Dios en la Tierra

Hoy el santoral recuerda a San Agustín de Canterbury

Jueves de la octava semana del Tiempo Ordinario. El santoral recuerda a San Agustìn de Cantorbery y a San Julio Doróstoro.

Libro de Eclesiástico 42,15-26.

Ahora voy a recordar las obras del Señor, lo que yo he visto, lo voy a relatar: por las palabras del Señor existen sus obras.
El sol resplandeciente contempla todas las cosas, y la obra del Señor está llena de su gloria.
No ha sido posible a los santos del Señor relatar todas sus maravillas, las que el Señor todopoderoso estableció sólidamente para que el universo quedara afirmado en su gloria.
El sondea el abismo y el corazón, y penetra en sus secretos designios, porque el Altísimo posee todo el conocimiento y observa los signos de los tiempos.
El anuncia el pasado y el futuro, y revela las huellas de las cosas ocultas:
ningún pensamiento se le escapa, ninguna palabra se le oculta.
El dispuso ordenadamente las grandes obras de su sabiduría, porque existe desde siempre y para siempre; nada ha sido añadido, nada ha sido quitado, y él no tuvo necesidad de ningún consejero.
¡Qué deseables son todas sus obras! Y lo que vemos es apenas una chispa!
Todo tiene vida y permanece para siempre, y todo obedece a un fin determinado.
Todas las cosas van en pareja, una frente a otra, y él no ha hecho nada incompleto:
una cosa asegura el bien de la otra. ¿Quién se saciará de ver su gloria?

Salmo 33(32),2-3.4-5.6-7.8-9.

Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
entonen para él un canto nuevo,
toquen con arte, profiriendo aclamaciones.

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.

La palabra del Señor hizo el cielo,
y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales;
él encierra en un cántaro las aguas del mar
y pone en un depósito las olas del océano.

Que toda la tierra tema al Señor,
y tiemblen ante él los habitantes del mundo;
porque él lo dijo, y el mundo existió,
él dio una orden, y todo subsiste.

Evangelio según San Marcos 10,46-52.

Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino.
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”.
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”.
Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: “¡Animo, levántate! El te llama”.
Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.
Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. El le respondió: “Maestro, que yo pueda ver”.
Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

Hoy es la fiesta de San Agustín de Canterbury, el apóstol de Inglaterra

San Agustín de Canterbury fue un monje de la Orden de San Benito, el primer Arzobispo de Canterbury en Inglaterra, uno de los padres de la Iglesia latina y de los más grandes evangelizadores europeos junto a San Patricio de Irlanda y San Bonifacio en Alemania.

Se desconoce la fecha de su nacimiento pero se sabe que falleció el 26 de mayo del 604. El inicio de su vida apostólica y misionera fue en el 597, cuando salió de Roma por orden del Papa San Gregorio Magno para evangelizar Gran Bretaña acompañado de 39 monjes.

Desde la época apostólica Gran Bretaña había sido evangelizada, no obstante, esta patria recayó en el paganismo tras la invasión sajona en el siglo V y VI.

A pesar de esta situación, el rey Etelberto de Kent (sudeste de la Inglaterra medieval) –quien posteriormente se convertiría al catolicismo y llegaría a ser santo- permitió la llegada y la evangelización de los misioneros benedictinos, pese a ser pagano. El hecho de que su esposa fuese una princesa cristiana influyó sin lugar a dudas.

Antes de que los misioneros llegaran al pueblo de Thanet, en Kent, y fueran inmediatamente recibidos por Etelberto, el Papa San Gregorio Magno ya había nombrado abad y designado como Obispo a Agustín.

Tras el encuentro, el rey les concedió permiso para predicar en todo el pueblo y les entregó la iglesia de San Martín para que pudiesen celebrar la Misa y otras liturgias. Desde ese momento las conversiones empezaron a multiplicarse, y pronto el rey y su corte fueron bautizados en Pentecostés del año 597.

La evidente sinceridad de los misioneros, su sencillez de intención, su fortaleza a toda prueba, y, sobre todo, el carácter desinteresado del mismo Agustín acompañado de su doctrina, causaron una profunda impresión en la mente del rey.

Agustín envió a dos de sus mejores monjes a Roma a contarle al Sumo Pontífice lo acontecido. El Papa en respuesta lo nombró Arzobispo de Canterbury y al mismo tiempo lo amonestó paternalmente para que no se enorgulleciera por los éxitos alcanzados ni por el honor del alto cargo que se le confería.

Siguiendo las indicaciones del Papa para la repartición en territorios eclesiásticos, Agustín erigió otras sedes episcopales, la de Londres y la de Rochester, consagrando obispos a Melito y a Justo.

Después de haber trabajado por varios años con todas sus fuerzas por convertir al cristianismo el mayor número posible de ingleses, San Agustín de Canterbury murió el 26 de mayo del año 604.

WhatsApp chat