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Fidelidad a los principios universales de la cooperación

por Pedro Aguer para Mundo Rural

Las experiencias recientes nos obligan a insistir sobre esta materia

Cooperativas que son subsumidas en SA, otras que son impulsadas y prácticamente administradas desde el gobierno, fracasos de cooperativas por falta de participación de sus asociados, tomar al cooperativismo como si fuese la panacea, poner a la empresa solidaria en competencia con otras hermanas en vez de asociarlas en federaciones, administrarla sin racionalidad, hacerla aparecer en el mercado como si fuese una sociedad de capital, son motivos más que suficientes para esta nota y ameritan que se trabaje con más intensidad la educación, de la que ya hemos hablado en reiteradas columnas. Por lo visto sin el resultado que esperaba. Es que no se trata de una cuestión de un día para el otro.

El cooperativismo no funciona en una cápsula, ni hay por qué pedirle que sea perfecto. Es parte importante de las sociedades humanas en todo el mundo y contribuye como paliativo a enfrentar los problemas que el Estado ni las organizaciones de otro carácter no pueden o no tratan de resolver, por diversos motivos.

Es en sí mismo una forma organizacional de la solidaridad que permite superar situaciones que individualmente resultaría imposible.

Pero a las cooperativas hay que cuidarlas. No funcionan automáticamente, ni surgen de la nada, sino echando manos a recursos que administrados con inteligencia puesta al servicio del esfuerzo y de la ayuda mutua, paso a paso, con participación colectiva, los resultados serán en creciente. Como se puede constatar recorriendo su historia en el mundo.

Cooperativistas y cooperativa es una integración conceptual indisoluble.

Un cooperativista debe constituirse en un integrante confiable, pues esta es la principal garantía del funcionamiento armónico de la empresa.

Debemos señalar con fuerza que ello implica fidelidad a los principios universales de la cooperación. He aquí el mejor de los consejos que debe aplicar y difundir un cooperativista.

Estos son los principios, aunque para algunos casos ya sea demasiado tarde:

Adhesión voluntaria y abierta
Gestión democrática por parte de los socios
Participación económica de los socios
Autonomía e independencia
Educación, formación e información
Cooperación entre cooperativas
Interés por la comunidad

Como es fácil de apreciar, se trata de un programa de trabajo en el que la economía se subordina a las necesidades reales y sentidas de los seres humanos.

Lo hemos advertido y lo repetimos, el Estado debe impulsar el cooperativismo con educación y con fomento del mismo pero no interviniendo en forma directa. Los resultados están a la vista, cuando irrumpe en las empresas y mucho peor cuando induce su funcionamiento democrático y equitativo a la formación de sociedades de capital se desvirtúa la doctrina y se perjudica al sistema en su funcionalidad. Se lo desprestigia.
Por cierto, esto pasa por falta de fidelidad a los principios por parte de los asociados y por desconocimiento de qué es, cómo y cuándo el cooperativismo es útil, por parte de las autoridades estatales.

Si queremos que una cooperativa cumpla adecuadamente con sus objetivos, hagamos que los principios no sean vulnerados y defendámosla de los ataques externos, buscando la integración que implica la cooperación entre cooperativas, no permitiendo que en situaciones emergentes se la convierta en SA, y haciendo que el Estado respete la correspondiente legislación cuya norma madre es la Ley 20.337.
La fidelidad a los principios es la única garantía para preservar el cooperativismo del anticooperativismo.

Pedro Aguer

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