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La vid entrerriana: en la conquista del reino perdido

Por: Rosario Perriere para El Sector 

Dicen que el vino es arte , sabemos que está estrechamente ligado a rituales religiosos , nos consta que forma parte de  la vida cotidiana, algunos afirman que el vino es creación , también  alguna vez habremos escuchado un  proverbio que dice que  “In Vino Veritas” (en el vino está la verdad)  y en ese rumbo redescubrimos que la verdad está en la gran  historia de la producción vitivinícola en Entre Ríos que busca recuperar su reinado apostando a la reconversión de una actividad con un elevado potencial en nuestro “terroir”.

El cultivo de la vid en la provincia de Entre Ríos se remonta a 1857, luego de producirse el desembarco de los primeros inmigrantes franceses, suizos y piamonteses, a las costas del río Uruguay.

Los colonos trajeron su experiencia, se adaptaron al nuevo ambiente e iniciaron la producción agrícola. Muchos de ellos experimentaron con cultivos tradicionales de su país de origen como las viñas.

A principios del siglo XX, Entre Ríos, era la cuarta provincia productora de vinos del país.

En la década de 1930, las políticas reguladoras del Estado Nacional, prohibieron la producción comercial de vinos en la región, situación que se revierte en la década del 90. Posteriormente los descendientes de inmigrantes, recuperaron el cultivo de la vid, en el contexto actual, vinculando la actividad con el turismo y  la gastronomía.

La producción de la vid se reconvierte en Entre Ríos

Según un informe sobre Acciones de Extensión valorización de alimentos con identidad territorial: el cultivo de uvas y producción de vinos en Entre Ríos, elaborado por la Facultad de Ciencias Agropecuarias y la Secretaría de Extensión Universitaria y Cultura de la UNER es en los departamentos Colón, Concordia, Victoria Diamante y Paraná,  donde se evidencia la recuperación de la vitivinicultura entrerriana, como un soporte emblemático para el desarrollo del turismo en la Provincia.

En Entre Ríos el sistema productivo vitivinícola, representa una producción de muy pequeña escala, de acuerdo a los datos aportados por la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER), existen aproximadamente 41 emprendimientos que logran abastecer un mercado regional vinculado al turismo, ocupan una superficie total de 52 hectáreas, con una existencia de aproximadamente 110.000 plantas en toda la provincia.

Si bien estos emprendimientos se encuentran distribuidos en todo el territorio provincial, se destacan los departamentos Colon y Concordia en la costa del río Uruguay, donde se ubican el 45% de los productores, y en la costa del Paraná podemos mencionar los departamentos Victoria, Paraná y Diamante, que concentran en conjunto el 39% de los mismos.

Actualmente la Agencia de Extensión Rural del INTA Victoria trabaja en el tema. Su técnico a cargo, Raúl Brasesco, e integrante del grupo de trabajo de esta acción de extensión, reflexiona. “La vid en esta zona es tradición, cultura y por sobre todas las cosas, identidad”.

“Nuestro objetivo es que la región recupere el esplendor que supo tener a principios del siglo XX” y para ello desde INTA Concordia y Victoria acompañamos y asesoramos a los productores descendientes de inmigrantes vitivinicultores”. Brasesco considera que la provincia tiene “gran potencialidad y un largo camino que recorrer”.

Con este objetivo se trabaja para recuperar aquellas variedades ancestrales e identificar algunas nuevas que sean más adaptables a las características ambientales de la zona. Así como Mendoza tiene Malbec y La Rioja el Torrontés, nuestra zona deberá tener su cepa emblema. Cabe destacar que desde la AER Victoria del INTA se están realizando ensayos para evaluar el comportamiento de la cepa Marselane (Cabernet Sauvignon y Grenache) para uso vitivinícola.

Además en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Entre Ríos, mediante la Cátedra de Fruticultura, se lleva adelante un módulo didáctico-experimental de cultivos de vid. Se cultivan variedades de uvas para mesa Cardinal y Red Globe y para vinificar Malbec y Merlot.

El inicio del cultivo de uvas y producción de vinos en Entre Ríos

En 1934 una disposición del Gobierno de Facto de Agustín P. Justo, limitó una actividad que tenía amplio sustento en Entre Ríos: la vitivinicultura.

La Gran Crisis de 1929 en Estados Unidos, forzó al Gobierno Nacional a intervenir en el mercado, en defensa de las distintas producciones del sector agropecuario. En esta línea, se crearon distintos mecanismos de control, entre ellos la Junta Reguladora de Vinos quien disponía la regulación antes que los gobiernos provinciales.

