Dios en la Tierra

Hoy se celebra al Beato Bartolomé Gutiérrez

Miércoles de la vigésimosegunda semana del Tiempo Ordinario. El santoral también recuerda al Beato Pedro Jacobo María Vitalis y a San Esteban de Hungría.

Carta I de San Pablo a los Corintios 3,1-9.

Hermanos: Por mi parte, no pude hablarles como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo.
Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían tolerarlo, como tampoco ahora,
ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre ustedes, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana?
Cuando uno dice: “Yo soy de Pablo”, y el otro: “Yo de Apolo”, ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre?
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales ustedes han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor.
Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios.
Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer.
No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado.
Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios.

Salmo 33(32),12-13.14-15.20-21.

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.

él mira desde su trono
a todos los habitantes de la tierra;
modela el corazón de cada uno
y conoce a fondo todas sus acciones.

Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.

Evangelio según San Lucas 4,38-44.

Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”. Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: “También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado”.
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Amén

Hoy se celebra al Beato Bartolomé Gutiérrez, misionero y mártir mexicano

El Beato Bartolomé Gutiérrez fue un sacerdote agustino misionero que pasó gran parte de su vida logrando múltiples conversiones en Japón, pero que recibió la corona del martirio el 3 de septiembre de 1632 junto con otros misioneros.

Se sabe que ejerció un ministerio ejemplar entre los fieles japoneses, predicándoles y administrando los sacramentos a escondidas. Se enfrentó al peligro de las persecuciones viviendo en los campos y el bosque, pasando hambre, pobreza y climas adversos. Asimismo practicaba ayunos, mortificaciones y vigilias.

Nació en Ciudad de México el 4 de septiembre de 1580 y a los 16 años ingresó a la orden agustina. En 1596 tomó el hábito en el convento de San Agustín y profesó en dicha orden un año después. Hechos los estudios eclesiásticos fue ordenado sacerdote.

Sus compañeros en la orden se burlaban de él por su sobrepeso y creían que no soportaría la vida de misionero. No obstante, en una ocasión profetizó su destino: “Tanto mejor, así habrá más reliquias que repartir cuando muera mártir, porque algún día iré a Filipinas y de allí a Japón donde moriré por la Fe de Cristo”.

En 1606 fue alistado entre otros misioneros a la misión en Filipinas y ya en el lugar fue designado como maestro de novicios. Tenía una gran facilidad para los idiomas, sabía latín y aprendió rápidamente el japonés.

En 1612 se embarcó a Japón y un año después fue nombrado prior del convento de Usuki donde se entregó de lleno a la evangelización, teniendo pronto a su cargo una gran comunidad de fieles.

En 1615 hubo un decreto de expulsión para los religiosos en Japón y el Beato Bartolomé fue expulsado, volviendo a Filipinas. Sin embargo, tiempo después el provincial lo volvió a designar a Japón acompañado del Beato Pedro de Zúñiga, regresando ambos a tierra de misión el 12 de agosto de 1618.

En este segundo viaje a Japón permaneció 15 años ejerciendo su ministerio activamente, en medio de tribulaciones y persecuciones.

En 1631 fue trasladado con sus compañeros a Nagasaki, lo mantuvieron prisionero durante tres años y luego fue quemado vivo hasta que su cuerpo quedó reducido a cenizas y éstas arrojadas al mar.

Además de Bartolomé un grupo de 205 mártires encabezados por el Beato Alfonso Navarrete fueron elevados a los altares el 7 de julio de 1867 por el Beato Pio IX.

El Beato Bartolomé recibió el culto litúrgico en México el 2 de septiembre con el grado de memoria opcional y las oraciones de la misa y la liturgia de las horas se refieren únicamente a él.

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