Dios en la Tierra

Hoy se celebra a San Martín de Tours

11 Noviembre.Miércoles de la trigésimo segunda semana del Tiempo Ordinario. El santoral recuerda a San Martín de Tours y a San Bartolomé de Grottaferrata.

Carta de San Pablo a Tito 3,1-7.

Querido hermano:
Recuerda a todos que respeten a los gobernantes y a las autoridades, que les obedezcan y estén siempre dispuestos para cualquier obra buena.
Que no injurien a nadie y sean amantes de la paz, que sean benévolos y demuestren una gran humildad con todos los hombres.
Porque también nosotros antes éramos insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de los malos deseos y de toda clase de placeres, y vivíamos en la maldad y la envidia, siendo objeto de odio y odiándonos los unos a los otros.
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres,
no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo.
Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador,
a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.

Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
y empezaron a gritarle: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”.
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: “¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”.
Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.

Amén

Hoy se celebra a San Martín de Tours, patrono de la Guardia Suiza Pontificia

Cada 11 de noviembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Martín de Tours, un exmilitar romano que se convirtió en obispo y que quedó inmortalizado por un gesto de caridad con el prójimo. San Martín de Tours es patrón de numerosos lugares, Iglesias, asociaciones e iniciativas alrededor de todo el mundo.

Martín nació en Panonia (actual Hungría) alrededor del año 316. Fue hijo de padres paganos. Su padre fue militar y él, siguiendo la tradición, ingresó a los 15 años a la guardia imperial romana. Mientras integraba el ejército, se convirtió al cristianismo y fue admitido como catecúmeno. Fue así que, hacia 337, encontrándose en Amiens, al norte de Francia, vió a un mendigo recostado junto a la puerta de la ciudad, tiritando de frío. Martín, al verlo en esas condiciones, espada en mano, dividió su capa en dos: una mitad la conservó por respeto a quien se la dio -el Imperio-, mientras que con la otra cubrió el cuerpo helado del mendigo, para que se cobije. Poco después, Martín tendría un sueño en el que se le apareció Cristo, diciéndole a los ángeles: “Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido”. Aquel gesto de amor al prójimo, desprendimiento y justicia ha quedado perennizado incluso en el arte, como puede constatarse en la iconografía del Santo. Basta recordar la pintura que el Greco hizo representando aquel relato.

Cuando Martín renunció a la milicia, se unió a los discípulos de San Hilario de Poitiers y adoptó el modo de vida ascético y de oración. Lamentablemente, Hilario tuvo que exiliarse y dejó Poitiers, por lo que Martin decidió ir a Milán. Allí se reencontró con su madre, a quien logró convertir al cristianismo, cosa que no logró con su padre.

Cuando Hilario regresó a Poitiers, Martín decide ir a su encuentro. De vuelta a la ciudad francesa, se dedicó a la construcción de un monasterio en Ligugé -el primero en construirse en Europa-, en el que vivió como monje alrededor de una década, bajo la dirección espiritual de su maestro, Hilario. Este lo prepararía para el diaconado y el sacerdocio. Tras el orden sacerdotal, Martin sería elegido Obispo de Tours.

Como Obispo, Martín se dedicó a la evangelización y a combatir la influencia pagana dentro de la Iglesia, particularmente el gnosticismo. Por otro lado, tuvo que enfrentar el maniqueísmo del obispo Prisciliano. Como Martin mantuvo siempre la disputa con este en el campo doctrinal, no estuvo de acuerdo con su encarcelamiento y posterior condena a muerte, promovida por Idacio, obispo de Mérida. Martín intercedió por Prisciliano ante el Emperador, pero este le haría caso a Idacio. Martín, golpeado por estos sucesos, rompería todo vínculo con él, hasta que se reconciliaron años más tarde.

Martín fundó una comunidad denominada Maius Monasterium (monasterio mayor), también conocida como Marmoutier. Los últimos 25 años de su vida, viajó por las regiones de Turena, Chartres, París, Autun, Sens y Vienne.​ Falleció en Candes (Actual Candes-Saint-Martin) en el año 397.

Tras su muerte, la media capa de San Martín de Tours fue puesta en una urna, construyéndose un santuario pequeño para conservarla, que sirviera al mismo tiempo de lugar de culto. Como en latín “media capa” se dice “capilla”, se solía decir: “Vamos a orar donde está la capilla”. De esta manera, la palabra “capilla”, con su vulgarización, empezó a hacer referencia a los pequeños lugares de oración en general, y así se le incorporó a otras lenguas como el castellano.

San Martín es patrón de países como Francia y Hungría, así como de la ciudad de Buenos Aires, lugar de nacimiento del Papa Francisco. En torno a este último patronazgo existe otra bella historia.

La tradición obligaba a los españoles a consagrar la “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires” a algún santo. Entonces, los fundadores decidieron barajar nombres y echarlo a suerte. El que saliese sorteado sería el santo patrón. En la balota extraída se leía: “San Martín de Tours”. Como esto no los dejó conformes por tratarse de un santo “francés”, repitieron el proceso dos veces más y las dos veces volvió a salir el nombre del Santo de Tours. Rendidos, aceptaron el resultado como querido por Dios. Así, San Martín de Tours se convirtió en el patrón de la capital Argentina.

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