “Entre Ríos cuenta con un gran potencial para el cultivo de la vid y la elaboración de vinos y espumantes, es por ello que resulta de suma importancia que la Secretaría de Producción se ponga a disposición para trabajar de forma coordinada junto a los productores entrerrianos en el perfeccionamiento de la cadena vitivinícola”.
Por parte de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER), Zapata destacó que hay apoyo desde la Secretaría de Turismo para impulsar el enoturismo y divulgar la producción de vinos. Además se está procurando respaldo para la contratación de profesionales que apoyen el desarrollo de la actividad.
AVER se creó en el año 2010, y está constituida por 75 productores de vid de la provincia. Trabaja para devolver a la provincia su estatus histórico de productores de uvas y vinos de calidad. “El éxito de la actividad depende de lograr productos de calidad relacionadas al terroir entrerriano, aplicando técnicas y conocimientos vitivinícolas acordes al clima y suelos de la región”. Tal expresión reafirma la importancia que representa para la
Terroir es una palabra francesa que no tiene traducción directa al español, pero si se asocia con el término“terruño”. Es la combinación de factores naturales inmutables como la capa superior del suelo, el subsuelo, el clima, la pendiente, altitud, que posee cada viñedo en particular. Por lo general, no existen dos viñedos con la misma combinación de factores, por esto se dice que tal combinación más la mano de obra del hombre, generan un vino único en cada ocasión (www.areadelvino.com) producción actual, la vitivinicultura de los inicios del siglo XX y la necesidad de innovar para instalarse definitivamente y poder ofrecer un aporte a la revalorización de la región.
1 Passadore, A. 2019. Ingeniero agrónomo, especialista en viñedos. Asesor.
2 Zapata, N. 2019. Presidenta de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER).
3 Meier, G. 2019. INTA Concordia






























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