Dios en la Tierra

Hoy la Iglesia conmemora a San Onésimo, Obispo de Éfeso

16 de febrero de 2020. Sexto Domingo del Tiempo Ordinario. Como todos los domingos compartimos la reflexión del Padre Alfredo Nicola .

Libro de Eclesiástico
15, 15 – 20.

Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada.
Él puso ante ti el fuego y el agua : hacia lo que quieras, extenderás tu mano.
Ante los hombres están la vida y la muerte : a cada uno se le dará lo que prefiera.
Porque grande es la sabiduría del Señor, él es fuerte y poderoso, y ve todas las cosas.
Sus ojos están fijos en aquellos que lo temen y él conoce todas las obras del hombre.
A nadie le ordenó ser impío ni dio a nadie autorización para pecar.

Salmo 119 (118) , 1 – 2. 4 – 5. 17 – 18. 33 – 34.

Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor,
Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón,

Tú promulgaste tus mandamientos
para que se cumplieran íntegramente.
¡Ojalá yo me mantenga firme
en la observancia de tus preceptos!

Sé bueno con tu servidor,
para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.
Abre mis ojos,
para que contemple las maravillas de tu ley.

Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos,
y yo los cumpliré a la perfección.
Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.

Carta I de San Pablo a los Corintios
2, 6 – 10.

Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción.
Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo; aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria.
Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.
Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios.

Evangelio según San Mateo
5, 17 – 37.

Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe 0, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta , merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice , merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

Propósitos

Cumplir y enseñar mandamientos… ¿Qué tanto tomo en serio las palabras del Evangelio? ¿Es sólo una metáfora o es más profundo el tema? Podríamos comenzar por evitar día a día en la semana todo signo de homicidio: enojo, irritación, insulto, maldición… y hacer ofrendas concretas ante el altar de Dios.
¡A brillar!
¡Amén y adelante!

P. Alfredo Nicola
(Argentina)

Hoy la Iglesia conmemora a San Onésimo, Obispo de Éfeso

San Onésimo fue un esclavo fugitivo que se convirtió en Obispo de Éfeso y que murió mártir al ser lapidado en Roma. Su nombre proviene del griego y significa “provechoso”.

Según el Martiriologio Romano, Onésimo “fue acogido por San Pablo de Tarso y engendrado como hijo en la fe”. Este suceso ocurrió cuando huía de la justicia tras haberle robado a su amo Filemón, un cristiano acomodado y líder de la Iglesia de Colosas (territorio de la actual Turquía).

Fue entonces cuando Onésimo entró en contacto con San Pablo, quien se hallaba entonces prisionero en Roma. El Apóstol lo convirtió, bautizó y lo envió a la casa de su antiguo amo con una carta de recomendación tal como está escrito en su carta a Filemón 10-12: “Te ruego en favor de mi hijo, a quien engendré entre cadenas, Onésimo, que en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es muy útil para ti y para mí. Te lo envío de vuelta, y con él va mi propio corazón”.

En los versículos 18-19 de la misma epístola Pablo se compromete a pagar las deudas de Onésimo “Si en algo te ofendió, o algo te debe, ponlo a mi cuenta; yo, Pablo, lo firmo con mi puño y letra, yo pagaré”.

De 25 versículos que contiene la carta de San Pablo a Filemón, 12 son dedicados a presentarle a Onésimo como hijo suyo. En su carta a los colosenses (4, 7-9) es nombrado nuevamente y cuenta que volvió de nuevo a casa de Filemón y finalmente fue aceptado como un verdadero hermano:

“En cuanto a mí, de todo os informará Tíquico, el hermano querido, fiel ministro y consiervo en el Señor, a quien os envío expresamente para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones. Y con él a Onésimo, el hermano fiel y querido compatriota vuestro. Ellos os informarán de todo cuanto aquí sucede”.

Según parece, Filemón perdonó y puso en libertad a su esclavo arrepentido y lo mandó reunirse de nuevo con San Pablo.

San Jerónimo cuenta que Onésimo llegó a ser predicador del Evangelio y luego Obispo de Éfeso por orden del Apóstol Pablo. Posteriormente, Onésimo fue hecho prisionero y llevado a Roma, donde murió lapidado.

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