Con esta celebración, la Iglesia se encomienda, desde el primer día del año, a los cuidados maternales de María. La Virgen, quien tuvo la dicha de concebir, dar a luz y criar al Salvador de la humanidad, es aquella que protege a todos sus hijos en Cristo, los asiste y acompaña mientras peregrinan en este mundo.
Será llamada Theotokos, ‘Madre de Dios’
A continuación se presentan algunos datos que pueden ayudar a entender cómo es que desde los tiempos de la Iglesia primitiva se empieza a emplear el nombre Theotokos para hacer referencia a la Virgen María, y cómo desde los primeros siglos de la cristiandad los fieles se apropiaron de él y lo defendieron.
Lo primero que hay que señalar es que la celebración dedicada a “María, Madre de Dios” es la más antigua que se conoce en Occidente. En las catacumbas de la ciudad de Roma -los subterráneos que sirvieron de refugio a los cristianos perseguidos y donde estos se reunían para celebrar la Eucaristía- han sido halladas numerosas inscripciones y pinturas que dan cuenta de la antigüedad de esta celebración mariana.
Por otro lado, de acuerdo a un antiguo escrito del siglo III, los cristianos de Egipto también se dirigían a María como “Madre de Dios”, usando las siguientes palabras, hoy hechas oración: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh, siempre Virgen gloriosa y bendita”. Esta plegaria está recogida en la ‘Liturgia de las Horas’ y el ‘Oficio divino’ desde tiempos inmemoriales, dada su riqueza teológica y espiritual.
Para el siglo IV, el título de “Madre de Dios” ya estaba incorporado en la oración de los fieles y se usaba con frecuencia, tanto en la Iglesia de Oriente (con el griego Theotokos) como en la de Occidente (con el latín Mater Dei). Para entonces, era parte del sentir común de la cristiandad dirigirse a la Virgen María como “Madre de Dios”. Dicho en otras palabras, los cristianos habían hecho suya esa forma de reverenciar y honrar a la Virgen, considerando dicho trato como parte integral de su tradición e identidad.
María, elevada por encima de toda controversia
A pesar de la mencionada convicción de los fieles, en el siglo V, Nestorio, patriarca de Constantinopla, cuestionó que María pudiese ser llamada ‘Madre de Dios’, porque -a su modo de ver- no lo era realmente: “¿Entonces Dios tiene una madre? En consecuencia no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses”, sugería el patriarca de origen sirio.
Lo que quizás Nestorio (c. 386-c. 451) no logró avizorar, arrastrado por el error, fue que el cuestionamiento a la maternidad divina de María tenía implicancias cristológicas, es decir, no solo deshonraba a la Virgen María al poner en entredicho que fuese efectivamente madre de la “persona” de Cristo, uno y único; sino que su celo desmedido por “proteger” la divinidad del Señor le terminó jugando en contra: su postura hacía insostenible la integridad de Cristo, en el que se unen lo divino y lo humano de manera perfecta.
Claramente, Nestorio había incurrido en un gravísimo error que desembocó en los mares turbulentos de la herejía. El Patriarca de Constantinopla había introducido una separación -o más bien una ‘ruptura’- entre las dos naturalezas –divina y humana– presentes en Jesús. Para la Iglesia, María no podía ser solo “madre” de la humanidad de Cristo, y no serlo simultáneamente de su divinidad sin que quede escindido el ser más íntimo del Señor Jesús, Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Si se asumen los supuestos nestorianos se puede ir aún más lejos en el error y, con ello, distorsionar incluso toda comprensión de la obra salvífica, desde el hecho mismo de la Encarnación.
Concilio de Éfeso
Los obispos de aquel tiempo reunidos en el Concilio de Éfeso (año 431), afirmaron la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo; y declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”.
Aquel día, los padres conciliares, acompañados por el pueblo, realizaron una gran procesión por la ciudad, iluminada por cientos de antorchas encendidas, al canto de: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.
Desarrollos mariológicos del Magisterio reciente
San Juan Pablo II, en noviembre de 1996, señalaba lo siguiente: “La expresión Theotokos, que literalmente significa ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina”. Luego el santo pontífice añadía:
“El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz”.
Asimismo, el Santo Padre señalaba que la maternidad de María “no atañe a toda la Trinidad, sino únicamente a la segunda Persona, al Hijo, que, al encarnarse, tomó de ella la naturaleza humana”. Además, “una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra”, subrayaba San Juan Pablo II.
¡Intercede por nosotros, Madre Nuestra!
Para terminar, es importante recordar que María no es sólo Madre de Dios, sino que también es madre nuestra, porque así lo quiso Jesucristo, voluntad expresada en su testamento desde la cruz al apóstol Juan.
Por ello, pidámosle a María, al comenzar el nuevo año, que nos ayude a ser cada vez más como su Hijo, el Señor Jesús.

7 datos sobre la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
“Desde los tiempos más antiguos, la Santísima Virgen es venerada con el título de «Madre de Dios», a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades”, nos recuerda la primera de las Constituciones dogmáticas del Concilio Vaticano II, la Lumen gentium, n. 66.
A continuación ofrecemos 7 datos sobre la “Solemnidad de Santa María, Madre de Dios” que se celebra cada 1 de enero.
