Dios en la Tierra

Hoy celebramos a San Cosme y San Damián, gemelos mártires patronos de médicos

26 Septiembre. Sábado de la vigésimoquinta semana del Tiempo Ordinario. El santoral recuerda a Santa Teresa Couderc y a los Santos Cosme y Damián.

Libro de Eclesiastés 11,9-10.12,1-8.

Alégrate, muchacho, mientras eres joven, y que tu corazón sea feliz en tus años juveniles. Sigue los impulsos de tu corazón y lo que es un incentivo para tus ojos; pero ten presente que por todo eso Dios te llamará a juicio.
Aparta de tu corazón la tristeza y aleja de tu carne el dolor, porque la juventud y la aurora de la vida pasan fugazmente.
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días penosos y vengan los años en los que dirás: “No encuentro en ellos ningún placer”;
antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes cargadas de lluvia.
En aquel día temblarán los guardianes de la casa y se encorvarán los hombres vigorosos; se detendrán las moledoras, que ya serán pocas, y se oscurecerán las que miran por las ventanas;
se cerrarán las puertas de la calle, mientras declina el ruido del molino; cesará el canto de los pájaros y enmudecerán las que entonan canciones.
Entonces se temerán las cuestas empinadas y los terrores acecharán por el camino. El almendro estará florecido, se pondrá pesada la langosta y la alcaparra perderá su eficacia. Porque el hombre se va a su morada eterna, mientras las plañideras rondan por la calle.
Sí, acuérdate de él antes que se corte la hebra de plata y se quiebre la ampolla de oro, antes que se haga pedazos el cántaro en la fuente y se rompa la cuerda del aljibe;
antes que el polvo vuelva a la tierra, como lo que es, y el aliento vuelva a Dios, porque es él quien lo dio.
¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Nada más que vanidad!

Salmo 90(89),3-4.5-6.12-13.14.17.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”.
Porque mil años son ante tus ojos
como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche.

Tú los arrebatas, y son como un sueño,
como la hierba que brota de mañana:
por la mañana brota y florece,
y por la tarde se seca y se marchita.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?
Ten compasión de tus servidores.

Sácianos en seguida con tu amor,
y cantaremos felices toda nuestra vida.
Que descienda hasta nosotros
la bondad del Señor;
que el Señor, nuestro Dios,

haga prosperar la obra de nuestras manos.

Evangelio según San Lucas 9,43b-45.

Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
“Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.
Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Amén

Hoy celebramos a San Cosme y San Damián, gemelos mártires patronos de médicos

Cada 26 de septiembre se celebra a los mártires San Cosme y San Damián (cir. Siglo III), dos hermanos gemelos dedicados a la medicina que murieron martirizados durante la persecución de Diocleciano. Junto con San Lucas, ambos han sido considerados habitualmente como patronos de los médicos.

Según la tradición, Cosme y Damián nacieron en Arabia (península entre Asia y África). Aprendieron ciencias en Siria y llegaron a destacarse como médicos. Se hicieron célebres porque nunca pidieron un pago por su servicio, y, por eso, en Oriente, se les llama aún hoy los santos “sin dinero”. Para Cosme y Damián, anunciar a Cristo era algo que comprometía la palabra y la acción, la oración y el servicio a los demás, siempre con el ánimo de curar los cuerpos y las almas. Así, ambos hermanos se ganaron siempre el cariño y el respeto de sus coetáneos.

Durante la persecución de Diocleciano, ambos fueron apresados y luego condenados a muerte. Cuenta la tradición que fueron varios los intentos frustrados por quitarles la vida. Se dice que primero se les intentó ahogar arrojándolos al mar atados a pesadas rocas; luego se les quiso matar a flechazos y finalmente, se les mandó a la hoguera. Ninguno de estos planes resultó. Finalmente, terminaron siendo decapitados, posiblemente a inicios del S. IV.

La vida de ambos mártires evoca también otras proezas y milagros realizados en vida, como curaciones extraordinarias de enfermedades o exitosas cirugías, incluyendo un milagroso trasplante de pierna. Después de muertos, cuenta también la tradición, se aparecían en sueños a los enfermos que imploraban su intercesión, obteniendo el alivio en el dolor o la curación requerida.

San Cosme y San Damián no solo son patrones de los cirujanos, también lo son de los farmacéuticos y dentistas; y de aquellos que ejercen oficios como la peluquería o hacen trabajos en playas y balnearios.

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