Dios en la Tierra

Hoy celebramos el Tercer Domingo de Adviento, “Domingo de Gaudete” 2023

El Tercer Domingo de Adviento lleva el nombre de “Domingo de Gaudete”, o ‘Domingo de la Alegría’. Se denomina así porque la tercera semana de Adviento parece despertar naturalmente una sensación de ‘cercanía’, de que el más grande acontecimiento está ‘pronto’ a suceder. Es esa experiencia del ‘falta poco’, por la que los corazones se animan porque el trecho mayor ya está recorrido. Y la liturgia recoge este sentir: la primera palabra que se dice en el introito de la Misa es precisamente Gaudete, es decir, “¡Regocíjense!”.

En la celebración eucarística del día, el sacerdote se reviste con una casulla de color rosa, signo de gozo, y la Iglesia invita a los fieles a profundizar en el deseo de conversión, porque el Señor ha de llegar y todo debe estar bien dispuesto. De manera coincidente, tanto en los templos como en los hogares se enciende la tercera vela de la corona de Adviento, la única vela rosada.

El color rosa -asociado a la belleza y a la serena alegría- produce un contraste en la liturgia, en la que ha venido primando el violeta (morado) como signo de austeridad (actitud propia de las semanas de preparación para la Navidad). El color violeta ha de volver para el cuarto domingo de Adviento. En ese sentido, el rosa podría entenderse como un “ya, pero todavía no”, muy propicio para renovar esfuerzos o tomar aliento en el camino de conversión personal.

La lectura del Evangelio nos transmite esa sensación de cercanía cuando escuchamos a Juan el Bautista, ‘voz que clama en el desierto’. Es él el llamado a allanar el camino del Salvador.

Lectura del Evangelio del Tercer Domingo de Adviento según San Juan:
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.

Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba. (Jn 1, 6-8. 19-28)

Domingos de “Gaudete” y “Laetare”

Hay dos domingos en el año en los que el celebrante (sacerdote) puede usar el color rosa en sus ornamentos. Estos son el cuarto domingo de Cuaresma (laetare) y el tercer domingo de Adviento (gaudete) debido a que, ambos tiempos litúrgicos constituyen momentos de “espera” de alrededor de cuatro semanas. En la tercera semana correspondiente, la liturgia llama a recordar con alegría la proximidad de la Pascua de Resurrección, o de la Navidad, según sea el caso.

7 datos que quizás no conoces sobre el Domingo de Gaudete

¿Por qué el Tercer Domingo de Adviento se conoce como “Domingo de Gaudete”? Este artículo

Aquí los 7 datos que todo católico debe conocer sobre el Domingo de Gaudete.

1. El nombre “Gaudete” proviene de una palabra en latín de la Biblia

Su nombre se toma de la antífona de entrada de la Misa, que es: “Regocíjense en el Señor siempre. Y otra vez les digo, ¡regocíjense! Que la gentileza de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca”.

Esta es una cita de Filipenses 4: 4-5, y en latín, la primera palabra de la antífona es gaudete, que significa “regocija”.

2. “Regocijarse” es importante antes de la llegada de la Navidad

El Adviento es la temporada de preparación para la llegada del Señor, y al llegar al Tercer Domingo de Adviento, la mayor parte del camino ya ha sido recorrido. Por lo tanto, es apropiado regocijarse al ver que se acerca la meta de la temporada: “El Señor está cerca”.

3. El color litúrgico del Domingo de Gaudete es preferentemente el rosado

El color litúrgico correspondiente a este domingo es el color violeta o rosado. Sin embargo, no es obligatorio su uso, por lo que con cierta frecuencia se continúa vistiendo el color general del Tiempo de Adviento, el color morado.

4. La primera lectura de este domingo narra una profecía

La primera lectura es Isaías 35: 1-6a, 10, que se abre con una profecía de que la región desértica se regocijará, cantará y florecerá con abundantes flores, porque “se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios”.

