Lecheria

Lechería y El Niño: claves y recomendaciones para mitigar el impacto del barro en los tambos

Ante las proyecciones de precipitaciones excepcionales en el Litoral y el centro-este argentino, el Comité de Bienestar Animal de la FIL Argentina detalló pautas estratégicas de manejo para resguardar la producción, la salud del rodeo y las condiciones del personal

El fortalecimiento del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) proyecta un escenario de precipitaciones superiores a lo normal para los próximos meses en sectores clave de la cuenca lechera argentina. Frente a este desafío climático, la prioridad en los establecimientos lácteos no reside únicamente en el volumen de agua caída, sino en la saturación persistente de los suelos y la pérdida de funcionalidad de los caminos e instalaciones.

Desde el Comité Nacional de la Federación Internacional de Lechería (FIL-IDF) —donde Argentina participa activamente a través de sus Comités Técnicos—, el subgrupo de Bienestar Animal liderado por el especialista Alejandro Palladino difundió una serie de recomendaciones para abordar la problemática del barro de manera preventiva e integral.

Impacto directo en la operación y el bienestar animal

El deterioro de accesos, corrales y calles dificulta el traslado del ganado, el ingreso de maquinaria, la entrega de alimentos y la logística de retiro de leche. Asimismo, incrementa los tiempos de trabajo y eleva los riesgos de accidentes para el personal. En los esquemas pastoriles, el pisoteo sobre suelos anegados destruye la estructura física de los lotes, condicionando el rendimiento futuro de las pasturas.

Para el rodeo generador, el exceso de barro impacta en aspectos clave:

  • Horas de descanso: La presencia de barro reduce severamente el tiempo que las vacas permanecen echadas. En ensayos experimentales se constató que la permanencia en descanso cayó de 12,5 horas diarias en suelo seco a solo 3,2 horas en condiciones severas de barro.

  • Salud podal e higiene de ubres: El contacto permanente con superficies húmedas favorece patologías de pezuña (rengueras) e incrementa el riesgo de mastitis por mayor exposición a patógenos ambientales.

  • Eficiencia productiva: Las caídas en el rinde lechero se vinculan a la dificultad para acceder al alimento, menor consumo de materia seca y estrés general.

Antes de las lluvias: prevención e infraestructura

La estrategia previa debe enfocarse en escurrir eficientemente el agua y limitar la circulación por áreas vulnerables:

  1. Infraestructura y desagües: Reparar baches, mantener pendientes, consolidar zonas críticas (tranqueras, bebederos, comederos, corrales de espera) y evitar que efluentes o aguas de lavado descarguen en calles de paso.

  2. Planificación territorial: Identificar lotes anegables, definir rutas de tránsito alternativas y reservar potreros firmes o áreas secas de descanso para emergencias.

  3. Logística de alimentación: Proteger las reservas forrajeras de la humedad, revisar bombas de efluentes y contar con energía de respaldo.

  4. Organización del equipo: Capacitar al personal para ejecutar protocolos de contingencia con roles asignados previamente.

Manejo durante la contingencia

Cuando las precipitaciones se prolongan, el Comité sugiere adaptar temporalmente las rutinas:

  • Áreas de descanso seguras: Si un corral o potrero se vuelve intransitable, debe trasladarse al rodeo a sectores secos. Evitar la permanencia prolongada sobre hormigón desnudo sin descanso adecuado.

  • Priorización de categorías: Asignar las mejores zonas a vacas preparto, recién paridas, rengas y terneros.

  • Ajuste de la dieta: Reformular la ración ante la pérdida de acceso a pasturas. Se debe cuidar la fibra físicamente efectiva y vigilar la inclusión excesiva de concentrados ricos en almidón para evitar cuadros de acidosis ruminal subaguda.

  • Rutina de ordeño: En vacas con ubres muy sucias, extremar el secado antes de la colocación de pezoneras y evitar el lavado indiscriminado de toda la ubre a alta presión, asegurando un correcto sellado posordeño.

Indicadores de alerta para cambiar el plan:

La falta de áreas secas para el echado, el incremento de vacas de pie, las dificultades de circulación, el deterioro de la higiene de pezones o la aparición de rengueras deben motivar cambios tácticos inmediatos sin esperar a que el barro resulte inmanejable.

Por Redacción Mundo Rural

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