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Los cultivos de servicio mejoran hasta un 34 % la calidad del suelo en sistemas arroceros

Un estudio del INTA demostró que la incorporación de trébol alejandrino como cultivo de servicio favorece la salud del suelo y optimiza la productividad del sistema. Los ensayos a campo comprobaron que esta práctica mejora las condiciones de crecimiento para el cultivo subsiguiente y permite incrementar significativamente el rendimiento del maíz en la rotación.

En los sistemas arroceros, la gestión eficiente de los insumos es clave para sostener la productividad de los lotes a lo largo del tiempo. Frente a este desafío, un equipo de investigación de la Agencia de Extensión Rural INTA San Salvador realizó un ensayo de larga duración para analizar el comportamiento de las rotaciones de arroz con maíz y soja, y evaluó el aporte del trébol alejandrino como alternativa de cobertura y como herramienta para la degradación de herbicidas residuales.

Héctor Rodríguez, investigador del INTA San Salvador y director del trabajo, explicó que lo que se buscó fue determinar cómo la inclusión de una cobertura vegetal puede dinamizar la actividad biológica del suelo y favorecer el desarrollo del cultivo subsiguiente. “Se obeservó una notable mejora en las condiciones del suelo en profundidad cuando se incorpora el cultivo de servicio, lo que puede estar asociado a una mayor actividad microbiana y al aporte de biomasa de la especie utilizada favoreciendo la degradación de los herbicidas acumulados en el suelo y reduciendo los efectos de fitotoxicidad sobre el maíz ”, señaló el especialista.

A su vez, Rodríguez destacó que la presencia del trébol alejandrino promovió un mejor establecimiento del maíz en la rotación. “La incorporación de este cultivo de cobertura permitió acompañar el crecimiento inicial y potenciar el rendimiento general de los distintos híbridos evaluados”, indicó.

El estudio incluyó un ensayo en macroparcelas con diferentes materiales de maíz, complementado con un ensayo con muestras de suelo extraídas a distintas profundidades. Los resultados mostraron que las parcelas con trébol alejandrino presentaron un entorno mucho más favorable para el desarrollo de las raíces y una mejora progresiva en los estratos más profundos del perfil. “Entre los 0 y 30 centímetros de profundidad, el cultivo de servicio redujo la fitotoxicidad un 21 %, alcanzando un 34 % de favorecimiento en la capa de 10 a 30 centímetros”, puntualizó.

Asimismo, las parcelas con esta leguminosa registraron un mayor contenido de materia orgánica respecto de aquellas bajo manejo tradicional. Esta mejora estructural se tradujo directamente en la productividad del maíz, evidenciando saltos ríndidos de consideración en los planteos evaluados.

La respuesta más destacada se observó en el híbrido de mayor sensibilidad a la rotación, que incrementó su rendimiento en 1.566 kilogramos por hectárea, lo que representa una suba del 35 % respecto del esquema sin cobertura. Por su parte, el otro material evaluado obtuvo un aumento de 557 kilogramos por hectárea, equivalente a un 11 % superior. Según el informe, estos avances responden a mejores condiciones generales de implantación, mayor uniformidad del lote, espigas de mayor tamaño y una fijación de granos más eficiente.

“Aun después de más de 300 días desde la aplicación de los herbicidas en arroz, se observaron síntomas de fitotoxicidad sobre el maíz. La incorporación del trébol alejandrino permitió reducir esa manifestación y mejorar el crecimiento y el rendimiento del cultivo, tanto en híbridos tolerantes como no tolerantes a imidazolinonas”, indicó Rodríguez.

Como conclusión, el trabajo señala que la incorporación del cultivo de servicio favoreció la reducción de la fitotoxicidad y que la mayor cantidad de materia orgánica, la actividad biológica del suelo y la absorción por la biomasa del trébol alejandrino contribuyen a la degradación de las imidazolinonas acumuladas en el sistema.

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