Dios en la Tierra

Hoy el santoral recuerda a San Adrián

05 Marzo. Sábado después de Ceniza. El santoral recuerda a San Adrián (s. III). Evangelio de hoy.

Libro de Isaías 58,9b-14.

Así habla el Señor:
Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna;
si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.
El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.
Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán “Reparador de brechas”, “Restaurador de moradas en ruinas”.
Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado “Delicioso” y al día santo del Señor “Honorable”; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente,
entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.

Salmo 86(85),1-2.3-4.5-6.

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,
porque soy pobre y miserable;
protégeme, porque soy uno de tus fieles,
salva a tu servidor que en ti confía.

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,
porque te invoco todo el día;
reconforta el ánimo de tu servidor,
porque a ti, Señor, elevo mi alma.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica!

Evangelio según San Lucas 5,27-32.

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”.
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?”.
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Hoy celebramos a San Adrián, el soldado romano que se convirtió viendo la fe de los cristianos

Hoy, 5 de marzo, la Iglesia celebra a San Adrián, mártir, víctima de la última y más terrible de las persecuciones padecidas por los primeros cristianos, promovida por el emperador Diocleciano.

Perseguidor

San Adrián, cuyo nombre romano fue Adriano de Nicomedia, nació en Constantinopla (Imperio romano de Oriente) a finales del siglo III. Se cree que fue hijo del césar Marco Aurelio Probo y, como muchos jóvenes pertenecientes a la nobleza, integró el ejército imperial. Adriano fue parte de la guardia del emperador Galerio y antes de su conversión fue un perseguidor de cristianos.

La sangre de los mártires

En una ocasión, en cumplimiento de su función, Adriano tuvo que presenciar el juicio de veintidós cristianos, quienes serían condenados a ser torturados y ejecutados. La serenidad, la paz y el valor con los que estos afrontaron el dolor y la muerte produjeron un impacto tremendo en el corazón del joven soldado, que tras esa experiencia decidió convertirse al cristianismo. Bautizado, Adriano contrajo matrimonio con Santa Natalia.

Lo que vino a continuación en la vida de este santo estuvo marcado por la caridad y libertad. No obstante, sabemos que aquellas virtudes se perfeccionaron también en la prueba: Adriano sería denunciado por su fe y sometido a terribles tormentos después de ser apresado junto a algunos compañeros, con los que viajaba a Cesarea. A él le tocó comparecer ante el gobernador de Palestina, Firmiliano, quien lo mandó azotar con garfios de hierro, para después arrojarlo a las fieras; claro está, si es que rechazaba su fe. Como Adrián no aceptó el ofrecimiento, solo podía esperarle la muerte.

Al lado de su esposa

Al final, San Adrián fue decapitado. Su ejecución se produjo alrededor del año 306, en la antigua ciudad de Nicomedia, reino de Bitinia (actual Turquía). Su esposa, Santa Natalia lo acompañó en la hora de la prueba, dándole ánimo y consuelo.

En algunos lugares su fiesta se celebra el 8 de septiembre, día que corresponde al traslado de sus restos a lo que se conocía como la antigua iglesia de San Adriano del Foro, en Roma (Italia).

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