En medio de las jornadas intensas del campo, entre surcos, rodeos y el andar diario del productor y su gente, la fe encuentra siempre un canal para renovar las fuerzas. Este XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos con el prójimo, el valor del consejo a tiempo y el poder transformador de la oración compartida.
🔊 Escuchá la reflexión del Padre Alfredo:
Lecturas del Domingo
Primera Lectura – Libro de Ezequiel (33, 7-9)
“Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel…”
El profeta es llamado a ser un vigía. En la vida comunitaria, advertir con respeto al que se equivoca no es juzgar, sino cuidar la vida del hermano.
Salmo Responsorial – Salmo 95 (94)
¡Ojalá hoy escuchen la voz del Señor!
Una llamada a no endurecer el corazón frente al andar cotidiano y a acudir con gratitud a la Roca que nos salva.
Segunda Lectura – Carta de San Pablo a los Romanos (13, 8-10)
“Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley.”
El apóstol sintetiza todos los preceptos en uno solo: el amor no hace mal al prójimo. El amor es la plenitud de toda norma.
Evangelio según San Mateo (18, 15-20)
“Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado… Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.”
Jesús nos da una guía pedagógica para la corrección fraterna y el diálogo en comunidad, destacando la presencia viva de Dios cuando la familia y los vecinos se unen en oración.
Reflexión del Padre Alfredo
El poder de las palabras es impresionante. En nuestras comunidades rurales, donde el valor de la palabra empeñada y la vecindad son pilares fundamentales, debemos recordar el peso de lo que decimos. Uno puede herir difamando, calumniando o haciéndose eco de chismes innecesarios… pero también uno puede ser sumamente poderoso en la oración, en el consejo a tiempo y en el acto de amor concreto expresado con palabras oportunas.
La oración compartida con alguien suma fuerzas en momentos de prueba y en momentos de siembra. ¿Nos unimos en esa intención?
¡A brillar! ¡Amén y adelante!
P. Alfredo
(Argentina)














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