Dios en la Tierra

Hoy se conmemora a Santa María Francisca de las 5 llagas

21 Marzo. Sábado de la tercera semana de Cuaresma.

Libro de Oseas 6,1-6.

«Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas.
Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia.
Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra».
¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa.
Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz.
Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Salmo 51(50),3-4.18-19.20-21ab.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás los sacrificios rituales
-las oblaciones y los holocaustos-.

Evangelio según San Lucas 18,9-14.

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
“Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.

Hoy se conmemora a Santa María Francisca de las 5 llagas

El nombre religioso de Anna María Gallo es Santa María Francisca de las 5 llagas porque le aparecieron las heridas de Jesús en el cuerpo. Hoy sus restos permanecen incorruptos como el de varios otros santos de la Iglesia Católica.

Nació en Nápoles (Italia), y se le recuerda además, por haber tenido el don de la profecía y haber intecedido desde el cielo para que su barrio italiano quedara intacto ante los bombardeos que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial.

De niña su padre la obligaba a trabajar en exceso en un taller de hilados, mientras que su madre, una mujer piadosa, le leía libros sobre la fe y la llevaba a orar a la iglesia de Santa Lucía de la Cruz.

Prontamente el párroco, admirado de su piedad y conocimiento del catecismo, le permitió que realice la Primera Comunión a los 8 años y que al año siguiente catequice a varios niños.

Cuando cumplió 16 años su padre decidió comprometerla en matrimonio con un joven rico que había pedido su mano, pero María Francisca le dijo que le había prometido a Dios permanecer soltera y virgen para dedicarse a la vida espiritual y a ayudar a salvar almas.

El papá estalló en cólera y le dio violentos azotes. La encerró en una habitación a pan y agua por varios días y ella aprovechó el encierro para a orar, meditar y hacer penitencia.

La mamá logró que un sacerdote franciscano convenciera al papá de María Francisca para que la dejara en libertad y decida su futuro.

El 8 de septiembre de 1731 recibió el hábito de terciaria franciscana y siguió viviendo en su casa pero como si fuera religiosa. Frecuentemente mientras estaba en oración entraba en éxtasis. La Virgen se le aparecía y le traía mensajes.

Tras la muerte de su madre, la Santa decidió abandonar su hogar y mudarse a una casa rural donde permaneció los últimos 38 años de su vida, siempre en constante oración, penitencia y sufrimiento que los ofrecía por las almas del purgatorio y la conversión de los pecadores. Es allí donde recibiría los estigmas de Cristo.

Tras una serie de enfermedades y el deterioro de su salud, falleció santamente el 6 de octubre 1791.

Fue declarada venerable por Pío VII el 18 de mayo de 1803, beata por Gregorio XVI el 12 de noviembre de 1843 y santa por Pío IX el 29 de junio de 1867.

Tanta es su devoción en Nápoles que en 1901 fue declarada copatrona de la ciudad, junto a San Genaro.

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