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El cooperativismo como política de Estado

por Pedro Aguer para Mundo Rural 

La política tiene que ver con el acercamiento de las voluntades y la unión del esfuerzo para construir armonía social.

Para avanzar en el camino del desarrollo no vasta el crecimiento.

Es imprescindible promover la educación de tal modo que las voluntades de los seres humanos confluyan en un común denominador: LA PAZ.

Lo cual solamente es posible si las condiciones de vida se orientan a la riqueza espiritual, lo que se consigue si existen las suficientes fuentes de trabajo digno y seguro.

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Es lo más justo que se puede pedir en un mundo que va de crisi en crisis, azotado por guerras y por una depredación despiadada sufrida por la naturaleza y por la humanidad. En el que pareciera que la tendencia es el desencuentro y los conflictos bélicos, que en vez de solucionar agravan los problemas.

En el accionar cooperativo existen las posibilidades y la equidad necesarias para trabajar, producir, transformar y comercializar, en concordancia con las exigencias del consumo.

Para reunir lo que demanda la economía, después de las catástrofes generadas por las guerras y las injusticias sociales, los pioneros de Rochdale, y de las experiencias cooperativas que se han dado en la humanidad, han demostrado que no es sólo el capitalismo la única manera.

No es la acumulación lo que garantiza lo que afirmamos, sino más bien lo que incentiva la competencia, donde indefectiblemente habrá quienes pierden y quienes ganan.

El cooperativismo es una de las formas en que se puede organizar la solidaridad, en la que todos ganamos.

La economía, de este modo, es administrada con miras no sólo para garantizar crecimiento sino, fundamentalmente, un desarrollo sustentable. Lo primero es el hombre y para sus necesidades la economía debe conducirse con el fin de una distribución equitativa.

Toda la economía se puede administrar valorando el trabajo y en consecuencia promoviendo el arribo a la propiedad colectiva de los medios de producción, como así también a la provisión de tierra, servicios y vivienda. Lo cual requiere fomento y educación asumidos por el Estado.

Reunir el esfuerzo acercando voluntades es lo que se debe construir desde las distintas esferas estatales, con una presencia fuerte del cooperativismo, en los niveles de primer grado, federaciones y confederaciones.

La presencia del Estado debe entonces estimular y motivar una política de convergencia y participación de lo ya existente, que es mucho, y avanzar en la creación de nuevas cooperativas, sobre la base de los principios universales rochdaleanos y haciendo cumplir y respetando él mismo las leyes vigentes que tienen que ver específicamente con la regulación de las cooperativas y su enseñanza en los establecimientos educacionales.

El Estado desde los municipios, las provincias y la Nación, tiene mucho para hacer en tanto asuma la responsabilidad de contribuir a la movilización que impulse a la ciudadanía, convocando a quienes están formados profesionalmente para llevar adelante un proyecto en el que se tenga como objetivo el fortalecimiento de las entidades ya constituidas y se estimule la creación de nuevas, me refiero a los técnicos y licenciados en cooperativismo y mutualismo.

El cooperativismo es experto en la salida de crisis económicas, pero no salvando solamente lo material sino también promoviendo los valores éticos.

Los recursos necesarios para una política cooperativa existen. Es cuestión de que el Estado asuma su rol, no creando nuevas cooperativas sino coordinando los recursos para que el cooperativismo se desarrolle. Sin olvidar, por cierto, que se trata de organizaciones autogestionarias, las que en integración, y con el debido apoyo estatal, sin intromisiones de carácter partidario, pueden ser de extraordinaria utilidad para la armonía social, la generación de fuentes de trabajo, la administración de la economía ensolidaridad y democracia, es decir lo que se necesita para la convivencia en paz.

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