La contracción de la demanda llevó a tratar de controlar la oferta, prohibiendo la elaboración de vinos fuera de las provincias productoras de materia prima; es decir, de la región de Cuyo, demostrado al ver que la Junta tenía su sede central en Buenos Aires, pero poseía delegaciones en Mendoza, San Juan y Río Negro.

Dicho ente, sin representación de los viñedos y las bodegas de Entre Ríos, tenía como objetivo regular la producción de vino, pudiendo indemnizar y suprimir vides viníferas o su sustitución por cultivos (de Domínguez Soler, 2000).

Esta acción del gobierno de Justo trajo consigo el deterioro de una producción muy difundida en la Provincia. Las grandes inmigraciones del siglo XIX producto de las políticas de colonización generaron la re-población del territorio provincial, a la que arribaron ciudadanos europeos, con sus costumbres incluidas.

Las primeras colonias se dedicaron a una agricultura intensiva, incluyendo a la vitivinicultura, que tenía a los colonos entusiastas, ya que las características agro-ecológicas de la zona permitían la propagación del cultivo de modo asombroso.

Entre Ríos tuvo dos grandes centros productivos vitivinícolas, ambos sobre las costas del Río Uruguay, la Colonia San José y Concordia.

Esto no se dio de forma planificada, sino que las mismas tradiciones de los agricultores llevaron a un trabajo simultáneo e independiente, que debido al gran interés de los estancieros produjeron en la década del ´80 una transformación a la tradicional ganadería local.

Estos cambios exigieron una fuerte inversión, además de mano de obra especializada e instalaciones adecuadas, por lo que los productores solicitaron a las autoridades nacionales un estudio sobre las condiciones naturales para dicho cultivo.

El informe, llevado a cabo por el Ministerio de Agricultura, señaló que “era una provincia privilegiada para la producción vitivinícola por su situación geográfica (…), por la naturaleza de su suelo, el curso de sus aguas, el clima, y su particular fisonomía distinta al resto del país, con suaves ondulaciones y de una fertilidad envidiable”.

Además, se destaca la infraestructura para el transporte, lo que posibilita el rápido acceso a los principales centros comercializadores del país. A estos dos puntos fuertes, hay que agregarles los pequeños viñedos que se encontraban en los Departamentos de Federación, Uruguay, Victoria y Paraná (especialmente en las Colonias Hernandarias y Villa Urquiza).

Concordia: epicentro productivo

La importancia de la producción vitivinícola en Entre Ríos generó que en 1911 el Gobierno Nacional funde la Estación Enológica Nacional de Concordia, institución mixta de experimentación y enseñanza extensiva. La misma era de carácter lucrativo y demostrativo.

En el período 1885-1935, Concordia es sin duda el departamento vitivinícola más importante de la provincia, más por el desarrollo de la industria que por la extensión. Las bodegas concordienses llegaron a elaborar hasta mil cascos de vino común de 200 litros cada uno.

El vino fue vendido primero en la localidad de origen, como también en colonias locales. A medida que se fueron perfeccionando las técnicas de elaboración, encontraron lugar en los mercados del resto de la provincia, en Corrientes, en Misiones y de a poco en Buenos Aires .

La actuación de la Junta Reguladora de Vinos entre 1935 y 1943, que posteriormente se llamó Instituto Nacional de Vitivinicultura, hizo que prácticamente desaparecieran los vitivinicultores entrerrianos, quienes llegaron a ocupar el 4to lugar en el Censo Nacional de Viñas de 1907 con 2600 hectáreas y ser 3ros en cuanto a la rentabilidad. “…Pasaban los inspectores perforando toneles de vino, destruyendo alambiques, arrancando las vides de las tierras con el fin de regular la producción de vino en la Nación…”, recuerdan tristemente los productores.

Más allá de las conocidas consecuencias negativas que tuvieron las políticas neoliberales en la década de los ´90, que produjeron la pérdida de cientos de miles de productores en todo el país, y varios miles en la Provincia de Entre Ríos, las medidas adoptadas por el Gobierno, que significaron el retraimiento del Estado en sus funciones reguladoras, a partir del Decreto N°2284/91 de Desregulación de la Economía del Poder Ejecutivo Nacional (Ratificado por Ley 24.307/93) eliminaron una serie de entes de control del Sector Agropecuario (Junta Nacional de Granos, Junta Nacional de Carnes, etc.) y se limitó la intervención de otros, entre ellos el Instituto Nacional de Vitivinicultura.

Estas acciones permitieron que los descendientes de vitivinicultores entrerrianos comenzaran a soñar con volver a producir uvas y vinos, quienes todos estos años lo hicieron para consumo personal y para no perder la tradición.

