Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?”.
Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre”.
El hombre le respondió: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud”.
Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”.
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”.
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: “Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”.
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”.
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible”.
Amén y ¡ adelante !
Hoy es fiesta de San Germán de París, “padre de los pobres”
San Germán de Paris fue Obispo de París (Francia) en el siglo VI y es recordado por su amor a los pobres, a tal punto que sus monjes se rebelaron contra él temiendo que regalara todo lo que tenían.
El Martirologio Romano cita 11 santos bajo el nombre ‘Germán’, que surge del latín y significa “hermano”.
Por la información histórica que se conserva, especialmente de su amigo y Obispo, San Venancio Fortunato De Poitiers, se asegura que fue un hombre que obró muchos milagros.
Es recordado por convertir al catolicismo al rey franco Childeberto I y exhortarlo a erradicar las prácticas paganas que aún existían en Galia y prohibir los excesos que se llevaban a cabo en la mayoría de las celebraciones cristianas de la época.
Nació en el 496 cerca de Autun (Francia) y fue abandonado de niño por sus padres, teniendo una infancia desprovista de afecto familiar. Fue criado y acompañado por un pariente suyo que era sacerdote.
Inclinado a la vida religiosa, Germán ingresó en el monasterio de San Sinforiano de Autun y se hizo monje siguiendo la Regla de San Basilio. Fue tanta su dedicación y observancia religiosa que fue elegido abad.
En el año 555 murió el obispo de París, y era tal el prestigio de la caridad de Germán, que el clero y el pueblo quisieron que ocupara él la sede vacante, a lo que accedió gustoso el rey Childeberto I.
Como pastor perseveró predicando y evangelizando pueblos semipaganos, defendió la doctrina y extendió la cristianización de las costumbres. También asistió al tercer y cuarto Concilio de París, y al segundo Concilio de Tours en el 566.
Llevó una vida austera y de penitencia, y falleció casi a los 80 años el 28 de mayo del 576. Muchos franceses lo veneran como patrono de la gran metrópoli de Paris.
El santo fue sepultado en la capilla de San Sinforiano -mandada a construir por Childeberto I- en el templo de San Vicente, pero en el 754 sus reliquias fueron reubicadas en el edificio principal del templo, en presencia de Pipino el Breve y de su hijo Carlomagno, que entonces era un niño de siete años.
Desde ese momento, el templo se convirtió en la Abadía de Saint-Germain-des-Prés, pues cerca de este templo se construyó un monasterio.















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