1. La Octava de Navidad concluye con esta Solemnidad
Con la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios termina la Octava de Navidad, es decir, el conjunto de ocho días, que se inicia el 25 de diciembre, día de Navidad, en los que la Iglesia Católica celebra el nacimiento de Jesús.
El Antiguo Testamento (Gén 17, 9-14) da cuenta de la alianza de Dios con Abraham y su descendencia, cuyo signo era la circuncisión de los niños varones, ocho días después de haber nacido. El Hijo de Dios fue circuncidado de acuerdo a lo prescrito en la ley judía y recibió el nombre que le fue anunciado a la Virgen María. “Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al Niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción” (Lc 2, 21).
2. María era llamada “Theotokos”, Madre de Dios, por los primeros cristianos
Los primeros cristianos solían llamar a la Virgen María “Theotokos”, que en griego significa “Madre de Dios”. Este título aparece inscrito en las catacumbas bajo la ciudad de Roma y en antiguos monumentos de países como Grecia, Turquía y Egipto.
Los obispos reunidos en el Concilio de Éfeso (431) -ciudad donde según la tradición la Virgen María pasó sus últimos años antes de ser asunta al cielo- declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”.
3. El título de “Madre de Dios” está registrado en las primeras oraciones cristianas
Una de las más antiguas oraciones que gozó de amplia difusión en los primeros siglos del cristianismo es aquella que conocemos con el nombre de “Bajo tu amparo”. El fragmento de un papiro encontrado en Egipto y que data aproximadamente del año 250 d.C. incluye la oración completa. La plegaria reza así: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡Oh Virgen gloriosa y bendita!”.
Aquellos eran tiempos en los que el imperio romano aún perseguía a los cristianos, quienes a través de esta oración pedían protección a Santa María. “Bajo tu amparo” es considerada la oración mariana más antigua.
4. El día de la Madre de Dios se celebra desde muy antiguo
La “Maternidad de María” es algo que la Iglesia celebró desde sus inicios. En el siglo V, en Bizancio, ya se celebraba la “memoria de la Madre de Dios” el 26 de diciembre, es decir, al día siguiente de la Navidad.
Poco a poco, esta celebración fue extendiéndose hasta que quedó incorporada a la liturgia romana dentro de la Octava de Navidad, y ya por el siglo VIII quedaron establecidos los antifonales para su conmemoración, aunque bajo el título de “Natale Sanctae Mariae” [Natalicio de Santa María], así como otras oraciones y responsorios con los que se honraba la divina maternidad de María.
5. La Iglesia celebra también la Jornada Mundial de la Paz
Con el tiempo, la memoria de la Madre de Dios fue desplazada por la conmemoración de la “Circuncisión del Señor”, aunque con un entendible y claro acento mariano. Es durante el siglo XX donde la Solemnidad que hoy celebramos tomará su forma definitiva.
En 1931 el Papa Pío XI restableció la celebración de María, Madre de Dios para el 11 de octubre, con ocasión del XV centenario del Concilio de Éfeso, y le dio una categoría equivalente a la Solemnidad actual. Años después, en esa fecha, el 11 de octubre de 1962, San Juan XXIII inauguraría el Concilio Vaticano II.
Con la reforma litúrgica de 1969, la “Maternidad de María” pasó a celebrarse el 1 de enero, día en que se inicia el calendario civil. Un año antes, en 1968, San Pablo VI había instituido la Jornada Mundial de la Paz para el primer día del año civil, de manera que hoy la Iglesia celebra juntas ambas efemérides.
6. La maternidad divina es el dogma mariano más importante
El dogma que señala a María como “Madre de Dios” es el principal y el más importante, y, por eso, todos los demás dogmas marianos encuentran su sentido en esta verdad de fe que la Iglesia defiende.
Los otros dogmas marianos son: la Inmaculada Concepción, la perpetua Virginidad y la Asunción (María fue llevada en cuerpo y alma al cielo).
Algo semejante puede decirse de los títulos marianos: todos cobran sentido a la luz de su excelsa maternidad. Decir que Ella es Madre de los hombres, Madre de la Iglesia, Abogada nuestra, Corredentora, Medianera de todas las gracias, Reina y Señora de todo lo creado, así como todas las alabanzas contenidas en las letanías del Santo Rosario, son menciones importantes y significativas porque María llevó a Jesús en su vientre inmaculado.
7. María dio su consentimiento para ser la Madre de Dios
Por último, hay un dato que es imposible soslayar: el “sí” de María, pronunciado como respuesta a los designios de Dios para ella, pertenece al más elevado rango de la libertad humana.
En noviembre de 1996 San Juan Pablo II explicaba esta verdad imprescindible: “La expresión ‘Madre de Dios’ nos dirige al Verbo de Dios, que en la Encarnación asumió la humildad de la condición humana para elevar al hombre a la filiación divina… Pero ese título, a la luz de la sublime dignidad concedida a la Virgen de Nazaret, proclama también la nobleza de la mujer y su altísima vocación. En efecto, Dios trata a María como persona libre y responsable y no realiza la encarnación de su Hijo sino después de haber obtenido su consentimiento” (Audiencia general, 27 de noviembre de 1996).
Fuente: ACI















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