Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 2,1-3a.14-17.
Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos,
que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.
Que nadie los engañe de ninguna manera. Porque antes tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el Ser condenado a la perdición,
El los llamó, por medio de nuestro Evangelio, para que posean la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta.
Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza,
los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.
Salmo 96(95),10.11-12a.12b-13.
Digan entre las naciones: «El Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»
Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.
Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.
Evangelio según San Mateo 23,23-26.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.
Amén
Hoy celebramos a San Luis de Francia; gobernante sabio, justo y prudente
San Luis de Francia (1214-1270) o Luis IX de Francia, conocido también como Ludovico, se distinguió por su espíritu de penitencia y oración, y por su amor por los pobres y débiles. Fue un gobernante sabio, justo y prudente.
Nació en Poissy, cerca de París, el 25 de abril en el año 1214. Era hijo de Luis VIII de Francia y de Blanca de Castilla. Fue contemporáneo de Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura.
Coronado a los 22 años, contrajo nupcias con Margarita de Provenza en 1227, con la que tuvo once hijos. Fue un esposo y padre ejemplar.
Luis IX se destacó por su amor a la Iglesia y el deseo de protegerla y extenderla. Fue así que decidió apoyar la construcción de monasterios y fortalecer las órdenes religiosas dentro de su reino.
Balduino II, último emperador latino de Constantinopla, se vio obligado a vender la “Corona de Espinas” -la que los soldados romanos habrían puesto en la cabeza de Jesús antes de la crucifixión-. La reliquia pasó por distintas manos hasta que fue recuperada por San Luis. El santo entonces mandó derribar la capilla de San Nicolás y construyó la “Saint Chapelle” en París para preservarla allí, junto a otras reliquias.
San Luis de Francia perteneció a la Orden Terciaria Franciscana. Fundó varios monasterios, entre ellos el de Royaumont, el convento de Maubuisson (con ayuda de su madre) y el hospital de ciegos Quinze-Vingts, más conocido como Los Trescientos.
Participó en dos cruzadas, cuyo objetivo era recuperar el Santo Sepulcro y frenar las invasiones musulmanas en la zona, pero estas no tuvieron éxito. Sin embargo, fue considerado como uno de los caballeros más valientes de la época.
En la primera cruzada cayó prisionero en Egipto pero fue liberado. Como no se pudo lograr el objetivo de recuperar los lugares santos, se organizó una segunda cruzada, durante la cual, Luis de Francia se enfermó de disentería, cerca de Cartago (norte de África), falleciendo el 25 de agosto de 1270, un día después de haber recibido los últimos sacramentos. Tenía 55 años.
Sus restos fueron trasladados a Francia y depositados en la iglesia de Saint- Denis, donde permanecieron hasta que fueron profanados durante la Revolución Francesa. Fue canonizado en 1297.















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