Dios en la Tierra

Hoy es la fiesta de San Esteban

16 de Agosto de 2020. 20° Domingo del Tiempo Ordinario. Audio con la reflexión del Padre Alfredo Nicola.

Libro de Isaías
56, 1. 6 – 7.

Así habla el Señor: Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia.
Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos.

Salmo 67 (66), 2 – 3. 5. 6. 8.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.

Carta de san Pablo a los Romanos
11, 13 – 15. 29 – 32.

A ustedes, que son de origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos.
Porque si la exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será un retorno a la vida?
Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.
En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia.
De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia.
Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.

Evangelio según san Mateo
15, 21 – 28.

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”.
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”.
Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”.
Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”.
Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”.
Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡ qué grande es tu fe ! ¡Que se cumpla tu deseo!”. Y en ese momento su hija quedó curada.

Propósitos

Dos motores de acción, uno hacia afuera y otro hacia adentro… hacia afuera tendríamos que ver quiénes son esos “extranjeros” a quien no aceptamos como propios: pobres, borrachos, drogadictos, prostitutas, etc y ver cómo podemos incluirlos en nuestro apostolado de servicio. Y hacia adentro podríamos ver cómo llevamos a Cristo a los demás, hacer un acto concreto de acercar a alguien a Dios.
¡Buena siembra!

P. Alfredo Nicola
(Argentina)

Hoy es la fiesta de San Esteban I, rey de Hungría y de una familia santa

San Esteban nació en lo que hoy es Hungría al finalizar el siglo X, siendo hijo del príncipe Géza y de la reina Sarolta. Cuando nació lo llamaron Vajk y al ser bautizado lo nombraron Esteban, esto se produjo después que la familia real húngara abrazara el cristianismo por supervivencia política.

Esteban, siendo joven, aprendió latín de manos de San Adalberto y recibió educación cristiana. Contrajo matrimonio con la Beata Gisela de Baviera, hermana del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, San Enrique II. A la muerte de su padre, le sucede en el trono y se convirtió en rey.

El pueblo estaba acostumbrado a adorar varios dioses, pero esto no lo desanimó en su trabajo de evangelización y fue obteniendo conversiones con la dedicación a su pueblo y el ejemplo de vida.

Esteban recurrió al Papa Silvestre II para que Occidente reconociera su reino y el Pontífice envió a San Anastasio, discípulo de San Adalberto, para que lo corone. Asimismo organizó la vida política y religiosa de la nación, construyó iglesias y monasterios.

Entre sus cercanos colaboradores estaban los monjes benedictinos, orden de la que procedían los primeros obispos del nuevo reino como San Anastasio, San Beszteréd, San Buldo, San Gerardo Sagredo, San Beneta, el Beato Sebastián de Esztergom, entre otros.

San Esteban con su hijo, San Emerico, defendió a su pueblo del ataque de las tropas de Conrado II, que buscaba someter al reino. Un año más tarde su hijo murió.

Con la ayuda de Dios logró que mucha se convirtiera. Partió a la Casa del Padre el 15 de agosto de 1038 y fue sepultado en la Basílica de Székesfehérvár, que él mismo había hecho construir y que llegó a ser una de las mayores basílicas de Europa.

El santo rey de Hungría fue canonizado por el Papa San Gregorio VII en 1083 y su fiesta se celebra cada 16 de agosto. San Esteban también es reconocido como santo por los ortodoxos.

Los 5 consejos de San Esteban de Hungría que ayudaron a su hijo a ser santo también

San Esteban fue rey de Hungría y esposo de la Beata Gisela de Baviera, y vivió entre fines del siglo X y el siglo XI. Del amor de los dos nació San Emerico, a quien el monarca dio los siguientes consejos para convertirse en un buen gobernante y un hombre santo.

Aquí los compartimos y esperamos que sirvan de inspiración a los padres de familia para criar a sus hijos.

1.- Conservar la fe

“En primer lugar, te ordeno, te aconsejo, te recomiendo, hijo amadísimo, si deseas honrar la corona real, que conserves la fe católica y apostólica con tal diligencia y desvelo que sirvas de ejemplo a todos los súbditos que Dios te ha dado, y que todos los varones eclesiásticos puedan con razón llamarte hombre de auténtica vida cristiana, sin la cual ten por cierto que no mereces el nombre de cristiano o de hijo de la Iglesia”.

2.- El don de la vigilancia y protección

“En el palacio real, después de la fe ocupa el segundo lugar la Iglesia, plantada primero por Cristo, nuestra cabeza, transplantada luego y firmemente edificada por sus miembros, los apóstoles y los santos padres, y difundida por todo el orbe. Y, aunque continuamente engendra nuevos hijos, en ciertos lugares ya es considerada como antigua”.

“En nuestro reino, hijo amadísimo, debe considerarse aún joven y reciente, y, por esto, necesita una especial vigilancia y protección; que este don, que la divina clemencia nos ha concedido sin merecerlo, no llegue a ser destruido o aniquilado por tu desidia, por tu pereza o por tu negligencia”.

3.- El mismo trato con todos

“Hijo mío amantísimo, dulzura de mi corazón, esperanza de una descendencia futura, te ruego, te mando que siempre y en toda ocasión, apoyado en tus buenos sentimientos, seas benigno no sólo con los hombres de alcurnia o con los jefes, los ricos y los del país, sino también con los extranjeros y con todos los que recurran a ti. Porque el fruto de esta benignidad será la máxima felicidad para ti”.

4.- Compasivo y misericordioso

“Sé compasivo con todos los que sufren injustamente, recordando siempre en lo íntimo del corazón aquella máxima del Señor: Misericordia quiero y no sacrificios. Sé paciente con todos, con los poderosos y con los que no lo son”.

5.- Fuerte y honesto

“Sé, finalmente, fuerte; que no te ensoberbezca la prosperidad ni te desanime la adversidad. Sé también humilde, para que Dios te ensalce, ahora y en el futuro. Sé moderado, y no te excedas en el castigo o la condena. Sé manso, sin oponerte nunca a la justicia. Sé honesto, de manera que nunca seas para nadie, voluntariamente, motivo de vergüenza. Sé púdico, evitando la pestilencia de la liviandad como un aguijón de muerte”.

“Todas estas cosas que te he indicado someramente son las que componen la corona real; sin ellas nadie es capaz de reinar en este mundo ni de llegar al reino eterno”.

 

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