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Dios en la Tierra: El valor de las oportunidades y el llamado al cambio

En la rutina del trabajo rural, la tierra nos enseña permanentemente sobre los tiempos de siembra, la paciencia y las oportunidades de renovación. Así como un campo puede transformarse con la labor adecuada, las lecturas litúrgicas de este Domingo XXVI del Tiempo Ordinario nos invitan a reflexionar sobre la capacidad de cambio, el arrepentimiento sincero y las nuevas oportunidades que Dios pone en nuestro camino

Escuchar la Reflexión del Padre Alfredo

Te invitamos a escuchar el audio con el Evangelio de hoy y la meditación del Padre Alfredo:

Lecturas del Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

Primera Lectura: Libro de Ezequiel (18, 25-28)

Ustedes dirán: “El proceder del Señor no es correcto”. Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. Él ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.

Salmo Responsorial 25 (24)

R. Acuérdate, Señor, de tu compasión.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

Yo espero en ti todo el día. Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Segunda Lectura: Carta de San Pablo a los Filipenses (2, 1-11)

Hermanos: Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos.

Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor”.

Evangelio según San Mateo (21, 28-32)

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

“¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: ‘Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña’. Él respondió: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue.

Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: ‘Voy, Señor’, pero no fue.

¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”. “El primero”, le respondieron. Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él”.

Reflexión: Descubrir y brindar oportunidades

En su mensaje, el Padre Alfredo destaca la figura de un Dios de oportunidades, aquel que siempre está dispuesto a abrir puertas, extender un puente y celebrar la novedad de vida cuando el ser humano decide corregir el rumbo.

Reconocer la novedad: En el devenir cotidiano, a menudo caemos en rutinas, errores o actitudes inflexibles. El profeta Ezequiel y el Evangelio de Mateo nos recuerdan que nunca es tarde para dar un giro positivo y ponernos en marcha hacia la viña.

Ser puentes para los demás: Así como Dios nos brinda infinitas oportunidades, la reflexión nos interpela sobre nuestro rol hacia quienes nos rodean. ¿Somos capaces de perdonar, de dar una segunda oportunidad y de tender una mano en la familia, la comunidad o el entorno laboral?

Dios alienta nuestra mejora continua y espera nuestro cambio. La invitación de este domingo es a descubrir esas oportunidades de crecimiento interior y ser también generadores de oportunidades para los demás.

¡Amén y adelante!

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