Las proyecciones indican una reducción del 13% en el área a cultivar, pasando de las 67.850 hectáreas sembradas el año pasado a unas 59.000 hectáreas en esta nueva campaña. Esta disminución se debe a una combinación de factores que están afectando la rentabilidad del sector.
Los productores enfrentan un panorama desafiante, marcado por la baja cotización del grano, lo que impacta directamente en sus márgenes de ganancia. A esto se suma la escasa demanda de los molinos, que actualmente cuentan con suficiente stock, y los elevados costos de producción. Este último punto es especialmente crítico para el arroz largo fino, que requiere un rinde de indiferencia muy alto para ser rentable.
Ante este escenario, se espera una reconfiguración varietal. Se proyecta una menor proporción de arroz largo fino y un mayor protagonismo de los arroces tipo doble, que ofrecen mejores márgenes económicos y se presentan como una alternativa más viable para los productores.
Las labores de preparación de los lotes también presentan atrasos significativos. Si bien las condiciones fueron favorables en mayo y junio, las intensas lluvias de julio y agosto provocaron excesos de humedad en los suelos. Para retomar las tareas de siembra y avanzar con normalidad, será crucial que las condiciones climáticas mejoren y se registren al menos siete a diez días consecutivos sin precipitaciones.















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