por Pedro Aguer para Mundo Rural
Ya los ensayos han superado la capacidad de espera. Los problemas económicos marchan sin cesar y los economistas intentan tener razón, todos.
Los niveles de inflación no dejan que las posibilidades de los trabajadores despeguen de una buena vez para que reine la tranquilidad en los hogares.
Los aconteceres vinculados con la salud y la educación dejan mucho que desear.
Los salarios no acompañan el desarrollo familiar.
Sigue habiendo muchos pobres en un país cuya naturaleza es una de las más privilegiadas. No haría falta aclarar que estamos hablando del nuestro.
Tenemos tierra de sobra para cultivar y para que quienes la trabajen sean sus propietarios naturales.
Podríamos llevar adelante una política social agraria ejemplar.
Pero, pareciera que poner los ojos en el cooperativismo da mucho trabajo y se lo propone de manera deficiente con fines electorales.
El movimiento cooperativo está ocupado peleando por posicionamientos en el mercado con la firme decisión de no ceder más espacio.
Sin embargo se transforman indebidamente cooperativas en SA. Luego las acciones estatales son vendidas. El proyecto original queda en la retranca y el proyecto futuro de la entidad pasa a depender de los nuevos accionistas.
Así las cosas, es evidente que necesitamos realizar una autocrítica para fortalecer mediante el diálogo, lo que aún tenemos, que por cierto es mucho, pero las nuevas cooperativas deben ser tenidas en mayor sentido de responsabilidad.
En primer lugar no deben nacer por iniciativa del Estado sino a partir de necesidades reales, como mil veces lo hemos señalado. Los nuevos cooperativistas deben entender que en el cooperativismo, primero cooperadores y después cooperativas. Que se necesita un compromiso muy profundo con la solidaridad y que hay que prepararse para organizarla.
El cooperativismo puesto en marcha de acuerdo a los principios doctrinarios y con la participación irrestricta de los asociados puede desenvolverse eficientemente.
Se pueden solucionar problemas de toda índole: servicios públicos, educacionales, laborales, de vivienda, culturales, de transporte en sus diversas alternativas… Nada existe que no pueda ser encarado cooperativamente, con verdadera inclusión social.
Podemos enfrentar todo tipo de crisis mediante la acción solidaria administrada democráticamente, equitativa e igualitariamente.
Es de esto de lo que deberían ocuparse más quienes aspiran a ejercer funciones políticas, en lugar de seguir perdiendo tiempo en la coyuntura electoral.
Se requiere sensibilidad en serio por lo que le pasa a la sociedad en su conjunto.
Adquirir conocimientos básicos de lo que es el cooperativismo y de lo que se requiere para ser cooperativista. Al cooperativismo llevarlo a la acción política pero no llevar el partidismo político a la acción cooperativa.
No es muy difícil, sólo hace falta tener vocación de servicio a la comunidad.
Es sí urgente que recapacitemos sobre esto, porque de lo contrario vamos a tener ejemplos a granel sobre la adquisición de nuestras fuentes de trabajo en manos extranjeras de carácter monopólico, echando a la suerte de nuestros trabajadores a que decidan sobre ella terceros, con un único propósito: el lucro; en lugar de que los trabajadores sean dueños de su propio destino, preparándose adecuadamente para asumir el cooperativismo como vía de realización laboral, cultural y social.
El cooperativismo es antimonopólico por naturaleza, de esto también tendrían que tomar conocimiento asociados y dirigentes que aunque estén en las cooperativas no son cooperativistas. Tendrían, si no están de acuerdo con la doctrina de la solidaridad, que dedicarse a otro tipo de empresas, para no dañar las bondades de este extraordinario modelo de desarrollo social sustentable.
Es imprescindible que los asociados participen en las asambleas. Es en éstas donde se puede impedir que actúen quienes maliciosamente corroen los cimientos de la cooperativa desde adentro. Es en las asambleas donde se practica el poder de la democracia a pleno, donde se toman las decisiones importantes, por ejemplo, en ninguna asamblea de cooperativistas se votaría a favor de que una cooperativa deje de serlo para convertirse en una SA. y a esto deberían saberlo quienes pretendan gobernar para el pueblo.
Si bien no hay que llorar sobre la leche derramada hay que prepararse para evitar ser sorprendidos con medidas inconvenientes para el destino de la Patria.
Pedro Aguer














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