Dios en la Tierra

Hoy se conmemora a Santa Eufrasia, Virgen eremita

Fuente:ACI
13 Marzo. Viernes de la segunda semana de Cuaresma .

Libro de Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28.

Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de la vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas.
Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.
Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre.
Entonces Israel dijo a José: “Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos”.
José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.
Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte.
“Ahí viene ese soñador”, se dijeron unos a otros.
“¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!”.
Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: “No atentemos contra su vida”.
Y agregó: “No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él”. En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo.
Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica – la túnica de mangas largas que llevaba puesta – ,
lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía.
Luego se sentaron a comer. De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.
Entonces Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre?
En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne”. Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.
Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto.

Salmo 105(104),16-17.18-19.20-21.

Él provocó una gran sequía en el país
y agotó todas las provisiones.
Pero antes envió a un hombre,
a José, que fue vendido como esclavo.

Le ataron los pies con grillos
y el hierro oprimió su garganta,
hasta que se cumplió lo que él predijo,
y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey ordenó que lo soltaran,
el soberano de pueblos lo puso en libertad;
lo nombró señor de su palacio
y administrador de todos sus bienes,

Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46.

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”.
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”.
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

Hoy se conmemora a Santa Eufrasia, Virgen eremita

Santa Eufrasia vivió en el siglo IV y fue hija de un pariente del emperador romano Teodosio I. Según la tradición provenía de una familia noble y por ello fue tentada recurrentemente por el demonio a llevar una vida de opulencia.

También fue atacada por satanás mientras trabajaba o ayunaba, pero siempre continuó con sus sacrificios para que sean agradables a Dios. Fue así que recibió el don de hacer milagros y echar malos espíritus. Sanó muchos enfermos y poseídos: como a un niño que no podía andar o a una monja poseída que le hacía la vida imposible.

Cuando Eufrasia tenía un 1 año falleció su padre y fue criada bajo la protección del emperador Teodosio I, quien se encargó de cuidar tanto a ella como a su madre. Al cumplir los 5 años el emperador la comprometió en matrimonio con el hijo de un rico senador romano para cuando tuviera edad suficiente.

A los 7 años Eufrasia viajó junto a su madre a Egipto donde conocieron a eremitas y monjes de la Tebaida. Empezaron a visitar el monasterio de Santa María, fundado por San Cirilo de Alejandría y Santa Sara y se hicieron amigas de las monjas del lugar.

La pequeña Eufrasia se sintió atraída fuertemente hacia la vida religiosa eremita y rogó a las monjas que le permitieran permanecer con ellas, tomando los hábitos como novicia a la edad de 8 años. Pronto su madre falleció, y la santa permaneció en la soledad del convento creciendo en gracia.

Cuando la muchacha cumplió los doce, el Emperador Arcadio recordó la promesa que había hecho su predecesor Teodosio I y envió un mensaje al convento de Egipto rogando a Eufrasia que regresara a casarse con el senador a quien había prometido.

La santa se negó a abandonar el convento y escribió una carta al emperador suplicando que la dejara en libertad, que vendiese todos los bienes heredados de sus padres para que sean distribuidos entre los pobres así como dejar libres a todos los esclavos de su casa.

El emperador accedió a los deseos de Eufrasia pese a considerar que su herencia debía pertenecerle. La joven prosiguió con su vida en el convento atravesando diversas tentaciones que combatió con la gracia, caridad e invocando el nombre de Cristo.

Cuando la santa alcanzo los 30 años la abadesa del convento, Sara, tuvo una visión en la que un Cristo glorioso tomaba a Eufrasia por esposa en el paraíso.

Al poco tiempo Santa Eufrasia enfermó de fiebres, y en su lecho de muerte, tanto Julia su compañera de celda y la abadesa le imploraron a la santa que le obtuviera la gracia de estar con ella en el cielo. Tres días después de la muerte de Eufrasia, Julia falleció y poco tiempo después, lo hizo la abadesa. La fiesta de Santa Eufrasia se celebra el 13 de marzo.

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