El análisis refleja que la cosecha se dividió en partes casi iguales entre soja de primera (50,3%) y soja de segunda (49,7%), y que el valor bruto total estimado, tomando como referencia el precio pizarra Rosario del 30 de junio, asciende a 916,3 millones de dólares.
Los rindes fueron un 36% superiores al promedio del último lustro, lo que permitió alcanzar ingresos promedios de 715 U$S/ha, frente a una inversión estimada en 436 U$S/ha, sin considerar arrendamiento ni gastos de comercialización. Sin embargo, al sumar costos estructurales, impuestos y alquiler de tierras, el resultado global fue deficitario para muchos productores.
Soja de primera: buena en campo propio, crítica en campos alquilados
La producción de soja de primera sumó 1.732.490 toneladas, con un valor bruto de 460,8 millones de dólares. En campo propio, todas las zonas registraron resultados positivos, con un beneficio promedio de 164 U$S/ha, especialmente en las regiones Sur y Oeste.
Pero en condiciones de arrendamiento, el panorama cambió drásticamente: las zonas Norte y Este enfrentaron pérdidas de hasta 93 U$S/ha, y el promedio provincial marcó una pérdida de 25 U$S/ha.

Soja de segunda: rindes destacados pero márgenes ajustados
La soja de segunda generó 1.712.235 toneladas, con un valor bruto estimado en 455,5 millones de dólares. Los rendimientos fueron un 24% superiores al promedio de las últimas cinco campañas, excluyendo la afectada por la sequía.
En campo propio, casi todas las zonas arrojaron márgenes positivos de hasta 178 U$S/ha, salvo el Este, donde se registraron pérdidas cercanas a los 20 U$S/ha. En campos arrendados, las zonas Sur y Oeste fueron las únicas que mantuvieron márgenes positivos, mientras que en el resto de la provincia las pérdidas llegaron hasta los 100 U$S/ha.

Aunque Entre Ríos logró una campaña histórica en términos de volumen, el contexto de precios internacionales en baja desde abril condicionó fuertemente la rentabilidad del cultivo. Este escenario vuelve a poner el foco en los desafíos estructurales del sistema productivo y en la necesidad de políticas que acompañen al sector frente a la volatilidad de los mercados.














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