Entre Ríos formará profesionales de la fruta

La carrera de Técnico Superior en Enología y Fruticultura, propuesta presentada por la EET Nª1 “Dr. Pedro Radío” de Victoria ante el CGE tiene como objetivos  promover la vitivinicultura en la provincia de Entre Ríos y toda la región extra Cuyana, como una actividad productiva económicamente sustentable, con la meta de lograr el aumento de la superficie implantada y la producción de vinos de alta calidad y profundizar la estructura regional y provincial de la producción frutícola dotándola de personal altamente capacitado para desempeñarse en los mandos medios de las plantaciones frutícolas.

“Es una tecnicatura superior primera extra cuyana en enología , que surge para cubrir una gran demanda de técnicos especializados en vid y fruticultura  y mano de obra especializada  en la materia .Es una iniciativa que surgió del INTA – Agencia de Extensión Rural Victoria; Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Instituto VIER- Viñedos de Victoria Entre Ríos; Escuela de Educación Técnica “Dr. Pedro Radío” y la Dirección Departamental de Escuela de Victoria” explicó el Ing, Raúl Brasesco , Técnico del INTA.

“La carrera comenzaría a dictarse en Victoria durante el 2016 y la orientación hacia la fruticultura le daría un perfil más regional a la carrera lo que la hace única en el país” dijo el Ing. Brasesco y agregó la carrera va a posicionar a Entre Ríos en un lugar muy particular”

El ámbito de desempeño del “Técnico Superior en Enología y Fruticultura” es el de la producción en el sector agropecuario y agroindustrial, específicamente en la vitivinicultura y la fruticultura.

También podrá desempeñarse como responsable en bodegas y plantas de fraccionamiento de vinos y ejercer funciones técnicas en la industria agroalimentaria, aplicando la legislación vigente que rige la elaboración de los productos vitivinícolas (Ley Nacional N° 14.878, Código Alimentario Nacional, Ley N° 24.566 de alcoholes).

Finalmente podrá participar proyectos de inversión, asistir en el planeamiento de montes frutales y viñedos; conducir su plantación, mantenimiento y cosecha, con la asistencia de un Ingeniero Agrónomo. Podrá conformar y dirigir equipos de trabajo, propiciando la formación y capacitación.

Corrales Vier: Un milagro que transcurre

El Sector dialogó con Rubén Tealdi, responsable Corrales Vier, el emprendimiento vitivinícola de Victoria  que se materializó milagrosamente hace unos pocos años en nuestra provincia.

-Arranquemos por el principio, ¿cómo empezó a materializarse el milagro Vier?

-A la chacra la compré en 2001 pero la idea arrancó en 2007. No tenía conocimiento sobre el tema porque soy publicista, dibujante y trabajo mucho con la imagen pero un día observando este lugar tan bello con esas hondonadas solo  imaginaba  llegar a mi chacra cubierta de viñedos de cualquier uva, en ese momento no importaba si era para vino o vinagre , pero con el paso del tiempo esa pasión me llevó a querer hacer un buen vino… hoy ese sueño se hizo realidad.

-Si esto fuera una receta con dos ingredientes: pasión y conocimiento, ¿cuáles serían las proporciones?

-Sin dudas la pasión es el  gran motor que uno tiene. La utopía,  el deseo y  la necesidad humana, devienen en pasión  y aunque creo que la pasión es la clave del éxito en cualquier actividad, en el caso de la vitivinicultura yo creo que es el “tête à tête” con la planta lo que establece otro contacto con eso que sembraste… que es vida.

-¿Podrías hacernos  una radiografía de Corrales Vier hoy?

-Vier hoy, es un jardín, porque la idea es que nuestros viñedos entrerrianos sean jardines. No tienen que ser grandes extensiones todo lo contrario deben ser pequeños viñedos para poder cuidarlos muy estrechamente. Debería haber más estancias turísticas  que cuenten con  “viñedos-jardines”, porque es el turismo lo que hoy sustenta la actividad en nuestra provincia. Lo cierto es que  podría concluir diciéndote que Corrales Vier es paisaje…

-¿Esta chacra es el sueño alcanzado? ¿Cómo te proyectás, hasta dónde puede llegar Vier?

-Por suerte uno no termina nunca carajo! Por eso lo que viene ahora es poder replicar esto en muchos más lugares: con pequeñas viñas, con pequeñas cavas y pequeñas bodegas para quien tenga el sueño de poder hacerlo y pueda concretarlo.

-¿Qué cepas estás produciendo ahora?

-Merlot, Malbec, Cabernet Sauvignon, y Tannat, pero quiero destacar lo que estamos haciendo con el INTA con una  parcela de ensayo con la variedad Marcelane que tiene como parentales al Cabernet Sauvignon y Garnacha o Grenache.

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