por Pedro Aguer para Mundo Rural
Cuando se sostiene una posición de izquierda con el pretexto de que coartando la libertad se llega a la justicia social o cuando se sostiene una posición de derecha argumentando que coartando la justicia se llega a la libertad, no se trata de dos contradicciones sino de esencialmente lo mismo.
En el camino las perjudicadas son las mayorías populares, igualmente estafadas, por carecer de tiempo para informarse debidamente y no poder participar democráticamente en el proceso de administración del Estado, que en lugar de proteger y enriquecer materialmente a las minorías privilegiadas, su deber sería distribuir equitativamente, y promover la cultura del trabajo con igualdad de posibilidades. Pero esto que es función de la política está totalmente olvidado por quienes han encontrado en la función pública el camino más corto para su enriquecimiento personal, logrando altísimas remuneraciones y practicando la corrupción, amparados en la maquiavélica frase: ”El fin justifica los medios”.
Si el destino de la humanidad es el progreso sostenido para un desarrollo social sustentable, el fin jamás justifica los medios, porque no se justifica que unos pocos estén bien para que muchos vivan mal. Además es el destino al que se consagran los personalismos y las idolatrías de uno y otro lado como fue el caso paradigmáticamente patético de Hitler y Stalin.
Pero estas cuestiones de carácter global suceden de manera también con proyección local y más propiamente en la administración de las políticas económicas en las medianas y pequeñas empresas. En todos lados se cuecen habas y en todas partes pululan los espíritus autoritarios.
Los cooperativistas estamos convencidos por los testimonios históricos de que la democracia es posible, y que da lugar a todos quienes quieran practicarla tanto en lo institucional administrativo, como en lo económico. Así se desempeña el cooperativismo en todo el mundo.
En el accionar de una cooperativa los asociados deben saber los elementos que conforman la democracia participando, aprendiendo con la práctica, enseñando con el ejemplo. Ello los hace tomar conciencia de lo que es el respeto mutuo, la ética comercial, la solidaridad que no es lo mismo que la caridad ni la beneficencia y que el fin jamás justifica los medios.
Nadie podrá avanzar en contra de esto porque la observación es directa y lo que más se cuida en una cooperativa es el precio justo.
En la gestión no se admite privilegio alguno y se castiga severamente a quienes pretendan aprovecharse de los beneficios en forma individual, o perjudicando a los demás con situaciones de procedimientos oscuros. El Estatuto social tiene claramente expuesto este procedimiento.
Al ser la empresa de cada uno y del conjunto la responsabilidad es compartida en igualdad de derechos y obligaciones.
El cooperativismo no es la solución de todos los problemas, pero muchos problemas pueden ser enfrentados cooperativamente. Para lo cual los integrantes de la empresa, como los empleados, deben adquirir conciencia cooperativa y actuar con un verdadero sentido de solidaridad, donde no caben especulaciones dañinas, de ningún tipo.
Lo hemos ya repetido, y lo seguiremos haciendo, que “el ojo del amo engorda el ganado”. Existe para realizar la democracia en forma directa el ámbito asambleario. Quienes lo abandonan saben muy bien que están dándole, con su ausencia, la espalda a la empresa y a sus compañeros perdiendo su posibilidad de decidir y controlar. Es aquí donde se produce la política y se controla la marcha de la empresa, por lo tanto no concurrir es delegar en otros la responsabilidad administrativa y funcional. Muchas veces se aprovechan de esto los socios que toman a la empresa como propia y se adueñan de la situación con los consabidos trastornos e inconvenientes, sólo viables en manos de camarillas o de personas autoritarias.
Cuando no se cuida la entidad ésta corre los riesgos de ser mal administrada y hasta llevada al fracaso inexorable.
Con un sentido totalmente equivocado la empresa entra en el juego del mercado, practicando los mismos abusos y especulaciones que suelen incluir la corrupción. Así se produce definitivamente la caída en quiebras o en situaciones donde aparecen iluminados con salvaciones de carácter capitalista que terminan por hundirla en vez de salvarla.
Es imperioso recordar siempre y especialmente convencer a los jóvenes que el éxito de una cooperativa de cualquier tipo se logra con más educación, más democracia, lo que implica más participación. Decía el padre Arizmendiarrieta en la obra cooperativa de Mondragón: “La revolución hoy se llama participación.















Comentar