Luego contiene una exhortación a la fuerza y ​​el coraje: “¡Ánimo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, Él vendrá y os salvará. Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo”.

Y concluye: “Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!”.

Esta profecía utiliza imágenes de la naturaleza para transmitir la sensación de alegría que experimentaría el pueblo judío al regresar del exilio. Esto es lo que se quiere decir cuando describe que el desierto cantará y se cubrirá de flores que “vean la gloria del Señor”.

El texto representa la venida de Dios para salvar a su pueblo después de su exilio, e insta a tener paciencia hasta que llegue; y habla de un Dios obrando milagros entre su pueblo, como la curación de ciegos, sordos, cojos y mudos. También se promete que traerá de vuelta a los que ha rescatado y les dará gozo eterno, del cual huirán el dolor y el lamento.

Llevado al ámbito cristológico, este pasaje señala el gozo de aquellos que Dios redime de sus pecados a través de Jesús, y la liberación y la paz espiritual que Él proporciona. Contiene elementos que apuntan hacia el primer advenimiento de Cristo, cuando realizó milagros como curar a ciegos, sordos, cojos y mudos; y contiene elementos que apuntan a la consumación final que ocurrirá con su segunda venida.

5. El Salmo responsorial contiene una serie de alabanzas

El salmo responsorial del Domingo de Gaudete es el salmo 146: 6-10, que contiene una serie de alabanzas a Dios, destacando las cosas buenas que hace: Él mantiene la fe para siempre, asegura la justicia para los oprimidos, da de comer a los hambrientos, libera a los cautivos, dar la vista a los ciegos, etc.

El salmo da voz a los fieles que adoran a Dios por sus maravillas, incluidos los milagros, como la restauración de la vista a los ciegos. Este milagro también se menciona en la tercera lectura, y vuelve a ser significativo en la lectura del Evangelio.

A nivel cristológico, apunta al reino eterno del Hijo, que ha sido inaugurado con la primera venida y que se consumará en la segunda venida.

6. La segunda lectura es una exhortación a ser pacientes hasta la venida del Señor

La segunda lectura del Domingo de Gaudete es Santiago 5: 7-10, que contiene una exhortación a ser pacientes hasta la venida del Señor. Aquí se compara la paciencia que debe tener el lector con la de un agricultor, que debe esperar hasta que su cosecha “reciba las lluvias tempranas y tardías”.

Al igual que en el salmo, Santiago exhorta a tener fuerza y ​​valor porque “la venida del Señor está cerca”. También les dice que no se quejen el uno del otro, para que no sean juzgados. Finalmente, les dice que el Juez está delante de las puertas y que deben seguir a los profetas como ejemplo de dificultad y paciencia.

7. El Evangelio consta de dos partes muy marcadas

La lectura del Evangelio es Mateo 11: 2-11 y consta de dos partes. En la primera, Juan el Bautista, que está en prisión, envía mensajeros a Jesús para preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos buscar a otro?”. Jesús responde diciéndoles que le cuenten a Juan lo que han visto: los ciegos recobran la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva.

Él añade: “¡Y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!”.

En la segunda parte de la lectura, mientras los mensajeros se preparan para partir, Jesús rinde homenaje a Juan el Bautista al hacerle a la multitud una serie de preguntas retóricas sobre por qué salieron al desierto para ver a Juan cuando estaba ministrando.

Jesús afirma que ellos salieron a ver a un profeta, “y más que a un profeta”. “Este es de quien está escrito: he aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino”, dijo Cristo, declarando que era un profeta genuino, y aún más que eso, era el mensajero profetizado en Malaquías.

Y agregó: “En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él”.

En este contexto, el Reino de los Cielos se entiende en su manifestación terrena como la Iglesia, en la era cristiana, que Juan no vivió para ver.

Traducido y adaptado por ACI Prensa. Publicado originalmente en National Catholic Register.
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