La Palabra nos presenta, en el libro del Génesis, el origen de la humanidad y el drama de la tentación. Dios modela al hombre con arcilla y sopla en él aliento de vida. Sin embargo, la astucia de la serpiente introduce la duda, la desobediencia y, con ella, la experiencia del pecado. Adán y Eva, seducidos por la promesa de “ser como dioses”, eligen apartarse del mandato divino.
El Salmo 51 es el grito humilde del corazón arrepentido:
“¡Ten piedad, Señor, porque hemos pecado!”
Un clamor que atraviesa los siglos y que hoy también puede ser nuestro. Reconocer la falta no es derrota, sino el primer paso hacia la reconciliación.
San Pablo, en su carta a los Romanos, nos recuerda que así como por un hombre entró el pecado en el mundo, por uno solo —Jesucristo— llegó la gracia que salva. Donde abundó el pecado, sobreabundó la misericordia. La Cuaresma es precisamente ese tiempo para volver a abrazar esa gracia.
El Evangelio según San Mateo nos sitúa en el desierto. Jesús, después de ayunar cuarenta días, es tentado. Hambre, poder y vanidad: las mismas tentaciones que atraviesan nuestra vida cotidiana. Pero Cristo responde con la Palabra y reafirma su fidelidad a Dios. No dialoga con el mal, no negocia con la mentira. Se mantiene firme.
El Padre Alfredo Nicola nos deja un mensaje claro para este inicio de Cuaresma:
“Las tentaciones vienen de todos lados, podemos sumar y ser tentadores o ser luz para vencerlas. ¿De qué lado estoy? La Cuaresma es una ocasión para saber dónde estamos parados y sumar para el crecimiento del amor de Dios. ¡A discernir y vencer!”
En medio de nuestras tareas diarias, del trabajo en el campo, de las responsabilidades familiares y sociales, también somos llamados a elegir. La Cuaresma no es un tiempo triste, sino una oportunidad concreta para ordenar el corazón, fortalecer el espíritu y caminar hacia la Pascua con esperanza renovada.
Discernir, elegir el bien, confiar en la gracia.
Ese es el desafío.
Compartimos también el audio completo de la reflexión del Padre Alfredo para acompañar este primer domingo de Cuaresma:
¡Amén y adelante!















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