Por Pedro Aguer para Mundo Rural
Las posibilidades del desarrollo social son muchas.
Unas pueden ser asumidas individualmente, otras colectivamente.
Las primeras inclusive, para realizar operaciones mayores necesitan que sus protagonistas se asocien o no lograrán el objetivo propuesto.
La vida humana se desenvuelve socialmente.
La economía es esencial para que este desenvolvimiento sea progresivo, lo que implica planificar.
El Estado debe asumir la responsabilidad de planificar para que la economía se ponga al servicio del hombre y no al revés.
Establecer la armonía entre lo privado y lo estatal es la clave para una convivencia que promueva la realización de la persona en dignidad.
Cuando el Estado y las formas capitalistas de organización no responden a tal promoción, y las necesidades no son satisfechas adecuadamente, existe una forma de operar que ha dado resultados positivos, de manera autogestionaria.
Nos referimos, como muchos habrán advertido, a la empresa cooperativa.
Nos adelantamos a decir que no todo está resuelto, sino que se trata de una convocatoria organizativa de carácter colectivo. Las cooperativas no son panaceas.
Lo que, sin lugar a dudas, no es fácil admitir. Lo más difícil es que las personas se identifiquen en torno a la necesidad a satisfacer. El objetivo es el mismo pero las psicologías son, y seguirán siendo independientes. Ello implica que se debe asumir la libertad como principio fundacional irrenunciable.
La ruta hacia la concreción de lo propuesto presentará obstáculos, pero estos serán superados mediante la ayuda mutua.
No se esperará un resultado definitivo desde el comienzo. Lo que se debe plantear es que cada paso que se dé se consolide de tal modo que sea a su vez preparatorio del siguiente, poniendo en ello el aprendizaje compartido.
El objetivo común será así logrado con las necesarias potencialidades hacia un futuro previsible.
Ello implica mucho diálogo.
El diálogo requiere participación.
Jamás se debe pretender ni permitir que prevalezca el interés personal sobre el general.
Todo logro redundará en beneficios que serán disfrutados por el conjunto y en consecuencia se fortalecerá cada uno de los integrantes de la empresa.
La cooperativa es una empresa, insistimos, que en lugar de acumular resultados se caracteriza por priorizar el proceso, única manera en que los resultados vendrán produciéndose para renovar iniciativas, de hecho reveladoras del crecimiento.
El crecimiento de una cooperativa debe ser en simultáneo con el desarrollo porque lo que prima sobre todas las cosas es la persona y no su enriquecimiento como fin único.
Aquí aparece el principio de la democracia, como base y fundamento de las decisiones, tanto en la constitución de la autoridad como en el proyecto económico deseado.
Ingresar a una cooperativa o fundar una, significa adoptar una actitud propensa a la generosidad, realizar acciones en el aprovechamiento de la potenciación de la inteligencia de cada uno en beneficio mutuo.
Poco a poco el funcionamiento de la empresa compromete al asociado y por ende a la familia, ya que ésta será favorecida o víctima de la marcha de aquélla.
Por cierto no es todo, pero de manera lo más sencilla posible hemos tratado de explicar por qué ser cooperativista es no sólo una conducta solidaria sino una forma de vida.















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