Sobre el cultivo de ajo en Argentina
El cultivo de ajo se puede producir en diferentes regiones de Argentina, desde el norte hasta el sur de Neuquén y Río Negro, siendo las mejores condiciones de producción las de la región cuyana de San Juan y Mendoza. Es una hortaliza que requiere de inviernos fuertes, marcados y cierta cantidad de horas de frío (Martínez, 2021). Se trata de una planta perenne cultivada como anual, de hojas planas y delgadas.
El órgano más importante que crece subterráneamente y se consume es el llamado bulbo o cabeza, de piel blanca dividida en gajos que comúnmente son llamados “dientes”, que en definitiva son los que dan sabor a los platos y también pueden ayudar a preservar nuestra salud.
Esos “dientes” son además los órganos utilizados para la multiplicación de la especie y, por tanto, los utilizados para implantar su cultivo.
Dado que pueden producirse acumulaciones de patógenos, generación tras generación, que pueden comprometer fuertemente los rendimientos, se recomienda iniciar los cultivos con “dientes” de sanidad certificada e ir reservando, de las cosechas sucesivas, un porcentaje de las mejores cabezas para reiniciar los ciclos productivos.
La selección de la “semilla” de ajo es la principal responsable de los altos rendimientos y de la buena calidad (genética y sanitaria, tamaño del bulbo y diente, fecha y densidad de plantación) en un 50 % del rendimiento potencial. El riego (disponibilidad, lámina) es el responsable del 35 % y la fertilización nitrogenada (momento y dosis) del 15 %.
Cada cabeza puede contener de 6 a 12 “dientes” según el cultivar y cada uno de ellos puede dar origen a una nueva planta de ajo, ya que poseen en su base una yema terminal que es capaz de germinar incluso sin necesidad de plantarse previamente (SAGPyA, 2023). El peso de la cabeza de ajo puede ubicarse entre 30 y 100 g y en algunos casos hasta 200 g .
El ajo se considera un condimento natural por excelencia, se ha utilizado desde la antigüedad tanto por sus aplicaciones culinarias como por sus múltiples propiedades terapéuticas.
La experiencia en Crespo
En un estudio reciente llevado a cabo en huertas familiares de Crespo, Entre Ríos, se evaluaron dos cultivares de ajo –Killa INTA y Nieve INTA– como alternativas innovadoras para los productores hortícolas de la región.
La investigación, realizada por Mirta Kah y publicada en la Serie de Extensión INTA Paraná Nº93, reveló diferencias significativas en el rendimiento y las características de los bulbos, abriendo nuevas perspectivas para el mercado local.
En las dos parcelas de campo abierto donde se desarrolló el ensayo, los agricultores prepararon el suelo con compost y, en uno de los sitios, aplicaron una cobertura plástica (mulching) para optimizar el crecimiento del cultivo. Durante la siembra se seleccionaron cuidadosamente los dientes de mayor tamaño, descartando aquellos que no aportaban al potencial productivo, lo que resultó clave para obtener buenos rendimientos.
Los resultados mostraron que el cultivar Killa INTA se destacó por producir bulbos de tamaño mediano a grande, con un diámetro promedio de entre 50 y 70 mm y una cantidad de 12 a 14 dientes por cabeza, mientras que el cultivar Nieve INTA presentó bulbos más pequeños, con calibres de 35 a 45 mm y entre 4 y 8 dientes. La cosecha se efectuó a fines de noviembre, cuando la mayoría de las plantas alcanzaron la madurez, manifestada por el amarilleo y el doblamiento de las hojas a aproximadamente 215 días de la siembra.
Estos hallazgos subrayan la importancia de la selección de la “semilla” de ajo –entendida como el diente utilizado para iniciar el cultivo–, junto con un manejo adecuado del riego y la fertilización, factores que en conjunto pueden determinar hasta el 100% del rendimiento potencial del cultivo. Aunque ambas variedades son apreciadas en el mercado local por su calidad, el destacado comportamiento del Killa INTA posiciona este cultivar como una opción prometedora para aquellos productores que buscan diversificar y potenciar su producción.
La experiencia vivida en Crespo ofrece una ventana hacia nuevas oportunidades en la producción de ajo, un cultivo de gran relevancia tanto en la gastronomía mediterránea como en la medicina tradicional.
Para más detalles sobre esta evaluación compartimos el documento















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