por Pedro Aguer -. Especial para Mundo Rural
Un primer sábado de julio más.
1844, Rochdale. 28 ex tejedores (1 mujer y 27 hombres). Un almacén de consumo. En Inglaterra, sobre una calle llamada De los Sapos, en el Condado de Lancaster. Desde allí se expandió sobre todo el planeta Tierra la idea de la cooperación.
Los colores del Arco Iris representan su pluralidad y el advenimiento de un nuevo tiempo social.
Los principios universales quedaron como un legado irrenunciable.
Himnos, banderas, símbolos de todo tipo; los dos pinitos verdes en el círculo amarillo, quieren decir que están en el mundo, pero que con uno no alcanza, que el futuro es infinito, que el sol es fuente de energía, y que la unión de los seres humanos y la naturaleza también lo es.
Ya nada detendrá la marcha.
Cada vez más voluntades inspiradas en la ayuda mutua, conscientes de que las necesidades pueden satisfacerse con la fuerza de la unión, se multiplican demostrando que un mundo mejor es posible.
Que compartir es mejor que competir.
Que la educación es el reaseguro de la paz y la armonía.
Que el diálogo supera las posibilidades de cualquier violencia.
Que la guerra es el peor de los negocios, cuyo único camino es el crímen.
Que la economía puede estar al servicio de la humanidad, sin explotación alguna, con planificación adecuada a los recursos y a los objetivos.
Que la comunidad puede actuar autogestionariamente en la consecución de los requerimientos de la vida en dignidad, igualdad, equidad y democracia.
Este primer sábado de julio que no sea solamente uno más, lo debemos utilizar reflexionando sobre los logros para tratar de seguir adelante, y sobre los fracasos para no volver a cometer los errores que los desencadenaron.
Lo que se propone en el cooperativismo está ligado a la solidaridad en sus infinitas diversidades. La participación en la producción otorga el derecho al consumo.
Sobre la capacidad del derecho al trabajo se erige el bienestar que el movimiento cooperativo persigue como fin. Pues en ello se edifica la inclusión.
Racionalidad económica para una feliz convivencia significa que nada es por generación espontánea, pero que el ser humano cooperando puede potenciar las virtudes y disminuir los defectos.
28 voluntades andando estos caminos espirituales y materiales siguen siendo estrellas que señalan el rumbo de los aciertos para que la pobreza sea erradicada, porque compartiendo los problemas y asumiéndolos solidariamente ninguna solución es imposible.















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