Dios en la Tierra

Hoy es la fiesta de San Sofronio de Jerusalén

Fuente: ACI
11 Marzo. Jueves de la tercera semana de Cuaresma. El santoral recuerda a San Sofronio de Jerusalén y a San Vicente León.

Libro de Jeremías 7,23-28.

Así habla el Señor:
Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien.
Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante.
Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día.
Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres.
Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán.
Entonces les dirás: “Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca”.

Salmo 95(94),1-2.6-7.8-9.

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor!

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.»

Evangelio según San Lucas 11,14-23.

Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: “Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios”.
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Amén

Hoy es la fiesta de San Sofronio de Jerusalén

San Sofronio de Jerusalén fue un monje de origen sirio que llegó a ocupar el cargo de Patriarca de Jerusalén entre los años 634 al 638. San Sofronio fue un gran teólogo -uno de los más grandes del siglo VII- quien tuvo que enfrentar la herejía monotelita, posición según la cual en Cristo hay dos naturalezas, la humana y la divina, pero una única voluntad.

Durante su patriarcado, los cristianos de Jerusalén tuvieron cierta libertad de culto y podían acceder sin mayores dificultades a los lugares santos, pese a que la ciudad estaba en mano de los árabes.

San Sofronio nació en Damasco alrededor del año 550, en el seno de una familia cristiana. De joven fue un brillante profesor de retórica y por ello se ganó el apelativo de “el sofista”. En esos tiempos, tal denominación no poseía necesariamente la carga negativa que hoy posee. Era simplemente una referencia a su capacidad persuasiva o de convencimiento.

Cuando alcanzó la madurez, descubrió el llamado de Dios a una vida de entrega espiritual, de manera que Sofronio ingresó como monje en el monasterio de San Teodosio, cerca de Jerusalén. Años después, como monje, realizó un viaje a Alejandría, donde conoció al asceta San Juan Moschou (Juan Mosco, “el abstemio”) .

Prontamente se convirtió en su discípulo y juntos peregrinaron a través de los territorios de la actual Siria, Palestina, Egipto hasta arribar a Roma.

Después de la muerte de San Juan Moschou, en Roma, San Sofronio volvió a Jerusalén donde comenzó a enfrentar a los monotelitas, siendo el primero que se dio cuenta del peligro que suponía esa doctrina herética.

Sofronio fue elegido Patriarca de Jerusalén en el año 634, dedicando su primer discurso ante la asamblea a rechazar enérgicamente la enseñanza monotelita. Aquel texto, por la calidad y contundencia de los argumentos, fue enviado a modo de carta al Papa Honorio. Lamentablemente la asimilación de las enseñanzas de Sofronio tomó mucho tiempo y no se produciría hasta décadas después.

En el discurso de Sofronio se incluyeron numerosas y pertinentes referencias a las fuentes patrísticas y a la Escritura, que contribuyeron a consolidar la tesis de las dos naturalezas presentes en Cristo y las nefastas consecuencias de aceptar el monotelismo. El punto de las dos voluntades y las dos naturalezas llegaría a ser esclarecido de manera definitiva en el Concilio de Constantinopla III (680-681).

El patriarca Sofronio participó activamente en la lucha por la defensa de Jerusalén contra los musulmanes, pero se vio forzado a mediar las condiciones de la rendición de la Ciudad Santa con los conquistadores árabes, cuando esta fue tomada por Omar en el año 637.

San Sofronio tuvo éxito en la obtención de determinados derechos civiles y religiosos para los cristianos, pero a cambio tuvo que aceptar la imposición de un tributo anual.

San Sofronio murió el 11 de marzo del año 638. (Fuente: ACI)

 

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