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Es imprescindible una política social agraria

por Pedro Aguer

El trabajo en el campo implica tiempo, capacitación, deseo de vivir en el lugar, amor a la tierra, vocación solidaria.

La economía debe estar en función del trabajador rural, del productor y de la familia campesina.

Se deben establecer pautas de planificación con futuro previsible.

La improvisación en la producción deja al azar la comercialización y la industrialización.

El cooperativismo acudió en ese sentido con bastante aproximación a los requerimientos de la vida en el campo.

Lamentablemente no se trabajó la educación cooperativa y muchas entidades fracasaron, específicamente porque los asociados se desentendieron de la empresa y también por factores externos, pero fundamentalmente por falta de control de los afectados.

Hubo cooperativas que marcaron un antes y un después de su fundación. En el antes existía la rutina, en el después el progreso. Pero la falta de interés de los dueños y el manejo inadecuado de los dirigentes, produjo el fracaso.

Se cometieron errores y se insiste en la misma tendencia.

Las autoridades ignorando la problemática del sector se mantuvieron en una indiferencia fatal.

Ahora las consecuencias se han convertido en irreversible.

Para encarar tal despropósito se recurre a la transformación de las cooperativas en SA. Con subterfugios legales se le llama a esto economía mixta. Y no lo es. Porque la naturaleza jurídica de las cooperativas es diametralmente opuesta a la de las SA.

En las cooperativas lo que vale es el hombre, en las sociedades de capital, mandan los accionistas según la cantidad de acciones que posean.

Las cooperativas se gobiernan democráticamente.

Así es en términos del Derecho. Así está escrito. Los dirigentes lo saben, deberían saberlo. Los políticos lo saben a medias, o directamente mal.

Esta es una realidad que debe revertirse. Aplicando las leyes, con prolijidad y con criterio constitucionalista se puede hacer perfectamente.

Aquí nadie debe darse por desinformado.

Existe información.

El movimiento cooperativo es de carácter universal.

Llama la atención la ligereza con que se han tomado las cosas. Un ejemplo es eel caso de COTAPA. Ahora se está pensando en avanzar sobre COTAGÚ. El Estad no hace lo que se debería hacer.

Los hechos involucran a funcionarios del Ejecutivo y a legisladores, que tomaron el tema sin el suficiente asesoramiento, y como siempre ocurre, optaron por medidas coyunturales con argumentos falsos.

El movimiento cooperativo tiene la palabra, aunque no se la den, por derecho propio.

Tiene la palabra asistida por la sabiduría acumulada alo largo de 170 años, con experiencias positivas y negativas, pero la extensión alcanzada en el mundo habla alas claras de su proyección progresista.

El cooperativismo tiene una trayectoria que lo ha puesto en el sitial de pionero, lo que se ha comprobado con la reciente investigación del Técnico Superior en Cooperativismo, Ricardo Bazán, lo que nos llena de orgullo a los paranaenses y a los entrerrianos. La primera cooperativa argentina nació en Paraná, y podría ser la primera de América Latina, por lo que sabemos hasta ahora. La primera agraria nació en Basavilvaso.

¿Cómo explicar, entonces, que en Paraná se intentó corregir con una SA el rumbo de una cooperativa? ¿Quién podría explicarlo sin sentir un cargo de conciencia por lo menos?

Bueno, el resultado está ala vista. Así no se hace.

Lo cierto es que también se pudo hacer bien, pero no se escuchó a quienes debieron ser escuchados. Hubo quienes alertaron sobre el indefectible fracaso.

“No lloremos sobre la leche derramada”, vaya metáfora que cabe perfectamente en esta experiencia. Bromas aparte, para corregir el error hay que tomar las cosas con la debida responsabilidad.

Ya los hechos demostraron la equivocación, sería oportuno reconsiderar lo actuado para retomar el rumbo cooperativista que no debió ser abandonado.

Los errores en economía no dañan a los que los cometen ( a veces hasta salen beneficiados) sino a la sociedad en su conjunto.

La industria láctea es una porción de la economía agraria. Merece un tratamiento como tal, lo que es responsabilidad del Estado.

Pedro Aguer

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