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Armonía social e independencia

por Pedro Aguer 

Es hora de tener en claro que la democracia no es el gobierno para las mayorías solamente sino para todo el pueblo.

Es hora de comprender que las elecciones son para elegir nuevas autoridades no para adueñarse del gobierno.

Que al gobierno lo forman la mayoría y las minorías con representación en el CONGRESO, EN LAS LEGISLATURAS Y EN LOS CONCEJOS DELIBERANTES y que los tres poderes, Ejecutivo, Judicial y Legislativo deben actuar de manera independiente.

La armonía social se construye con el funcionamiento de la República a pleno.

Si así fuese no existirían problemas graves de falta de ética.

No habría corrupción, porque el equilibrio de los poderes garantizaría un control realizado de manera objetiva y se cultivarían los valores de una convivencia en paz.

La idoneidad para el desempeño de la función pública es imprescindible.

Necesitamos ponernos de acuerdo en estas mínimas razones para recuperar el tiempo perdido en desencuentros de carácter mezquino y para obrar en una reparación adecuada a los tiempos modernos en los que son cada vez mayores las exigencias de todo tipo.

Con una buena administración no habría tanto resentimiento, tanta discordia, entre los habitantes de la Nación. La dirigencia no tendría tiempo para perder, sino para aprovechar. Nos encontraríamos con un trabajo político dedicado al bienestar genera y sería vergonzoso ocuparse, actuando en política, de los intereses personales.

Administrar los bienes de todos es un imperativo categórico, pero con sentido de la igualdad, la equidad y la justicia.

El político no tiene por qué saber todo de todo, pero tiene la obligación de poseer un panorama general que le permita saber quienes son los que pueden desempeñarse con la necesaria y suficiente responsabilidad en las tareas que se le confíen.

Delegar funciones es primero saber que quién será responsable de ello puede actuar con autonomía debido a sus conocimientos y a su decencia. Aquí está lo que el gobernante no debe descuidar: Delegar en personas honorables y dignas las tareas ministeriales o de jerarquía, pues ocupar un puesto en el Estado es un honor, no una oportunidad para enriquecerse.

Hemos actuado durante mucho tiempo de esta manera y los resultados están a la vista. No nos ha ido bien y no nos va bien.

La gran deuda no es por arte de magia sino porque hubo quienes la adquirieron, dejando que el poder económico internacional ejerciera presiones, inclusive destituyendo gobiernos y contrariando en todo momento las leyes y las necesidades reales de nuestro pueblo.

Ahora la deuda está y hay que pagarla, pero el pueblo que no la contrajo ni recibió beneficios es el que realiza los sacrificios para “honrar” la deuda, quedando a un lado sus propios problemas, porque ahora la consigna es pagar.

Pagar lo que se deba pagar, pero no todo lo que nos quieran hacer pagar.

Para que esto sea posible debemos avanzar en un entendimiento entre todos los partidos políticos y entre las organizaciones no gubernamentales, mediante un diálogo franco, en el que predomine la confianza.
Lo que por cierto no lograremos si nos manejamos con soberbia y sin reconocer los errores propios y tener la humildad de reconocer los aciertos ajenos.

Nadie ha sido ni es dueño de la verdad. Ni está escrito que deba serlo.

Lo que falta por recorrer hacia el futuro nos propone actuar con sabiduría y con honradez, de lo contrario continuaremos en un desencuentro permanente y de este modo seremos nosotros mismos los artífices de la dependencia a la que inexorablemente nos llevará la falta de solidaridad y de fraternidad, que el enemigo ha sabido sembrar con mucha inteligencia.

Nosotros los argentinos somos tan inteligentes como el que más y también cometemos errores, lo que nos debemos imponer es de aquí en adelante convocarnos sinceramente en torno a los ideales de nuestra historia y al compromiso de construir un futuro mejor, que es posible, para demostrarnos a nosotros mismos y al mundo, que somos dignos de un bella, grande y gloriosa Nación, por nuestra capacidad,
perfectamente probadas en todos los terrenos del trabajo y de las ciencias, y por nuestra vocación de igualdad y paz entre los hombres y entre todos los pueblos del mundo.

Pedro Aguer

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